La disciplina o el abismo     
 
 Diario 16.    06/06/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La disciplina o el abismo

Desde este periódico, desde esta misma columna, nunca se han regateado palabras y argumentos para exigir responsabilidades a los miembros de las Fuerzas de Orden Público que se extralimitan en el ejercicio de sus funciones. No va a ser menos en el caso de la joven ecologista Gladis del Estal, muerta el domingo en Tudela durante una manifestación. Investíguense hasta el fondo los hechos, y si existen responsabilidades, que se agoten los recursos para ejercerlas contra quienes correspondan.

Eso es, a nuestro juicio, y al de cualquier juicio no acalorado por la confusión o el oportunismo, el ejercicio de la democracia. La democracia es, ante todo, una cuestión de procedimiento, de forma. Y cuidar el exacto cumplimiento de este procedimiento, de esta forma, es deber inexcusable de cualquier partido o individuo que se proclame demócrata. Lo que de ninguna manera se puede ser es demócrata para unas cosas y no para otras, en función de las conveniencias de cada momento y de las necesidades más o menos coyunturales de engancharse al carro de la oportunidad y de la línea de menor resistencia. Y esto parece estar ocurriendo con las consecuencias de la muerte de la infortunada muchacha.

El País Vasco estuvo ayer prácticamente paralizado; hubo barricadas y enfrentamientos en las más importantes ciudades vascas; Pamplona se convirtió prácticamente en una ciudad en estado de sitio. Y todo esto fue aceptado, e incluso promovido, no sólo por Herri Batasuna, cosa que sería perfectamente lógica, sino también por fuerzas políticas que aceptan y participan —creemos que sin reservas, porque en ello les va la vida- el actual sistema democrático parlamentario. No lo entendemos.

¿Que hay justificada indignación por la muerte de Gladis del Estal? Nadie en su sano juicio lo pondrá en duda. Pero de ahí a cooperar a que esta justificada indignación se canalice en luchas callejeras hay un paso que hoy por hoy ninguna fuerza política democrática —si posee sentido de la supervivencia— se puede permitir el lujo de dar.

Insistimos en la cuestión de la disciplina. Al parecer, ronda por ahí el fácil argumento de que el contenido de esta palabra es un asunto que sólo concierne a quienes corporativamente han aceptado asumirla: Ejército y FOP. Y que a los demás, gente de a pie, ciudadanos, no nos concierne. Falso, rotundamente falso. Al día siguiente de la muerte de la joven ecologista, dos guardias civiles cayeron acribillados en Canillas. Dos más. ¿Qué dirían las fuerzas políticas que activa o pasivamente han enconado los sucesos del País Vasco si a los miembros de las FOP se les dejara expresar en la calle, y se les alentara a ello, su justificada indignación? Sin comentarios.

Es deber primordial de las fuerzas de la democracia -de todas sin excepción— no convertir sus solemnes proclamaciones de colaboración en la política estatal —repetimos: estatal— de erradicación del terrorismo y la inseguridad ciudadana, no convertir esta tarea vital en papel mojado cada vez que una víctima de la situación se produce, sea cual sea esta víctima, su color, su uniforme, su ideología. Es literalmente indecente capitalizar cadáveres, y más aún en la espinosa situación española, que cada día se parece más a un callejón sin salida, a un suicidio colectivo de la democracia.

Por todo ello consideramos insensata la actitud de partidos y sindicales en los acontecimientos de ayer en el País Vasco. Canalicen ustedes, señores, esa justificada indignación por las vías que la democracia establece para ello. Pero no saquen sus gentes a la calle, cuando el asfalto quema y ustedes, los capitalizadores directos o indirectos de los sucesos, llevados de la lógica suicida de no desengancharse de un carro orientado hacia el abismo, corren el riesgo de estrellar el proyecto más limpio de convivencia que los españoles hemos tenido a lo largo de un siglo.

 

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