"Anti-vasquismo"     
 
 ABC.    03/07/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

«ANTI-VASQUISMO»

Se quejan algunos dirigentes vascos de un vago sentimiento colectivo que empieza a instalarse en el corazón de muchos españoles. Se trata da algo que podría definirse como una honda desilusión, una decepcionada actitud, una dolorida sorpresa. Todo lo que al país vasco se refiere —agentes, costumbres, paisajes— se nos apareció siempre como ungido de una gracia especial. Las tierras de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa y sus moradores se adornaban a nuestros ojos con una luz distinta. Ninguna región española —aparte quizá de la soleada y mágica Andalucía— sumaba tantos atractivos para el forastero. La estancia veraniega en las ciudades vascongadas era una distinción, un privilegio de los más afortunados.

¿De quién es la culpa si una corriente de disgusto y de miedo empaña hoy aquella alegre y limpia imagen? Duele y separa ya toda la sangre vertida en nombre de unos polémicos derechos históricos, en nombre de unas diferencias de raza y de lengua que nunca fueron obstáculo insalvable, que encajaban sin dificultad en e! entendimiento de castellanos y aragoneses, de extremeños y murcianos. Nadie se opuso nunca a qua los vascos disfrutaran de aquellos prilegios compatibles con una esencial vinculación al destino y al nombre de España. Lo que entristece es comprobé que algunos vascos monopolizan la vo, de su pueblo para negar airadamente es vinculación, para quemar y pisotear lo símbolos que la - representan. Lo qu ofende es saber que aquellas provincia repudian a sus hermanas y se niegan Integrarse en la síntesis armoniosa qu nos define como nación.

A este periódico llegan muchas cartel de lectores que enjuician el problema en distintos tonos.

Unas pulsan la cuerda melancólica y grave del desencanta Otras, el agudo registro de la indignación. Alguna de ellas enumera, las medidas pacíficas, civiles, con que el resto de los españoles podríamos respond* a esa repulsa del país vasco, a e: «¡fuera!» con que un sector recha nuestras instituciones, nuestra Policía nuestra bandera.

No mencionamos aquí estas sugestiones como una posibilidad ni mucho menos como una amenaza. Si las mencionamos es únicamente para establecer hasta qué punto va calando en la conciencia popular la agresiva actitud de! separatismo, hasta qué punto empieza a ser realidad ese sentimiento «anti-vasco« a que nos referíamos a! comienzo de este comentario. Porque para que esta triste palabra, «anti-vasquismo», empiece a circular libremente entre nosotros fue preciso que algunos vascos —sólo algunos, queremos creer— hayan escrito con sangre otra palabra más triste todavía «anti-españolismo».

 

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