Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   El mural del "Batzoki" de Bermeo     
 
 ABC.    22/07/1979.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

ABC. DOMINGO. Z2 DE JULIO DE 1979. PAG. 6.

Crónica de la semana

EL MURAL DEL "BATZOKI" DE BERMEO

ESTE es un mura! con mucha y muy tea historia.» Son las ocho de la tarde y en el «batzoki» de Bermeo —un local limpio y espacioso con varias plantas en forma de semicírculo, situado ¡unió al puerto— habrá ahora más de trescientas personas. Mientras las viejas juegan a la brisca y los niños tratan de escapar de la vigilancia de sus madres, que hacen tertulia bajo los retratos de Sabino Arana, José Antonio Aguirre- y Jesús María Leizaola, los hombres discuten de política ¡unto a la barra. Una enorme «¡Murriña» preside, detrás del mostrador, la ceremonia ritual del «chiquiteo», coordinada por un hombre corpulento, de pelo canoso, al que todos llaman «Quimbo». Es el presidente de la Junta municipal del partido. Secándose las manos en un descolorido mandil azul, es él quien me guia a través del retablo de personajes que llena toda una pared del recinto.

Be trata de un mural de casi treinta metros de largo por dos de alto, obra del pintor Urcelai, que les bermeanos valoran en unos veinte millones de pesetas. El cuadro representa diversas estampas de la vida local y todas las figuras se corresponden, de hecho, con personas de carne y hueso. En primer plano puede verse, por ejemplo, al lamoso escultor Néstor Basterrechea, nacido —por cierto— en un viejo caserón situado en frente del «batzoki», y que hoy aún sirve de casa-cuartel a los diecinueve guardias civiles asignados al pueblo.

El estado de conservación del mural deja bastante que desar. Siguen sin repararse los agujeros de bala causados hace cuatro-décadas al término de la guerra civil. Serla preciso retocar, por otra parte, la mayo de las barcas que aparecen amarradas en el puerto, ya que sus nombres, todos ellos en «euskera», fueron borrados sin demasiado cuidado.

«Guimbo» conoce al dedillo todas las historias del pueblo. Así me explica cómo uno de los «personajes» más populares de los años treinta era un «fox terrier», retratado en la parte Izquierda del cuadro, al que todo el mundo denominaba «Euzkadi», hasta que tal nombre le valló ser abatido a tiros. Desde la terraza del «batzoki» me señala la iglesia de Santa Eufemia, donde los Reyes Católicos y muchos de sus sucesores ratificaron el juramento de los fueros vascos realzado en Guernica. La primera de las cuatro veces que «Guimbo» estuvo en la cárcel fue después de colocar una bandra nacionalista en lo alto de su torre. Con menos de veinte mil habitantes, el PNV tiene dos mil afiliados en Bermeo y le corresponden doce de los dieciocho concejales del Ayuntamiento.

ENTRE EL RECELO Y LA ESPERANZA

«Aunque aquí no tiramos cohetes como en Baquio —me dice mi interlocutor—, el Estatuto nos parece una buena cosa para empezar a andar. Por eso vamos a defenderlo contra los unos y contra los otros. Los de Herri Batasuna tendrán que pasar por el aro y también los de ETA, y si no tendrá que haber leña. Llegado el caso, muchos de nosotros también sabríamos manejar los instrumentos que ellos manejan.»

No todo el mundo participa de esta visión esperanzada y entusiasta. Sobre todo entre los jóvenes, la polémica es vehemente e intensa. Los más radicales piensan que sus mayores están dispuestos a creer en las buenas noticias, aunque no sean ciertas, y de que sus labios brotan frases contundente» como la de que «de Madrid no puede venir nada bueno para nosotros», la de que «en algún sitio tiene que estar la trampa del Estatuto», o la de que «no es posible que quienes hace un mes estaban en desacuerdo en todo, ahora vean las cosas de la misma manera». Algunos de ellos afirman que a lo más que se puede llegar es a seguirle el juego al Gobierno y aceptar el Estatuto como una especie de estación de tránsito que rápidamente se debe dejar atrás. Muchachos como ellos han colocado en el vecino «batzoki» de Lejona una pancarta con una significativa leyenda: «Por el Estatuto a la independencia». En el otro lado de la discusión están quienes analizan más fríamente lo ocurrido y argumentan que la consolidación de la democracia en España pasaba por un pacto con los vascos, tan necesario para el Gobierno central como para el PNV. Desde esta perspectiva piensan que el texto pactado en la Moncloa —que ni ellos ni sus antagonistas han leído en la mayoría de los casos— ofrece suficiente margen de maniobra como para poner manos a la obra y concentrarse en la ardua tarea de responder al enorme reto que para el partido va a suponer el autogobierno. Todo sugiere que van a ser estas posiciones moderadas las que se impongan de forma inapelable. A su favor juega un factor tan Importante en una sociedad con estructuras y usos patriarcales como el aval que las personas con autoridad moral sobre las bases han concedido al acuerdo de Madrid.

ANTÓN ORMAZA Y EL «ABRAZO DE SONDICA»

En Bermeo y en buena parte de Vizcaya la cuestión ha quedado concretamente zanjada desde el momento que el propietario de una de las fábricas de conservas con más solera de la zona, un hombre de aspecto bonachón y cachazudo, a quien difícilmente se imagina uno metido en intrigas parlamentarias, pero por cuyas venas circula toda la sabiduría política de la calle, ha dicho públicamente que el Estatuto le parece aceptable y que es hora de tirar hacia adelante. Se trata de Antón Ormaza, presidente del Bizkai Buru Batzar, tal vez el personaje más respetado del partido una vez muerto Ajuriaguerra. Según «Guimbo», si a Ormaza le ocurriera algo, en el País Vasco estallaría la guerra civil.

Ormaza piensa que el Estatuto puede dar Satisfacción a muchas de las aspiraciones del pueblo vasco y que incluso buena parte de los votantes de Herri Batasuna terminaría apoyándolo. Reconoce, sin embargo, que siempre habrá un sector que se opondrá a este acuerdo pacífico: «El enfrentamiento se ve venir, antes o después, porque hay grupos que sirven a intereses ajenos al país.» En su opinión, el Partido Nacionalista está en condiciones de asimilar la convulsión interna que supondría tener que plantearles cara a los activistas de ETA.

Antón Ormaza es hombre de ideas claras y convicciones firmes. Asegura que el Partido Nacionalista Vasco es un partido que defiende al individuo y que «por eso somos apasionadamente libres». Es lógico que vea con recelo algunas maniobras que parecen querer empujar al partido hacia posiciones de Izquierda, porque intuitivamente tiene muy claras las diferencias entre populismo y socialismo. Tales posiciones, compartidas por el sector mayoritario del Bizkai Buru Batzart, han desembocado a veces en roces y fricciones con algunos parlamentarios, a los que se tacha de oportunistas y de excesivamente influidos por la Compañía de Jesús. El feliz desenlace de las negociaciones de Madrid ha contribuido, no obstante, a linar asperezas y todo el mundo comenta ahora ron satisfacción el «abrazo de Sondica», el abrazo que Antón Ormaza y Marcos Vizcaya se dieron en el aeropuerto ante las cámaras de los fotógrafos.

Según el alcalde de Guernica, «el Rey sería hoy bien recibido si visitara ahora el País Vasco»

UNA IKASTOLA EN LA MARGEN IZQUIERDA DE LA RÍA

A sus veintiocho años, Ruper Ormaza, hijo del respetado «burukide», es el director de la «ikastola» de Portugalete, un moderno edificio rodeado de zonas deportivas a medio terminar, en pleno corazón de la margen Izquierda de la ría. A sus órdenes trabajan treinta profesores, entre los que no deja de haber algunos simpatizantes de Herri Batasuna. De los setecientos cincuenta alumnos matriculados el pasado curso, más del 60 por 100 eran hijos de emigrantes con deseos de plena Integración. El espectáculo, de varias docenas de niños y niñas, practicando espontáneamente una jota vasca al son del «chistu», en el momento en que visitamos la «ikastola», es, según el presidente de la Asociación de Padres, la mejor respuesta a Mario Onaindía, que el pasado jueves Ironizaba en un periódico de Madrid sobre lo poco que significan los fueros en esta zona de Vizcaya. Otro de los «clichés» sobre la margen izquierda de la ría, cae inmediatamente cuando sé nos comenta que el 90 por 100 de los padres se pronunciaron a favor de las clases de religión en una reciente encuesta.

Ruper Ormaza reconoce que durante mucho tiempo algunas «ikastolas» han servido, efectivamente, para fomentar el rechazo hacia todo lo español. La vía de evitar que eso continúe sucediendo no es, en su opinión, la de una inspección que prácticamente queda reducida a protocolarias visitas de periodicidad anual, sino la de la profesionalización de los enseñantes. «Hasta ahora muchos maestros de «ikastola» se planteaban su trabajo como si fueran misioneros. Lo que necesitamos es una mayor calidad en la enseñanza y unos planes de estudio científicamente elaborado.»

Aunque Ruper dice muy gráficamente que él, antes de visitar Madrid, tiene que pasar por Nueva York, la ruptura generacional no ha introducido en la familia Ormaza las cotas de desviación que en otras familias nacionalistas. Un caso claro es el de Dioni Abaitua, actual alcalde de Guernica, uno de cuyos hijos estuvo Implicado en el sumarlo del asesinato de Carrero. A la pregunta de en qué año se afilió al PNV Dioni Abaitua responde orgullosamente: «Yo nací en el partido.» A la pregunta de si cree que su hijo sigue

militando en la ETA, Dioni Abaitua responde cautelosamente: «Yo casi le diría que sí, pero con los "poli-milis".»

«ESA ES UNA FAMILIA QUE NOS CONOCE BIEN»

El alcalde de Guernica piensa que sería un «anacronismo» mantener el apoyo a la lucha armada cuando por medios pacíficos ya se han obtenido los objetivos deseados. Se confiesa «agradablemente sorprendido» porque esperaba que Madrid tratara de Imponer «fuertes rebajas» en la negociación del Estatuto y. en su opinión, eso no ha ocurrido. De acuerdo con sus palabras, «la sensación generalizada en Guernica es que el Rey ha tenido mucho que ver con la forma en que se ha resuelto el tema». Según Dioni Abaitua, Don Juan Carlos sería muy bien recibido si visitara ahora el País Vasco.

Y no sólo piensa así quien tal vez se Imagine coprotagonizando un momento de enorme trascendencia histórica. «Muchas veces nos hemos preguntado por aquí: «¿Y el Rey? ¿Qué hace el Rey? ¿Qué quiere el Rey? ¿Qué piensa el Rey?», comenta Antón Ormaza. El presidente del Bizkai Buru Batzar recuerda las vinculaciones afectivas de los miembros de la Casa Real al País Vasco —en especial las de Don Juan de Borbón—, y añade con su habitual parquedad: «Esa es una familia que nos conoce bien.»

Dioni Abaitua es un hombre políticamente diáfano. Su padre fue el último presidente de la Junta municipal del PNV durante la República y él fue el primero en tomar el relevo en la clandestinidad. Para él, como para tantos otros alcaldes vascos, ha llegado, sin embargo, la hora de los problemas reales y las soluciones complejas. En Guernica la buena nueva de la aprobación del Estatuto ha quedado empañada por el grave" riesgo que para -toda la comarca del Busturialde supone la crisis de la empresa Jypsa.

«Están en el aire mil puestos de trabajo. Si llegara a quebrar sería la hecatombe.»

Nada tendría de insólito que así ocurriera. En los cinco primeros meses del año han presentado expediente de crisis nada menos que seiscientas sesenta y seis empresas vizcaínas, y según fuentes de la Consejería de Industria del Consejo General Vasco, «todavía no hemos tocado fondo». A finales de 1978 el índice de paro era del 9,45 por 100 —más de un punto por encima de la media nacional— y en estos momentos todo el mundo acepta que se ha rebasado el 10 por 100.

«SI NO SE CREA RIQUEZA NO HAY BIENESTAR»

Los dirigentes de la poderosa Confederación General de Empresarios de Vizcaya, cuyo presidente es Luis Olarra, temen especialmente lo que pueda ocurrir a la vuelta del verano. Su vicepresidente, Pablo Zamalloa, y su secretario general. Esteban Larrea, piensan que prácticamente todas las grandes empresas de la provincia reúnen las condiciones técnicas que en, circunstancias normales dan paso a la suspensión de pagos: «Echevarría, la Naval, la Babcock, General Eléctrica... Estamos rodeados de cementerios.»

Tanto ellos, como los dirigentes obreros, como cualquier experto de cualquier tendencia conocen bien las causas de la crisis. Las hay de carácter coyuntural —recesión mundial, revaluación de la peseta, presión terrorista, escasa productividad, etc.—, pero otras son estructurales. Desarrollando la Idea del «plan de reconstrucción nacional» propuesto por Carlos Garaicoechea, tras el acuerdo de la Moncloa, el titular de la cartera de Industria del CGV, el que fuera director general de Navegación José Luis Robles, propugna la «consolidación» del mayor número de empresas qus sea posible, pero también la «reorientación» del desarrollo industrial del País Vasco hacia otros sectores diferentes de los que hasta ahora han sido medulares.

José Luis Robles, y con él muchas personas próximas a la realidad, piensa que el Estatuto puede ser un instrumento importante» de cara a la lucha contra la crisis económica. No tanto por las ventajas técnicas de la autonomía, como sobre todo por el impulso colectivo que esa autonomía puede alentar. Los vascos siempre han tenido muy claro —y ahora no iba a ser diferente— algo que el alcalde de Guernica resume de la manera más sencilla posible: «Si no se crea riqueza no hay bienestar, y eso es un axioma.» Dos carteles complementarios recuerdan eso mismo en el «batzoki» de Sestao. «Nuestro futuro dependo de nuestro trabajo y esfuerzo», explica el primero. «El trabajo, el poder y la gloria nacen de la libertad», añade el segundo.—• Pedro J. RAMÍREZ.

LA FRASE DE LA SEMANA

MARCOS VIZCAYA:

«Al fin hemos sido capaces de coger el último vagón del último tren que pasaba por el País Vasco»

 

< Volver