Autor: Ferrando, Juan. 
   La estructura histórica de Europa     
 
 Madrid.     Páginas: 1. Párrafos: 16. 

La estructura histórica de Europa

Por Juan Ferrando

El tema de Europa—y fundamentalmente de la Europa de los "seis"—está al día. Desaparecen cada vez

más las resistencias por parte de ciertos sectores de españoles a integrarse primero en el M. E. C. y más

tarde a formar parte de la futura Europa políticamente federada.

Estos días anunciaba la Prensa que se aplazaban hasta principios de marzo las negociaciones entre las

delegaciones de España y del Mercado Común para la conclusión—en trámite—de un acuerdo preferen-

cial. Se dice que el aplazamiento ha sido realizado a petición española. No lo ponemos en duda. ¿Pero qué

sucede entre la Europa de los "seis" y España? Ños resistimos a creer que la falta de acuerdo entre ambas

partes sea debido tan sólo a factores económicos.

De ahí que nos preguntemos aquí y ahora cuál sea la estructura histórica de Europa, de la que nosotros

somos parte y de la que debemos integrarnos como "ciudadanos" con plenos derechos y no como

"subditos".

La estructura de la conciencia europea tiene como base nn conjunto de factores que tienen su origen en el

"Mare Nostrum": el racionalismo griego, el espíritu jurídico y político d« Roma y la moral cristiana, en

cualesquiera de sus versiones o cristalizaciones "históricas. Pero otros factores han Influido también

decisivamente desde el siglo XV en la configuración actual de la conciencia europea; por ejemplo, el

Renacimiento, la revolución liberal Inglesa (1688), te francesa (1789) y 1» revolución industrial y

capitalista y su reacción, el marxismo. De ahí que la estructura de la misma sea el producto decantado de

todos "estos" ingredientes.

El filósofo Mounier —desde ana perspectiva cristiana y naturalista— ha querido sintetizar la idea radical

de la cultura europea en una palabra: personalismo. Se trata, según él, de un personalismo teológico y

humano: Dios concebido como persona trascendente al mundo y el hombre como una persona que

trasciende a la sociedad y al Estado. De esta concepción persona1ista del hombre —como ser abierto al

mundo y a los otros hombres, pero sin que su apertura quede con ello agotada—se derivará, como lógica

consecuencia, en el campo político, la Idea de la organización democrática entendida como diálogo. La

democracia es un dialogo, una intercomunicación de seres humanos. Es consustancial al hombre, y más

aun al hombre europeo, heredero inmediato de la triple herencia helénico-latina y cristiana. Pero la

herencia marxista ha impregnado a este humanismo, que podríamos calificar de cristiano, de una nueva

dimensión: no podrá darse nn humanismo integral basado en principios filosóficos, abstractos. Ha de

comenzar estando a ras de suelo. La libertad en tanto será capacidad de elección en cuando exista tal

"capacidad". Un hombre no puede ser libre política, cultural y religiosamente mientras se halle

encadenado económicamente. Esta es, era ultima instancia, 1» aportación marxista a la cultura europea.

El socialismo liberal o la socialdemocracia serán, en la actualidad, la auténtica resultan-te de todos los

ingredientes o factores, que se vertebran en la estructura historio» de la Europa—hoy.

• Democracia de participación

En un régimen sodaldemcrático o en tos Estados sociales de Derecho—hacia los que Europa camina lenta

pero progresivamente, y de los que las Constituciones respectivas, especialmente las de los países de te

"pequeña Europa", son origen jurídico y fiel reflejo de la ideología dominante—, el objetivo es un

humanismo total, en el que se pretende que desaparezcan los conflictos de dase previo el control directo o

indirecto, por parte de los interesados, de los propios medios de producción. A la vez, en nn proceso

conscientemente llevado a cabo por esa sociedad, se va hacia la separación de las otras contradicciones;

esto es, hacia nn ideal de justicia y plena autorrealizadón humana. Todo régimen socialdemocrático

pretende superar definitivamente el antagonismo entre el hombre y la naturaleza y entre los hombres. Por

eso propugna el control eficaz de la vida económica, social y política por parte de los "gobernados", que a

medida que se realice esta triple democracia se irán transformando en "gobernantes". De ahí que sólo en

una democracia gobernante, en una democracia plenamente participante, de autogestión eficaz por los

ciudadanos, es donde se realizará el ideal de un humanismo integral. El ideal auténticamente europeo.

En el orden de la convivencia se podría establecer, al respecto, los dos principios o bases para este

humanismo total, real: socialización progresiva de los medios de producción, con su correspondiente

democracia económica y social, y liberalismo político, con su respectivo pluralismo político, como cauces

de participación.

• Superar obstáculos

Tenemos que integrarnos tarde o temprano en Europa, pues para desarrollar la economía española,

modernizarla, ampliar su capacidad, sería de todo punto imposible si no nos abrimos mercados

internacionales, pues esto nos llevaría a crear excedentes sin salida al exterior. Nuestro desarrollo

económico va integramente ligado a la posibilidad de desarrollar nuestro comercio exterior. Al no hallarse

España integrada, como casi todo el mundo, encontramos dificultades cada día más fuertes para exportar,

debido al trato discriminatorio de que somos objeto en política arancelaria.

Buscar caminos económicos en cualquier parte del mundo que no sea Europa equivaldría a renunciar

Inconscientemente a las realidades inmediatas de nuestro Continente. Y Europa es la Europa de los "seis"

—Mercado Común—, te Europa de los "siete"—E. F. T. A.—y 1a Europa del Este—Comeeon—. Y

cabría decir que existe otra Europa más solitaria que nunca: España.

Se ha llegado en España a nn nivel de desarrollo que no nos permite, por más tiempo, vivir aislados.

Bastantes sectores han saturado las propias posibilidades de seguir creciendo sobre nn mercado de 32

millones de habitantes. Se necesita con cierta urgencia un mercado de 180 millones de personas, como el

que tienen cualquiera de los miembros de la Comunidad Europea. Y a la vista de nuestra estructura

económica comparada, parece que la organización más apta para nosotros es el Mercado Común. Sin

despreciar —por supuesto— una apertura al Este.

Si en marzo se concluye con el M. E. C. el tratado de comercio "preferencia!", hemos de ir pensando ya

en elaborar un plan decidido y escalonado para nuestra posible asociación primero, y adhesión después,

con te Europa de los "seis". Pero para ello nada mejor que ir eliminando —¿posibles?— creo que reales

obstáculos políticos. La "filosofía política" de la Comunidad, tal y como prevé el Tratado de Roma, es la

que se traduce en una organización política democrática-liberal de la convivencia, según se desprende del

conocido informe Birkelbach (1962).

• Nuestras posibilidades

El Mercado Común abre fundamentalmente dos posibilidades de Inserción de nuevos países en te

Comunidad: adhesión y asociación. Para te inserción de nn país como miembro "adherido", el Tratado de

Roma es explícito en orden a exigirle determinados requisitos o condiciones políticas precisos que ha de

reunir. Los autores están conformes en afirmar que te asociación al Mercado Común es tan sólo una frase

previa que apunta hacia la adhesión, hasta el punto de que se considera a la asociación como un momento

preliminar. Podemos citar al respecto la opinión de W. J. Sehuiyt, miembro de la Cámara de Diputados,

presidente nacional del Movimiento Pax Chris-ti, en Holanda, y miembro también del Parlamento

Europeo: "Es preciso decir que esta noción de asociación no podría concebirse sino como una antecámara

de 1a adhesión."

Si éstos son los hechos, no tenemos más remedio que aceptarlos o no llamar a las puertas de la Europa de

los "seis". Es cierto que existen razones económicas que motivan que algunos países —principalmente.

Italia— se opongan y se opondrán a nuestra futura asociación. Pero también existen razones políticas,

teniendo en cuenta la actual estructura política española y las constituciones demoliberales de los "seis".

Un. desarrollo que, partiendo de tes Leyes Fundamentales actuales, marche hacia nuevos cauces que sean

análogos a los europeos proseguiría el proceso político que implícitamente debe dinamizár estas mismas

leyes.

• Necesidad del asociacionismo

Conseguir la pronta institucionalización completa del Régimen para que tes estructuras políticas de

España estén perfectamente definidas y en abierta evolución democrática no parece difícil cuando el

propio ministro secretario general del Movimiento, profesor Fernández-Miranda, decía, al referirse al

contenido de la democracia de participación (resultado último de la filosofía política de Europa), que "es

auténtica cuando logra precisamente por los cauces de la representatividad el hacer que el pueblo esté

presente en todos los ámbitos del Poder, y que el Poder sea un instrumento al servicio precisamente del

pueblo; del pueblo histórico, del pueblo que tiene un preciso perfil. Pero esto es imposible si ese

instrumento que es el Poder no está manejado por una mano clara, y esa mano que lo maneja no puede ser

más que el pueblo. Y el pueblo lo logra a través de los cauces de la representatividad "

"Y no hay posibilidad de tal realización si esa realización no encarna en cauces auténticos de

representatividad."

 

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