Autor: Minondo, José Luis. 
   Elgóibar: Robo de doscientas sesenta y cuatro escopetas automáticas  :   
 Cincuenta están completas y al resto les faltan piezas. 
 Informaciones.    15/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Elgóibar: Robo de doscientas

sesenta y cuatro escopetas

automáticas

CINCUENTA ESTÁN COMPLETAS Y AL RESTO LES FALTAN PIEZAS

SAN SEBASTIAN, 15 (INFORMACIONES, por J. L. Mínondo).

A algunas de las doscientas sesenta y cuatro escobetas automáticas robadas ayer en la empresa La Industrial Guipuzcoana por cinco individuos armados les faltaba alguna pieza, se supo ayer noche, si bien la fuente consultada no pudo precisar más detalles. De cualquier forma, por lo menos cincuenta estaban completas, ya que iban a ser exportadas a, Nueva Zelanda la misma mañana, del atraco.

Los atracadores robaron una furgoneta en Basauri a las siete de la mañana, tras reducir al chófer y encerrarle en la parte posterior del vehículo, con el que llegaron hasta Elgóibar donde esperaban otros jóvenes atracadores, junto a La Industrial. Cuatro de ellos entraron en las oficinas y obligaron al gerente, dos empleadas administrativas y un almacenero a sabir a un entrepiso donde fueron maniatados.

«Estén tranquilos —les dijeron—, sólo queremos las armas.» Según una de las empleadas se portaron muy bien con todos nosotros, pues para no hacer daño con las cuerdas nos colocaron antes grandes algodones en las muñecas».

Una vez descargados los embutidos que había en la «DKW» que robaron en Basauri, comenzaron a llenarla de escopetas automáticas, casi todas de marca italiana «¿Franchi», producto que comercializaba la empresa de Elgóibar. El valor aproximado se cifra en unos cinco millones de pesetas.

Finalizada la operación de carga, los atracadores, que hablaban indistintamente castellano y euskera, conminaron a los maniatados a que permanecieran sin moverse durante inedia hora para darles tiempo a huir impunemente; al tiempo que cortaron el cable telefónico.

Los empleadas cumplieron la orden con creces, pues, la primera llamada que se recibió en el cuartel de la Guardia Civil fue alrededor de las doce del mediodía. Cuando llegó la Guardia Civil todavía algunos no habían podido librarse del todo de las ligaduras.

La furgoneta apareció a la una en las inmediaciones del pueblo con las puertas traseras abiertas de par en par y vacía de contenido. Aunque una de las primeras operaciones que efectuó la Policía fue detectar huellas, la labor fue penosa, ya que «usaron guantes de goma, como los de los médicos», según dijo una de las empleadas.

Cuando abandonaron el almacén se despidieron con un simple «agur» (adiós, en euskera).

 

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