Autor: Carrascal, M.. 
 Declaraciones para ABC del profesor Moreno, especialista en violencia política. 
 El terrorismo de ETA es inverso al de otros movimientos similares  :   
 "No surge de una base revolucionaria, sino que intenta crearla con sus acciones". 
 ABC.    24/07/1979.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

ABC. MARTES. 24 DE JULIO DE 1979.

PdG. 10.

DECLARACIONES PARA ABC DEL PROFESOR MORENO, EL TERRORISMO DE ETA ES INVERSO AL DE OTROS MOVIMIENTOS SIMILARES

«No surge de una base revolucionaria, sino que intenta crearla con sus acciones»

0 «La Prensa, que interpretó un papel positivo en los últimos años de la dictadura, ha tenido otro muy distinto en la primera etapa de la democracia.»

El doctor Francisco José Moreno, profesor -de la New York University y autor, entre otros libros, de «Conflict and violence in Latin América» y «Between fate and reason», fue uno de los participantes más destacados en el Congreso de Psicología Política celebrado recientemente en Washington, que reunió a los mejores especialistas del ramo. Es ésta una ciencia en mantillas sobre un fenómeno que está produciendo conmociones mundiales. ABC, que dio cuenta en su día del Congreso, se ha acercado al profesor Moreno para inquirirla a fondo sobre el tema.

—No me considero un experto en terrorismo porque, sencillamente, no los hay todavía —nos dice—. El fenómeno empieza sólo a estudiarse y sorprende a los propios dedicados al mismo. Piense que en el Congreso de Washington escenificamos un golpe terrorista contra una central nuclear y, a pesar de que todos sabíamos que se trataba de una simulación, las tensiones fueron tales que se terminó pidiendo el uso de la fuerza en forma de asalto de tropas a la central. No conocemos ni la dimensión ni las últimas motivaciones del fenómeno. Ahora bien, que está relacionado con la violencia como uno de los factores del comportamiento humano es innegable.

—Sin embargo, el terrorismo político es muy antiguo. Sin ir más lejos tenemos a los anarquistas, de tanta tradición en España.

—No pueden equipararse. Estamos ante dos tipos humanos distintos. El anarquista clásico era un individualista, convencido de que con una sola acción podía alcanzar su objetivo. El terrorista actual es el soldado en un ejército; un hombre mucho más disciplinado que actúa en grupo con el objetivo de destruir no sólo a un personaje, sino a una entera sociedad, con vistas a construir otra distinta en su lugar. El viejo anarquista abominaba el Poder y trataba de destruirlo. El moderno terrorista trata de imponer un Poder nuevo: el suyo.

—¿A qué conclusiones llegó el Congreso sobre el tipo humano de terrorista?

—Hay mucha gente, sobre todo en la tradición liberal anglosajona, que quiere identificar el terrorismo con las más diversas causas, desde la represión política al complejo de Edípo. La realidad no lo confirma.

De ser eso cierto,´ a mayor represión tendría que haber más terrorismo, cosa que no es así: son los países democráticos los que últimamente han sufrido más bajo el terrorismo mientras en las dictaduras no se ha apreciado aumento sustancial. Por otra parte, de creer esa teoría, tendría que haber terroristas de todas las edades y clases sociales en cuanto surgiera la represión. Sin embargo, está,demostrado que el terrorista moderno pertenece a un grupo humano muy característico: se trata de jóvenes generalmente de clase media, en su mayoría estudiantes, aunque no siempre con los estudios acabados. No pertenecen a los sectores sociales más explotados. Hay, pues, un factor biológico y un factor social. Sin olvidar nunca el factor violencia, inherente a la naturaleza humana y lista siempre a surgir. La violencia es una constante histórica, una parte integral de nuestras vidas, y el terrorismo es una de las más rotundas manifestaciones de ella.

—¿Qué podría hacerse para evitar que ese tipo de jóvenes cayeran en la tentación terrorista?

—En el terrorismo caben muchachos de muy diversas clases. Hay el idealista, hay el emotivo, hay el cínico, hay el oportunista, hay el inadaptado social. El que predomina, al menos de entrada, es el

idealista, obsesionado por una idea por la que es capaz de matar y dejarse matar. Parece lógico que lo más fácil para evitar que tome ese camino sería dar a ese tipo de chico una tarea positiva en la que pudiera descargar su emotividad, aspiraciones y energías. No olvide que, en el otro extremo, la carrera militar es un cauce para chicos con ansias de servicio por una causa superior.

«En España veo una renuencia por parte del Gobierno a usar medidas que puedan identificarse con la era de Franco»

—¿Y por qué no se hace?

—Algunos países lo han hecho. Cuba y México, por ejemplo, han proclamado: «La revolución ya está hecha»; y ese tipo de chicos tiene sólo dos salidas: integrarse a ella o ser aplastado. La sociedad occidental moderna, en cambio, ha perdido casi por completo la capacidad de entusiasmar, y no sabe o no tiene nada que ofrecer a ese tipo de jóvenes con ansias más o menos ideales.

—¿Cómo se explica que esos chicos, que arrancan de un idealismo, maten, secuestren, roban sin el menor escrúpulo?

—Para el idealista a ultranza todo está justificado en la búsqueda del ideal. Está luego la propia dinámica del grupo, que les hace empezar con. un objetivo; pero pronto es desbordado, y al final son ya incapaces de detenerse. Cuando han conseguido algo buscan una meta más allá. De ahí que sea prácticamente imposible llegar a un acuerdo con ellos; y se equivocan quienes creen que, haciéndoles determinadas concesiones, puede integrárseles de nuevo en la sociedad. A partir de un determinado momento la lucha es para el terrorista más importante que la causa, y terminan buscando causas para seguir luchando.

—¿No hay entonces solución al problema?

—Por lo pronto hay que estudiarlo a fondo. Y siempre hay la solución totalitaria; pero ¿quién la desea? Lo que no quiere decir que el Estado tenga que considerarse desarmado e impotente frente al terrorismo.

Todo Gobierno tiene la obligación de defender a sus ciudadanos; no le queda otro remedio que usar de todos los medios a su alcance para ello, un Gobierno no puede claudicar en esta función fundamental. Las consecuencias de ello serían gravísimas no sólo por el terrorismo en sí, sino también por el impacto en las Fuerzas de Orden Público. Son éstos, hombres a quien se ha enseñado y entrenado para defender la paz, el orden, los ciudadanos. Es sencillamente suicida no usarlos en su cometido.

—Usted es un especialista en la situación española. ¿Qué puede decirme sobre ella?

—En España veo, primero, una renuencia por parte del Gobierno a usar medidas que puedan identificarse con la era Franco. Como si temiera que la opinión internacional fuese a echársele encima, lo que le paraliza en parte. No quiere arriesgar sus credenciales democráticas. Y, segundo, siento tener que decirle a usted, como periodista español, que la Prensa de su país, que interpretó un papel positivo en los últimos años de la dictadura, ha tenido un papel muy distinto en la primera etapa de la democracia, con una actitud que la ha llevado a pedir cosas imposibles y a menudo contradictorias al Gobierno. Puede ser la inexperiencia y el no saber qué es realmente la "democracia y cómo funciona. Pero el caso es que la Prensa española pide a su Gobierno cosas que no se le piden a ninguno. Y, naturalmente, esto no ayuda.

—¿Qué opina sobre la ETA y la presente situación en el País Vasco?

Con la ETA y el pueblo vasco ocurre algo especialísimo, contrario incluso a lo de otros movimientos por el estilo. Por lo general parten éstos de una amplia base popular, de la que van saliendo unas «élites» ideológicas y terroristas. Allí ha ocurrido al revés: ETA, una minoría, está tratando de crear una base amplia a través de la acción revolucionaria. Si lo logra sería peligrosísimo. Y pienso que lo único que cabe es definir los objetivos minoritarios de ETA, separarlos de las aspiraciones populares e impedir que lleguen a fundirse.—M. CARRASCAL.

 

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