Autor: Schwartz Girón, Pedro. 
 País Vasco. 
 Hablemos gaélico     
 
 Diario 16.    20/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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Hablemos gaélico

Pedro Schwartz

Durante la primera guerra mundial, el día de Pascua de 1916, los irlandeses se sublevaron contra el Imperio Británico. En 1922 habían conseguido transformar la autonomía en independencia. Al propio tiempo, los protestantes del noroeste proclamaron su decisión de mantenerse bajo la soberanía de la Corona británica y la isla de Irlanda quedó dividida en dos partes: una, la República de Eire; otra, las provincias del Ulster.

El nuevo Estado irlandés se organizó con llera independencia y decidió, como marca de su separación de Inglaterra, promover el uso del idioma gaélico. Es cierto que, hasta este mismo año de 1979, en que la República ha entrado a formar parte del sistema monetario europeo, la libra esterlina circulaba de hecho si» trabas por toda Irlanda. Es verdad que los irlandeses siguen pudiendo establecerse libremente en la Gran Bretaña y servir si lo desean como soldados de la reina. Es un hecho que el equipo de rugby de Irlanda incluye jugadores del Ulster y representa a toda la isla. No hay duda de que todo el mundo en esa verde tierra habla inglés: Yeats y James Joyce eran hijos de Dublín. ¡Ah!, pero en algo debia conocerse que la soberanía había cambiado de manos y el gaélico se convirtió en lengua oficial.

Tal decisión creaba problemas. En efecto, el gaélico es una lengua celta, de difícil aprendizaje para quienes han sido educados en una tradición anglonormanda. Además, hablan el inglés muchos millones de hombres en el mundo, ya como lengua materna, ya como idioma comercial y científico. A pesar de todo, el gaélico se convirtió en asignatura obligatoria para los alumnos de lo que en Euskadi llamaríamos hoy las ikastolas.

De ese gesto nacionalista no quedó sino la obligación de los opositores a plaza de funcionario de examinarse de gaélico. Pronto se les olvidaba y los documentos oficiales siguieron redactándose en inglés.

He oído contar que, a los pocos años de nacer la República, fue necesario recabar la opinión de un experto en leyes sobre un peliagudo problema de Derecho Marítimo. El decano de uno de los Colegios de Abogados de Londres, lord Smith, recibió de Irlanda una carta oficial dirigida al Ollam Bretheman Flaith Smith; el texto estaba todo en inglés, pero al final el funcionario de turno se despedía en gaélico, declarándose fiel Mug; es decir, el servidor, del buen lord.

La contestación de lord Smith causó pasmo en Dublín: La salutación y la despedida estaban en inglés, pero el texto de la carta aparecía redactado en purísimo gaélico.

 

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