Refugiarse en los refugiados     
 
 Diario 16.    31/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Refugiarse en los refugiados

La figura del refugiado político es aceptada y protegida en la totalidad de los países democráticos. Dentro de esta esfera, Francia ha sido un ejemplo de país de asilo durante muchos años. Sirva como muestra la atención prestada a republicanos y antifranquistas que se vieron obligados a abandonar su tierra con motivo de la guerra civil.

Este es el origen remoto del exilio vasco, asentado, fundamentalmente, en el País Vasco-Francés durante el franquismo. Una segunda tanda de refugiados la proporcionó, bien avanzado el franquismo final de los años sesenta y setenta, quienes encontraron en el sur de Francia su más seguro refugio.

El establecimiento pleno de la democracia en España, con problemas especialmente sentidos en el País Vasco, solventados por la amnistía, los procesos electorales y la aprobación del Estatuto de Guernica, desintegró completamente la figura del refugiado político al desaparecer las causas que lo sustentaban. El asilo político para españoles ha desaparecido, porque aquí ya caben todas las libertades, excepto la de matar alevosamente.

La situación de los vascos en Francia es otra secuela del franquismo, próximo o remoto, pero franquismo al fin. En el país vecino hay quienes han reorganizado pacíficamente su vida en los departamentos fronterizos del País Vasco-Francés.

Aprovechándose de esta situación, los etarras de la metralleta establecieron sus bases en esta zona gala, amparados, durante mucho tiempo, por la dejadez de la Administración parisiense.

Estos días se preparan nuevas manifestaciones y movilizaciones en el País Vasco a favor de los refugiados. Pero hay que distinguir entre refugiados y los que se refugian en los refugiados. Los primeros, de hecho, no existen. A lo sumo se les puede considerar como emigrantes asentados en el País Vasco-Francés. Con todos sus derechos, pero sin más calificativos engañosos.

Donde el eufemismo no tiene razón de ser es en el caso de los etarras y acompañantes mártires. Si se atreven, que den la cara, pero que no busquen más refugios impunes. Cada cosa en su sitio.

 

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