Autor: Burguera, Francisco de Paula. 
   Agradecer los servicios prestados     
 
   16/10/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Agradecer los servicios prestados

Por FRANCISCO DE P. BURGUERA

Las últimas noticias que nos llegan de los países miembros de la Comunidad Económica Europea no son

demasiado halagüeños para el país valenciano. Parece ser que nuestras naranjas van a encontrarse con

ciertas dificultades en la presente campaña. La reducción arancelaria del 40 por 100 que nos había

concedido la Comunidad encuentra serias dificultades de ser aceptada por el G. A. T. T. Por otra parte,

medidas aisladas de los Gobiernos componentes del Mercado Común pueden echar al traste los beneficios

de aquella reducción. Ante esta situación, ¿qué ayuda va a recibir la naranja española de la Administra-

ción?

Estamos oyendo por todas partes que es necesario exportar. Estamos todos convencidos de ello. Se pide

con insistencia que los últimos y escandalosos "af-faires" no impidan la continuación de la ayuda que

nuestra exportación necesitad De acuerdo. Pero ¿a quién va a ir destinada esa ayuda? ¿Por qué la misma

ha de ser aplicada tan sólo a los productos industriales y no a los agrícolas?

Ayuda discriminada

AYUDAS a la exportación, sí. Pero para aquellos productos que efectivamente tengan un mercado en el

Extranjero con posibilidades reales. El aumento de las exportaciones no depende tanto de los créditos y

ayudas que a las mismas se concedan como de la demanda que en el Extranjero exista de nuestros

productos. Y para que esa demanda exista no hay más remedio que ofrecer productos de calidad y a

precios competitivos. De donde se deduce que la solución hay que buscarla, en primer lugar, en las

estructuras productivas. La ayuda ha de ser destinada a aquellos productos que efectivamente se

encuentren en condiciones de hallar una demanda internacional. Y, naturalmente, no limitarla a los

productos industriales. ¿Por qué no van a tener la ayuda precisa aquellos productos agrícolas cuya

demanda en el Extranjero esté acreditada a lo largo de muchos años y que por circunstancias ajenas a

ellos mismos puedan encontrarse en la actualidad con dificultades, ya sean de tipo arancelario, de

aumento de la competencia, de acuerdos preferenciales a terceros, etc.?

La naranja valenciana está acostumbrada a salir al mercado internacional a pecho descubierto. No ha

necesitado de arropamientos con algodones financieros como otros productos, que han precisado salir al

exterior bien abrigados. Por eso tampoco ha corrido el peligro de estos últimos de coger un resfriado y

acatarrarse cuando esas cobijas desaparecen y los vientos comerciales azotan de uno y otro lado. Tal vez

sea porque la naranja contiene vitamina C, que, por lo visto, combate muy bien los enfriamientos. Tal

vez. Pero así ha ocurrido. De aquí que la naranja esté acostumbrada a luchar comercialmente en mercados

libres, clarificados, en competencia con otras frutas, sin cláusulas ni cortapisas.

Últimamente esto no ha sido así y cada vez más nuestra naranja se va encontrando con una situación de

inferioridad no por culpa propia, sino debido a las normas y reglamentos que se van imponiendo en esos

mercados a los que ella acude. Europa se está organizando. Europa va caminando por el camino que se

trazó hace años. Y nuestra naranja, que siempre se ha considerado europea, quisiera entrar también en esa

organización de Europa, formar parte de ella. Sólo que no está en sus manos conseguirlo. Para integrarse

en esa Comunidad ha de hacerlo conjuntamente con otros productos hermanos suyos. Y como éstos son

los que tienen influencias—ella, la pobre, no pasa de ser una provinciana cualquiera— y por lo visto no

tienen excesiva prisa, pues estos productos están débiles de salud y se constipan fácilmente, la integración

se retrasa una y otra vez y no se ve el futuro demasiado claro.

Valencia y la exportación

BUENO, he dicho hermanos, y más bien podría decirse que son hijos suyos, pues ella fue la que,

esforzándose y trabajando en los años difíciles, consiguió las divisas necesarias para que ellos nacieran.

Hoy, muchos de esos productos a los que se les conceden esos "andarines" crediticios para que aprendan a

caminar por los mercados internacionales nacieron gracias a la naranja. ¿No habría forma de que, ahora

que la madre necesita ayuda, se acudiese a socorrerla? Pero a socorrerla con medidas efectivas, no con

consejos. Consejos ya ha recibido muchos. No se trata de sacarse de la manga flamantes "teorías" para

"aleccionar" a los exportadores naranjeros acerca de lo que deben o no deben hacer, como se ha hecho

otras veces. Quédense quietos, por ahora, nuestros capacitados técnicos en su burocracia. Más consejos,

no. En Valencia se espera algo más concreto, más,´digamos, tangible, más eficiente. No precisamente una

o dos decenas de miles de millones de pesetas. Sino algo más modesto. Algunos céntimos, alguna

desgravación, alguna ayuda que pueda corregir las medidas que se están tomando en Europa y que nos

perjudican.

Ya sabemos que hoy nuestras naranjas no tienen la importancia que tenían en los años cincuenta como

suministradoras de divisas, cuando a las veinticuatro horas de haberse producido una helada se

congregaban los más altos cargos de la Administración para conocer los daños efectivos, puesto que de

los mismos dependían muchas importaciones necesarias. Hoy las cosas han cambiado. El que las naranjas

se exporten en mejores o peores condiciones no preocupa como antes. Ahora tenemos las divisas del

turismo. Y las de los emigrantes.

Una agricultura rentable

PERO siquiera por mantener en condiciones mínimas de rentabilidad la agricultura hortofrutícola valdría

la pena hacer el esfuerzo de buscar la ayuda necesaria. En primer lugar, para poder decir y proclamar que

no todas nuestras agriculturas son un desastre. Y en segundo lugar porque ¿qué justificación iban a tener

las grandes inversiones que se están realizando para crear la que va. a ser maravillosa "huerta de Europa"?

¿Qué íbamos a hacer con tantos productos hortofrutícolas como van a salir de la misma si antes de

ponerla en marcha los productos actuales, con mercados acreditados, empiezan a tener dificultades? ¿No

será mayor el problema cuando la producción de los mismos se haya multiplicado?

Es el caso que queremos ser muchas cosas: la "huerta de Europa", la reserva espiritual de Europa, e

incluso hay algunos que no pierden la esperanza de exportar ideologías y sistemas al otro lado de los

Pirineos. Hasta se ha llegado a vaticinar una futura colaboración entre los grandes líderes_ políticos

europeos y nuestros líderes asociacionistas. Todo esto está muy bien, pero no pasa de ser una optimista

declaración de propósitos. Si lo queremos de verdad no tenemos más remedio que ponernos en todo a

nivel europeo. De lo contrario continuaremos haciendo declaraciones platónicas de europeísmo. Pero sin

pasar de ahí.

Europeísmo de verdad

Y en el país valenciano, al menos, no estamos para platonismos. Nuestro europeísmo no es solamente

mental—que sí lo es—, sino vital. Somos Europa. Estamos conectados con ella y no podemos perder esa

conexión, porque sería mortal para nosotros. Tenemos ín ella gran cantidad de trabajadores emigrantes. Y

tenemos aquí muchos más trabajadores, y agricultores, y comerciantes, y empresarios cuya actividad

depende de que Europa exista o no como cliente. Y no es solamente la naranja. Son otros productos

agrícolas. Y son los muebles, y las cerámicas, y los juguéis, y los zapatos, etc. Aunque la naranja ocupe el

primer puesto. Por eso Valencia pasa el invierno pendiente de lo que sucede en Europa. Una huelga de

ferro, carriles o estibadores; una buena o mala cosecha de frutas de invierno en aquellos países; los

resultados de las subastas; una medida de gobierno; la temperatura; el estado del tiempo.

Nuestros comerciantes, nuestros agricultores, viven pendientes diariamente de todos estos incidentes. En

la zona naranjera, en almacenes y despachos, incluso en los casinos y círculos de sus pueblos, se espera

con mayor avidez las noticias de lo que ha pasado por la mañana en Hamburgo, en París o en Rotterdam

que lo que ha sucedido en Madrid. Incluso las familias de los trabajadores no pierden el contacto con

Europa, donde trabajan los hijos, las hijas o el marido. Son muchas estas familias. Sólo así se concibe que

pueblos como Sueca y otros que a su alrededor forman la ribera del Jucar cuenten con una línea regular de

autobuses que los une diariamente con París. Sí. Diariamente, todos los días; es decir, cuotidianamente,

circulan autobuses en uno y otro sentido, enlazando París de la Francia con la ribera del Júcar.

Valencia necesita de Europa. Su integración en la misma es vital para su naranja. Si esa integración no es

posible por causas ajenas a este producto y ello empieza a crearle dificultades en su exportación, ¿sería

excesivo pedir que se acuda en su ayuda para que pueda continuar con comodidad su presencia en los

mercados tradicionales? Si no hubiese razones de mayor peso, bastaría la de agradecerle los servicios

prestados. Motivo utilizado entre nosotros con bastan.te frecuencia.

 

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