Autor: Yagüe, Francisco. 
 Aviso a los que pretenden "independizar" su fútbol. 
 Euskadi se quedaría sin el Mundial y con la Liga Regional     
 
 Diario 16.    20/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Aviso a los que pretenden «independizar» su fútbol

20-agosto-79/Diario16

Euskadi se quedaría sin el Mundial y con Liga Regional.

Francisco Yagüe ¡Qué pena! Cuarenta años acusando al franquismo de aprovechar el deporte —preferentemente el fútbol— para hacer política, y resulta que ahora los partidos, las autonomías, todo el mundo, siguen jugando lo mismo. Sólo que hoy, si quieren escudarse en la democracia, tienen menos justificación que antes con la dictadura. El Mundial del 82, con ucedistas y socialistas buscando y concediendo el mayor número posible de sedes para contentar electores, fue el penúltimo ejemplo. El último -de momento— es éste folklórico partido montado en San Mames entre las selecciones de Euskadi e Irlanda.

¿ETA contra IRA?

Me sorprende que la pluma de Rafael García Serrano, con tanta calidad como fascismo, tan mordaz como fiel a unos principios (por lo que me merece todos los respetos, aunque casi nunca esté de acuerdo con él) no haya aprovechado para escribir una crónica futbolística hablando de la detonante derrota del IRA a manos o mechas de la ETA, por cuatro atentados a uno, y con el arbitro Sánchez Armiñio señalando las faltas a golpe de «goma 2». Era un gol cantando para sus lectores de «El Alcázar». Quizá esté de vacaciones, en el córner de alguna Bandera de la Legión...

El partido de San Mames era en principio benéfico, para recaudar fondos para la enseñanza del euskera y para la creación de ikastolas. Uno, que es catalán y no pudo ir a la escola —prohibida en sus años estudiantiles— lo comprende, lo acepta, y lo aplaude, siempre que no pase de ahí. Partidos de éste tipo, con selecciones nacionales regionales, provinciales o de artistas contra toreros, se han jugado en toda época. Pro inundaciones, para subnormales, en homenaje a futbolistas jubilados o hasta para la Navidad del pobre. Con mayor motivo, entre tanta justificación triste, si en éste caso no es para lamentar desgracias, sino para enseñar...

Politizar un partido de fútbol

Pero resulta que el Euskadi-Irlanda se politizó, como era de esperar y de temer. Y faltó tiempo para lanzar al viento que la selección vasca resucitaba, al cabo de cuarenta años. Para recordar que sus últimos antecedentes eran aquel equino que jugó por media Europa (antes de emigrar y profesionalizarse en América) recaudando fondos para el Gobierno vasco, en plena guerra civil (Que uno, desde que tuvo uso de razón, se negó a llamar cruzada).

No creo que la situación de entonces tenga nada que ver con la actual y, por tanto, me parece absurdo querer jugar a establecer paralelismos. Y más aún tratándose de futbolistas. De pronto, a los futuros alumnos de las no menos futuras ikastolas se les pretende hacer comulgar con una leyenda, muy respetable, pero como todas las leyendas, con muchos puntos vulnerables. El mensaje que encerraba la selección de Euskadi del 36 al 39 murió, como años después moriría una embajada semejante, llamada Hungaria y Honved. Los legionarios del fútbol, una vez perdidas sus respectivas guerras o se convirtieron en mercenarios o volvieron a su tierra.

Los del saque de honor

El jueves, en San Mames, hicieron el saque de honor del singular «partido internacional», Isidro Lángara y el «chato» Iraragorri. Eran los supervivientes que se tenía más a mano de aquella selección del exilio.

Posiblemente en la «catedral» casi todo el mundo o no tuviera edad o memoria para recordar que uno y otro regresaron a casa mediados los años cuarenta. Que Iraragorri volvió a jugar tres años más en el Athletic, hasta cumplidos los treinta y siete, y que Lángara, amén de reincorporarse al Oviedo, todavía se alineó en una selección nacional informal, a la que yo vi perder por 7-5 en Las Corts frente a aquel revolucionario e inolvidable San Lorenzo de Almagro de los Pontoni, Martino y compañía y del que era figura Ángel Zubieta, otro componente de la selección de Euskadi, que al cabo del tiempo acabaría sus años futbolísticos en el Coruña y después será entrenador de varios equipos, entre ellos el mismísimo Athlectic.

...y Guillermo Gorostiza

Imagino que en la ceremonia de la confusión del otro día casi sería un sacrilegio mentar a Guillermo Gorostiza, la legendaria Bala Roja, aunque fuera una de las estrellas más brillantes de aquella selección que se glorificaba. Gorostiza debutó como internacional en junio de 1930, y cuando estalló la guerra llevaba dieciséis partidos en la selección nacional. En julio del 36, y merced a tener coche propio, fue incorporado en Bilbao a la Sanidad Militar. Pero llamado a incorporarse a la selección vasca —para recaudar fondos—jugó con ésta en Francia, Checolosvaquia, Polonia y la Unión Soviética, con unos resultados realmente sensacionales.

Quizá sea poco oportuno —para algunos— recordar que Gorostiza, en lugar de saltar a las Américas con los demás, decidió en París regresar a España. Lo hizo por Irún —por la llamada «zona nacional»— y se alistó en el Tercio Ortíz de Zarate, repescando posteriormente a Roberto y al masajista Birichinaga. Terminaba la guerra civil, Guillermo I todavía sería capitán de la «selección nacional franquista» en sus tres primeros encuentros: dos contra Portugal —uno precisamente en San Mames— y el otro contra Suiza...

Siempre hubo selecciones

También hubo una selección catalana por estos mundos de Dios, con fines parecidos a los de los vascos, pero que alcanzó bastante menos trascendencia. No sé si por arrancar más tarde, por la comparación de los nombres, el número de los partidos jugados... o porque salvo excepciones, volvieron casi todos muy pronto a casa. Estaban en ella Samitier, Escola, Raich, Balmanya, Franco, Zabalo y hasta Ventolrá, que fue el más reacio... Lo cierto es que uno, después de la guerra, vio muchos partidos de selecciones regionales y provinciales, moda que se perdió al paso de los años y con el aumento progresivo de rivalidades y profesionalismos. Una selección era la que jugó en Montjuich contra el Torino, semanas antes de la catástrofe de Superga, y una selección era, también, la que hizo posible el maravilloso espectáculo de ver por primera vez juntos, en Las Corts, a Kubala y Di Stéfano vapuleando al Bolonia, cuando la Saeta no era todavía blanca...

¿Qué lo de San Mames era distinto? Según la interpretación que quiera darle cada cual. Deportivamente, la presencia de una selección nacional extranjera ni tiene trascendencia, ni es novedad. Son muchas las que viajan y juegan por el extranjero, contra clubs o selecciones oficiosas, para entrenarse o recaudar divisas. Ahora, los chinos han estado en Europa; y los checos, en principio, iban a participar en el actual Villa de Madrid. Y los mismos irlandeses, tras el show de San Mames, se fueron al torneo del Levante. Se podrían citar aquí muchas selecciones que pasaron en este pian por España. Pero con recordar al Brasil bicampeón jugando contra el Atlético de Madrid, y en el Bernabéu, ya vale...

Independencia futbolística

A fines del año pasado se habló de una teórica independencia futbolística de Euskadi, incluso participando en el Mundial 82 con selección propia. Ahora, el para mí absurdo proyecto, ha vuelto a ser aireado con motivo del partido del jueves «como un primer paso». Toda creencia, política o religiosa, me merece respeto, aunque no la comparta. Pero cuando se quieren mezclar con otros factores, en estos casos deportivos, hay que puntualizar, conocer a fondo las cosas, no meterse en berenjenales engañando al personal. Deportivamente —en lo otro no me meto, crear una selección vasca es materialmente imposible. Ni lo toleraría la FIFA, ni lo aceptarían los propios aficionados vascos cuando supieran lo que tenían que dar a cambio...

Gran Bretaña, con sus cuatro Federaciones, es un caso irrepetible; aunque Euskadi quiera mirarse en ella para argumentar su independencia. Ellos inventaron el fútbol y la FIFA, y por eso integraron desde el principio a Escocia, Gales e Irlanda separadas de Inglaterra. La cosa sigue, por tradición, pero siempre se ha evitado que pudiera ampliarse a otras áreas geográficas. Por tanto, el «no» a los vascos puede darse como cosa hecha.

Adiós a la sede del Mundial

Pero, si quieren, podríamos jugar un poco a la ciencia-ficción, partiendo de que la Federación Internacional de Fútbol Asociado aceptara la independencia del País Vasco. ¿Qué ocurriría luego? Seguro que los que están soplando el viento de este separatismo balompédico no se han parado a pensarlo, lo desconocen... o se lo ocultan a la parroquia de San Mames. Pues bien, a imagen y semejanza de la Gran Bretaña —que eso sí, ha sabido guardar el «fair play»— Bilbao dejaría de ser automáticamente sede del Mundial 82, y su selección tendría que ganarse el derecho a participar. Ni más, ni menos.

Basta con recordar el Mundial 66, para que sirva de patrón inamovible. Organizaba Inglaterra, que como tal se clasificó de oficio. Pero Irlanda, Gales y Escocia tuvieron que disputar en distintos grupos europeos su derecho a clasificarse... y las tres fueron eliminadas. Eso, en el aspecto deportivo. En cuanto al capítulo de organización el campeonato se celebró en siete ciudades distintas, ¡pero todas de Inglaterra! Eran Londres, Birmingham, Sheffield, Liverpool, Manchester, Middelsbrough y Sunderland. Gales y Escocia —y no digamos Irlanda— no pudieron organizar un solo encuentro.

...y una Liga Regional

Eso, por lo que al ámbito internacional se refiere. Pero ¿y a nivel de «nacionalidades peninsulares»? Aquí hay un pequeño resquicio, pero muy pequeño, y supeditado a la decisión de la Federación de la que pretenden desvincularse. Siguiendo con el espejo de la Gran Bretaña, resulta que Inglaterra, Escocia e Irlanda cuentan con sus campeonatos particulares de Liga y Copa. La única excepción es Gales, que tiene torneo del «k.-o.» pero no de la regularidad, integrándose sus tres mejores equipos (Cardiff City, Swansean Town y Wrexham, que no están ni en Primera) en la Liga inglesa, como amistosa concesión especial. Difícilmente la Federación Española, si los vascos se le marchaban de casa dando un portazo, iba a concederles la fórmula galesa. Lo normal —y como último argumento de fuerza— sería aplicarles el ejemplo de escoceses e irlandeses.

Y habría que ver a los buenos aficionados vascos (que una cosa es la política y otra muy distinta el fútbol) asistiendo a unos campeonatos jugados por Athletic de Bilbao, Real Sociedad, Alavés, Indauchu, Sanse, Baracaldo, etcétera, a los que, según vaya el referéndum navarro, podrían reforzar por ejemplo Osasuna y Tudelano. En cuatro días el fútbol profesional, el de otros podrían reforzar por ejemplo Osasuna y Tudelano. En cuatro días el fútbol profesional, el de otros Estados o regiones, acabaría con ellos.

Los más viejos del lugar recordarán que hace más de medio siglo (Franco debía ser aún teniente en África) el fútbol hispano, que era amateur todavía, funcionaba así. Pero empezaba a quedarse tan estrecho, que en 1929 tuvo que inventarse la Liga a nivel nacional. Si los vascos quieren volver a los campeonatos regionales de entonces (aunque los etiqueten a nivel de independencia) allá ellos. Pero pienso que los que han montado el trasfondo de este Euskadi-Irlanda tienen la obligación de explicar las cosas como son, sin engañar a nadie. A menos que su propósito sea explotar el momento político únicamente...

 

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