Autor: López de la Torre, Salvador. 
 ABC en Bruselas. 
 Reunión del grupo de trabajo "España" para estudiar los problemas industriales de nuestro futuro acuerdo con el Mercado Común  :   
 Los expertos admitieron que el mercurio español no fuese declarado en excepción por la Comunidad. 
 ABC.    16/03/1969.  Página: 25-26. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

ABC. DOMINGO 16 DE MARZO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 25.

ABC EN BRUSELAS

REUNIÓN DEL GRUPO DE TRABAJO «ESPAÑA» PARA ESTUDIAR LOS PROBLEMAS

INDUSTRIALES DE NUESTRO FUTURO ACUERDO CON EL MERCADO COMÚN

Los expertos admitieron que el mercurio español no fuese declarado en excepción por la Comunidad

Bruselas 15. (Crónica telefónica de nuestro redactor, enviado especial.) La reunión del grupo de expertos

dedicados al estudio del asunto de España, pertenecientes a las representaciones de los seis países miem-

bros del Mercado Común, se desarrolló ayer durante todo el día, en dos sesiones muy largas de mañana y

de tarde, donde los seis componentes del grupo continuaron el análisis del informe de la Comisión del 15

de octubre, base material de su trabajo. Los expertos ya habían realizado un primer repaso necesariamente

superficial del Informe de la Comisión durante sus anteriores reuniones, comenzando ayer la segunda

lectura, mucho más minuciosa, del documento. Y aunque todos estos trámites puedan causar cierta

irritación en los impacientes, no quiere decir que el Mercado Común vaya a revolucionar por eso sus

habituales sistemas de trabajó, que son, ciertamente, muy lentos, quizá porque no haya otra solución que

andar despacio.

Ningún temía del Mercado Común puede plantearse de modo aislado, porque es evidente que todos

guardan entre sí una cierta relación que condiciona el avance de cada uno en función de lo que pasa con

los demást Un ejemplo aclarará esta cuestión. El acuerdo parcial de asociación con Marruecos y Túnez ha

permitido que las naranjas españolas, las turcas y las israelíes reciban ciertas ventajas aduaneras que

compensaban las ofrecidas a los dos países norteafricanos, y así la negociación con marroquíes y

tunecinos nos ha servido a nosotros, puesto que las naranjas españolas recibirán ciertos beneficios,

mientras posiblemente la oferta que nos hagan para nuestros tomates haya tenido a su vez alguna

influencia sobre la suerte de los mogrebíes. Las relaciones de los seis países miembros del Mercado

Común con todos los aspirantes a establecer algún tipo de vinculación con Europa se encadenan

mutuamente y no sería posible arreglar aisladamente el caso de España o el de Túnez, olvidando todas las

demás negociaciones, que marchan condicionadas por una cierta armonía general. Esto explica la lenta

marcha del caso de España, exactamente igual que la de Israel, porque todos los procesos deben

conducirse más o menos paralelamente.

Los expertos dedicaron sus horas al estudio del capítulo industrial de nuestro posible acuerdo, a la vista

de la recomendación hecha por la Comisión de ampliar las rebajas aduaneras para los productos

industriales españoles previstas en el mandato de julio hasta un 70 por 100, en lugar del 60 que se

consideró en principio. Como existía, evidentemente, una diferencia importante entre la cifra avanzada

por los ministros y la que la Comisión propone ahora, después de haber negociado con los españoles, y a

la vista de las contrapropuestas presentadas por nosotros, hacía falta que los representantes de los países

miembros estudiasen si era razonable la propuesta de ampliación de la Comisión, recomendando un

mayor desarme aduanero del Mercado Común frente a las exportaciones españolas de productos

industriales.

Una de las Delegaciones aceptó de antemano la propuesta de la Comisión, manifestando su acuerdo con

elevar del 60 al 70 el porcentaje de rebaja, y otra Delegación pareció unirse a la postura de la primera

representación, mientras las cuatro restantes, sin hacer grandes objeciones, al principio, se reservaron

momentáneamente su respuesta. Todo esto es natural, porque el proceso se mueve todavía en sus

escalones más bajos y hará falta bastante tiempo antes de que las actitudes se manifiesten con toda

nitidez, aunque los españoles tengamos derecho a pensar que, en fin de cuentas, la rebaja del 70 por 100

de los derechos de Aduana comunitarios para nuestros productos industriales puede considerarse como

muy verosímilmente adquiridos y que incluso podría mejorarse en un pequeño porcentaje, cuando llegue

la hora de la decisión, si es que mientras tanto nosotros hemos accedido a otras nuevas demandas

europeas.

Problema más complicado parece el de la consolidación del 80 por 100 de loa productos industriales, que

nosotros tenemos actualmente liberados, que a los europeos les parece escasa y querrían ver aumentada

por lo menos hasta el nivel donde realmente se sitúa en la actualidad nuestro porcentaje de liberalización,

que es aproximadamente del 85 por 100. Es decir, un cinco por ciento más alto del que nosotros

ofrecemos como base del cálculo, para conceder a los productos industriales europeos determinarlas

ventajas aduaneras que, como es sabido, se clasifican en cuatro grupos de creciente desarme arancelario.

Como los españoles nos comprometeríamos a mantener la lista de productos consolidados prácticamente

sin tocar, salvo en casos de excepcional gravedad y sólo durante períodos de tiempo limitados, se

comprende que los países del Mercado Común pretendan que la lista de artículos que puedan vender en

España en condiciones preferenciales y digamos "garantizada", sea lo más amplia posible, reduciendo el

margen de maniobra que los españoles nos hemos reservado para disminuir o suprimir en su interior las

ventajas que ofrecemos a los comunitarios. Para ellos el ideal sería que España mantuviese el porcentaje

actualmente liberalizado sin recortar ese 85 por 100—ellos hablan siempre de un 88—, cuyo comercio no

está sometido en la actualidad a ninguna traba administrativa, pero también es lógico que nosotros

procuremos poner ciertos amortiguadores a las sacudidas que podría tener nuestro comercio exterior una

vez que comience la experiencia del acuerdo con el Mercado Común.

Prácticamente todas las delegaciones estuvieron de acuerdo en reclamar durante la segunda fase de

negociaciones esta ampliación del 80 por 100 consolidado ofrecida oor nosotros llevándola al nivel más

alto posible. Aquí se puede adivinar una dura batalla para nuestros negociadores, que harían muy mal

aceptar ningún compromiso capaz de recortar aún más nuestra ya difícil maniobra de adaptación. El 80

por 100 consolidado de liberalización es más que suficiente cuando se enfrentan dos situaciones

económicas tan asimétricas como las del Mercado Común y tle España. Una Delegación manifestó su

deseo de cambiar las famosas y secretas listas de productos industriales europeos, beneficiarlos ds rebajas

aduaneras españolas, trasladando determinados artículos de grupo.

Sobre las restricciones cuantitativas el criterio de todas las Delegaciones fue pedir mayor liberalidad por

nuestra parte y también en este sactor será difícil aue España puede conceder mucho más de lo que ha

ofrecido, aunque en último término exista aquí un cierto campo de actuación para nuestros negociadores

posiblemente mayor del que nos ofrecía el caso anterior.

Estudiaron después los delegados la lista de excepciones, y en ese estudio podemos decir que se ha

avanzado de manera satisfactoria para España. El mercurio, incluido en la lista de excepciones totales, se

ha visto que no merecía la pena sostenerlo en tan rígida postura, puesto que los precios habituales de la

bombona -1? mercurio corrientemente practicados en el mercado internacional, son casi el doble del

precio mínimo que las Aduanas de algunos países miembros consideran como punto desencadenante de

un pago de derechos específicos—el mercurio no tiene derechos "ad valorem"—, con lo cual este

producto por el que España tiene justificado interés, pasaría a ser amparado por un sistema de cláusulas

de salvaguardia, si los precios descendían catastróficamente, sacándolo de la lista de excepciones del

Mercado Común, es decir, de los productos españoles que no recibirían ningún beneficio en el acuerdo.

Ya esto es una buena noticia.

En cambio, los textiles e hilos de algodón, Incluidos en la lista de excepciones comunitarias—posiciones

5505 y 5509—, parece que no abandonarán su puesto y que nuestras telas de algodón quedarán al margen

de los beneficios que la Comunidad podría conceder a otra clase de textiles, si es que por fin la larga lista

de excepciones de este sector que los países comunitarios—y en especial Francia—ha incluido en el

mandato, no se recorta conforme avancen los expertos en su debate. El corcho, que también figura en las

excepciones, parece que seguirá en el mismo sitio, excluyendo a nuestras exportaciones de cualquier

rebaja. Los expertos decidieron reunirse el próximo día 18 de abril para continuar sus estudios y no

parece erae el clima de las deliberaciones sea malo ni que imprevistas complicaciones puedan retrasar el

acuerdo definitivo.—Salvador LÓPEZ DE LA TORRE,

 

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