Hundimiento de un interlocutor     
 
 ABC.    02/08/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

HUNDIMIENTO DE UN INTERLOCUTOR

De las declaraciones de don Carlos Garaicoechea al «New York Times» nos llama menos la atención la posibilidad que apunta en el sentido de que acaso el Gobierno vasco hubiera de verse obligado a un enfrentamiento con ETA, que la definición suya en favor de una nueva amnistía. Y ello, pese al hecho de que tales manifestaciones fueran formuladas con anterioridad al triple atentado terrorista del último domingo en Madrid. Señalada también la presteza que advertimos en los .medios informativos oficiales para aclarar esta circunstancia, pasamos a exponer las graves consideraciones que nos merece ¡este delicadísimo, doloroso e irritante asunto.

En primer lugar: entendemos que el presidente del Partido Nacionalista Vasco pudo, porque dispuso del tiempo necesario, dirigirse nuevamente a sus interlocutores periodísticos norteamericanos para anular lo dicho, en todo o en parte, tenido en cuenta el profundo cambio circunstancial operado por la citada acción terrorista de ETA P-M. No haberlo hecho así igual da a entender que ha sido por negligencia, por falta del necesario reflejo político, o —una muestra más— por afinado reflejo de ambigüedad. No sabemos, pues, en qué información cierta sobre el particular ha podido fundamentar el Gobierno su interés, en tapar, echándole un capote, al señor Garaicoechea. La intencionalidad o la sola responsabilidad culposa del «lendakari» es cosa que debe asumir —ante el restó de los españoles, o de los «ciudadanos del Estado» como gusta a la semántica peneuvista— el Partido Nacionalista Vasco, a través de sus correspondientes órganos, o por su propio presidente.

En segundo lugar, un interrogante: ¿Cuál puede ser la clave de este interés en quitar hierro a la declaración del señor Garaicoechea, refrendada en lo que específicamente corresponde a la petición de amnistía por el editorial que el pasado martes publicó «Deia», y que ayer, en este mismo espacio, puntualizábamos?

La clave, si es la que sospechamos, nos parece abrumadora: el Gobierno contempla —con lógica inquietud, por no decir proporcional espanto— cómo todo este conjunto de hechos que comentamos traduce una devaluación en picado del PNV como interlocutor fundamental y serio para el presente y el inmediato futuro del Estatuto Vasco. El Estatuto no podrá zarpar en compartido rumbo con las demás autonomías si entre las fuerzas políticas que lo han construido no existe, implícita y explícitamente, un conjunto de básicos y compartidos principios políticos y morales. De política de unidad nacional y de moral colectiva de respeto a la ley y al derecho. Sin embargo...

En tercer lugar advertimos que no existe, en el orden de los fines y propósitos a medio y corto plazo, discontinuidad entre las pretensiones del PNV y los objetivos de las fuerzas «abertzales». ETA P-M puso las bombas en Madrid para forzar la libertad de sus conmilitones presos en Soria; y, acaso, para que la sangre de inocentes lavara, en monstruosa liturgia terrorista, el pecado de su patentizada discordancia con la otra ETA por causa del Estatuto. Y si quienes son políticamente expresados por Euzkadiko Ezquerra hicieron lo que hicieron para conseguir la Iibertad de los etarras, el PNV, compadecidamente, pedía una nueva amnistía, antes y después de las bombas: con las declaraciones de su presidente y con el editorial de su órgano oficioso, el rotativo bilbaíno «Deia».

En cuarto, último y definitivo lugar: la situación en que, a nuestro parecer, nos encontrarnos los españoles ante el problema vasco es idéntica aunque inversa —como lo son entre sí las manchas que resultan de doblar un papel con la tinta o con la sangre frescas todavía— a la que se pretendió consolidar con el acuerdo sobre el Estatuto. Existe, efectivamente, una íntima continuidad conductora entre las actitudes de nacionalistas y «abertzales», pero no en el sentido y la dirección ¡ntegradores que se quiso, sino en el sentido y en la dirección contrarias.

Mucho habrá de esforzarse el PNV, si es que decisivamente le interesa, en demostrar que su compromiso con la constltucionalidad del Estatuto es auténtico, moral y profundo. Por el momento, sin embargo, al pedir la amnistía de palabra y por escrito, en declaraciones al «New York Times» y en argumentaciones editoriales por medio de «Deia», el Partido Nacionalista Vasco es con ´los «abertzales» con quien sintoniza y no con el espíritu de la Moncloa.

Se trata, pues, menos del sospechadamente oculto fracaso del Gobierno, que del riguroso principio del incumplimiento de un compromiso por parte del PNV. Parafraseando a don Carlos Garaicoechea, exclamamos nosotros también: ¡Por el amor de Dios, a los vascos que han seguido y siguen el camino de la ambigüedad, que la abandonen de una vez en beneficio de los «euskaldunes» todos y de la entera totalidad de los demás españoles!

 

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