Un organismo que nos está esperando. 
 El Mercado (del sentido) Común     
 
 Madrid.    03/05/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

UN ORGANISMO QUE NOS ESTA ESPERANDO

El Mercado (del sentido) Común

Resumiendo: También hemos superado a la Yugoslavia de Tito

Ignoro si algún día nos abrirán las puertas del dichoso Mercado Común. Pero en tanto llega ese momento,

no estaría de más que pidiéramos el ingreso, coa la mayor urgencia posible, en otro organismo

internacional menos conocido que aquél, pero cuya importancia no es, ni mucho menos, menor: el

Mercado del Sentido Común.

Caso de que nos aceptasen, cosa que no parece difícil, nuestras obligaciones serían mínimas y nuestro

prestigio—huelga decirlo— grande.

Política

Como su nombre indica, a los países integrantes del Mercado del Sentido Común nc se les exige en

términos generales otro requisito que el de poseer sentido común en las manifestaciones de su vida

colectiva.

Por ejemplo, que el interés por la política nacional prime sobre el interés por la política internacional y,

por supuesto, que el interés por la política, nacional o internacional, sea superior al interés despertado por

asuntos accesorios o marginales, como el fútbol o cualquier otro espectáculo.

Después de todo, un partido de fútbol, aunque sea internacional, muere en sí mismo y no tiene más

trascendencia que la que refleje el marcador. Si hoy se pierde, en otra ocasión se puede ganar, y la cosa no

pasa tíe ahí, o no debiera pasar.

Otro tanto cabría decir—a guisa de ejemplo—de los Festivales de la Canción, aun en el caso de que se

trate de certámenes de la relativa importancia que puede revestir un Festival de Eurovisión.

Un triunfo en un Festival de ese tipo significa, ni más ni menos, que el país ganador ha tenido el acierto

de presentar una canción que el Jurado ha estimado superior en calidad a las canciones presentadas por

los demás concursantes.

Lo que equivale a decir que, en el terreno de la canción ligera, el pais o los países ganadores han vencido

a los demás participantes.

Victoria pirrica, puesto que sólo se trata de canción ligera. Como el más mínimo sentido común indica,

valdría más en todos los órdenes una victoria eurovisiva en un concurso de orquestas sinfónicas, por

ejemplo.

Lo equivocado es interpretar un triunfo en un Festival de canciones como un triunfo en el terreno de las

instituciones políticas, en el terreno de la producción de acero, en el terreno del nivel de vida, en el

terreno de la difusión de la cultura.

Un país puede derrotar a otro en un certamen de cancioncillas, pero ser infinitamente inferior a él en

industria automovilística, pongamos por caso.

Pero todo esto lo sabe de sobra nuestro pueblo. No creo que en este aspecto tuviéramos dificultad alguna

para ingresar en el Mercado del Sentido Común.

Chovinismo

País que se considera ombligo del mundo, ¡malo! De momento estoy convencido de que se quedará sin

entrar en el M. S. C.

A escala de pueblos, no hay peor cosa que el chovinismo. Afortunadamente, entre nosotros no se da este

mal. Aquí se afirma a voz en grito que somos los más macanudos del planeta, pero eso no es chovinismo.

Es una verdad. Sin estrujarnos excesivamente el cerebro, he aquí una lista de cosas de las que carecen casi

por completo todos los demás países: del sol, de la fiesta nacional, de Urtain, del Real Madrid (baloncesto

y fútbol), de la alegría, de las bellas mujeres, del cielo siempre azul (salvo, ¡claro!, cuando está nublado),

d e desfiles procesionales, d e Cervantes, de Pemán, del flamenco, de la paella, del piropo, de la

generación del 98, del botijo...

La lista sería interminable. Con lo expuesto basta para demostrar que entre nosotros no hay chovinismo,

sino legítimo orgullo. Si somos los más grandes, ¿qué le vamos a hacer?

El chovinismo que cierra la entrada en el Mercado del Sentido Común es otra cosa distinta, muy fácil de

identificar: desprecio hacia los demás pueblos, total ignorancia de lo que ocurre en ellos, autosatisfacción

d e s m e surada e injustificada, odio a ciertos países, aire de superioridad hacia el Extranjero, sentimiento

de pertenecer a una raza elegida, xenofobia, chulería con los suizos...

Y lo demás

No teniendo reproche alguno que hacernos en lo que se refiere a los anteriores apartados, yo creo que

podemos pedir sin demora el ingreso en el Mercado del Sentido Común. Los demás requisitos, tales como

considerar más eficaz y más justa la democracia que la dactilocracia, carecen en realidad de importancia.

En todo caso no serían obstáculo serio para que entrásemos con la cabeza bien alta por las puertas del M.

S. C. Y mientras llega o no llega nuestra aceptación en el otro Mercado, en el de los aranceles, ¿por qué

no tocar el timbre en este otro Mercado, que parece a todas luces tan accesible?

 

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