Bombas ETA (p-m): Un golpe bajo al Estatuto     
 
 Diario 16.    02/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Bombas ETA (p-m): Un golpe bajo al Estatuto

Pasados los primeros momentos de estupor e indignación, la sangrienta explosión de los tres artefactos colocados por ETA político-militar el pasado domingo en Madrid, en otros tantos puntos neurálgicos para el transporte de viajeros, ha de convertirse inevitablemente en tema de fría reflexión.

Si alguna conclusión puede sacarse en torno al trágico suceso es que ha constituido un golpe bajo y directo contra el acuerdo UCD-PNV sobre el Estatuto autonómico para Euskadi. Un golpe que consolida una nueva vía de escisión y radicalización en el sector nacionalista de la ya cansada opinión pública del País Vasco.

Porque el puente que, entre radicales y moderados del nacionalismo, habían tendido organizaciones políticas como Euskadiko Ezkerra y EIA parece sucumbir bajo el peso de las bombas de la organización armada relacionada con estos partidos.

Es dudoso, en efecto, que ETA político-militar pueda recuperarse algún día de los efectos disgregadores que habrá de tener esta última acción en el seno de su propia militancia, en la misma medida en que ninguna declaración programática injustificadamente radicalizada puede ocultar la realidad patente de un fracaso en un terreno especialmente peligroso, como es el de la acción por las armas con fines políticos últimos. Como tampoco los intentos de ocultar las responsabilidades propias, mediante acusaciones de negligencia o actuación malintencionada dirigidas contra las Fuerzas del Orden Público.

En las circunstancias concretas del País Vasco, este fracaso de la organización armada contribuirá a minar la capacidad de liderazgo de los partidos políticos que se le consideran vinculados. La afirmación «en último extremo, dimitiré», hecha por el diputado de Euskadiko Ezkerra Juan María Bandrés, tras cercionarse de la realidad de los atentados, podría sustanciarse pronto en el terreno de los hechos, y, para entonces, el apoyo rotundo expresado por el secretario de EIA en torno al Estatuto de Guernica no será más que un recuerdo histórico.

¿Qué harán, en tales circunstancias, los casi ochenta y seis mil votantes que, en las pasadas elecciones, se pronunciaron por esta vía intermedia, representada por EE, que insiste en la solución dialogante y negociada, sin renunciar por ello a la fuerza de las armas? Tendrán que definirse ante una sola alternativa: aceptar o rechazar el Estatuto.

Y su decisión será cada vez más difícil, a medida que el PNV polarice cada vez más en su entorno las opciones estatutarias, quedando en Herri Batasuna y su retaguardia militar todo el potencial de protagonizar cualquier iniciativa, o el simple mantenimiento del rechazo a la solución actual.

Así lo entendió el senador guipuzcoano Castells, que se apresuró a proclamar, tras el atentado, que el Estatuto no es solución para el conflicto, y que se impone más que nunca un análisis abierto de la realidad del problema. El error irreparable de los poli-milis favorece indudablemente a Herri Batasuna.

No es necesario pensar en infiltraciones ni maniobras novelescas, para retener el hecho incuestionable de que el error de los político-militares se ha producido en un periodo de fuerte tensión interna de la organización, que inició su diáspora en la prisión de Soria. Y también conviene retener, de cara a un análisis más amplio de los hechos, las durísimas condiciones que los presos vascos han tenido que soportar en la cárcel castellana.

Aunque el fracaso de las opciones mixtas frente al radicalismo militar es, en ETA, un hecho histórico, como también el hecho de que este segundo sector puede incluso llegar a suprimir cualquier otra alternativa por la fuerza de las armas.

 

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