Autor: López de la Torre, Salvador. 
 ABC en Bruselas. 
 Las condiciones del posible vínculo comercial entre el Mercado Común y España pueden considerarse como realistas y satisfactorias  :   
 La C. E. E. Entra en una fase de transformaciones que modificarán todas sus relaciones internacionales. 
 ABC.    18/05/1969.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

A B C. DOMINGO 18 DE MATO DE 1869. EDICIÓN BE LA MAÑANA. PAG. 27.

A B C EN BRUSELAS

LAS CONDICIONES DEL POSIBLE VINCULO COMERCIAL ENTRE EL MERCADO COMUN Y

ESPAÑA PUEDEN CONSIDERARSE COMO REALISTAS Y SATISFACTORIAS

La C. E. E. entra en una fase de transformaciones que modificarán todas sus relaciones internacionales

Bruselas 17. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) Podríamos los españoles caer en la

tentación de continuar nuestro forcejeo negociador con el Mercado Común, producto por producto, con la

pretensión ele ampliar los artículos ya incluidos o por lo menos prometidos en nuestro Acuerdo comercial

preferencial, pero yo creo que cometeríamos un grave error dejándonos llevar por un perfeccionismo que

retrasase la firma de un Acuerdo que llega ya, vamos a ser claros, con bastante retraso, y al que amenazan

todas las incertidumbres que flotan actualmente sobre el destino general de la Comunidad.

El proyecto de Acuerdo en su fórmula actual tiene indudablemente defectos, de los cuales somos, en

cierta parte, responsables nosotros mismos por el afán de presentar en Bruselas una propuesta demasiado

generosa y que verdaderamente no hubiese hecho falta adornar con tantos atractivos para haber

conseguido lo mismo. Pero «na vez que nos decidimos por la generosidad y teniendo en cuenta la

favorable evolución económica de España que nos permitirá cada vez soportar con menos dolores la

concurrencia exterior, parece lo más conveniente para toctos liquidar las negociaciones lo antes posible,

por muchos motivos que convendrá repasar con detenimiento.

En prisner lugar porque la lentitud con que se ha desarrollado nuestra negociación y los acuerdos que la

Comunidad va pactando con otros países mediterráneos, permite tener una idea muy aproximada de los

límites "posibles" del Acuerdo dentro de las realidades del Mercado Común y de España. Ampliar las

listas actuales para añadir nuevos productos a los que ya figuran tácitamente en el proyecto del Acuerdo

reclamaría una negociación desproporcionada con los beneficios reales que obtuviésemos de ella en el

caso muy improbable de ganarla. Se ha hablado ya tanto y han pasado tal cantidad de años desde que

iniciamos nuestro proceso de acercamiento al Mercado Común que todo el mundo sabe de sobra lo que

puede y no puede conceder. Digamos que la negociación ha alcanzado ya su tope de elasticidad.

Pero es que, además, la Comunidad se encuentra ante una etapa de cambios que comenzarán

forzosamente en. los próximos meses o años, confiriendo un carácter enteramente precario a cualquier

acuerdo negociado ahora en los últimos momentos de un Mercado Común que tendrá, con toda

probabilidad, que modificar su naturaleza para adaptarse a las nuevas situaciones, mucho más abiertas y

dinámicas, que permitirán a Europa seguir su construcción una vez desaparecido el general De Gaulle,

agente paralizador oficial de toda edificación continental. Empeñarnos en afinar hasta el último detalle

nuestro acuerdo, colocándolo en una perspectiva de remoto futuro como si estuviésemos negociando para

la eternidad, puede ser un sistema como otro cualquiera de perder el tiempo cuando se tiene la razonable

certeza de que Europa estará obligada a modificar sus estructuras de aquí a un par de años.

La crisis abierta por la salida del general De Gaulle no trastornará como un terremoto la organización

actúa! del Mercado Común, y nadie vuede pensar que Inglaterra ocupará mañana mismo esa séntima silla

gue el general tenía bajo siete llaves; pero también es evidente que, de una manera o de otra, los ingleses

esíableeei-án por lo menos una negociación con el Mercado Común que se extenslerá durante a!?ún

tiempo, pero oue será canaz de modificar por el mero hecho de haber comenzado todos los tipos de

relaciones internacionales establecidos por el Mercado Común que hemos conocido hasta aquí, replegado

sobre sí mismo y prácticamente hermético. No es tanto el ingreso de Inglaterra, que de ninguna manera

será inmediato, sino la apertura de negociaciones entre los que solicitaban el ingreso la que modificará las

leyes que hasta ahora regían las relaciones del Mercado Común con los países con quienes ha establecido

vínculos de algún orden.

Nuestro Acuerdo está previsto por una duración de seis años, que debemos empezar a contar a partir del

próximo, es decir, que ahora estamos regulando nuestra relación con el Mercado Común hasta 1976, y es

absolutamente impensable «ue antes de dicha fecha, la. Comunidad Económica Europea no haya

establecido un sistema tle nuevo entendimiento entre los miembros del actual Mercado Común y los

restantes países europeos, y en ese gran acuerdo, a escala continental, nosotros tendríamos, lógicamente y

con un derecho que seriamente no nos discute nadie, nuestro sitio.

Si el acuerdó previsto entre el Mercado Común y nosotros incluye prácticamente a toda la industria—

salvo las inevitables excepciones—y un 65 o un 70 por 100 de nuestras exportaciones agrícolas en

variables condiciones de preferencia aduanera, y entre ellas las fundamentales, naranjas y el aceite de

oliva, nodemos admitir que en tales condiciones España ha obtenido casi todo lo que necesitaba en su

actual estado de desarrolló económico y de sus posibilidades de resistencia ante la competencia exterior.

Por eso parece que el único conseja razonable en estos momentos, y viendo la realidad de Europa tal y

como es, sería el de no perder más tiempo. El de no perder un minuto. — Salvador LÓPEZ DE LA

TORRE,

 

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