Autor: Arteta, Félix. 
 País Vasco. 
 Faltan subvenciones (para el mantenimiento de las ikastolas)     
 
 El Imparcial.    21/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

País Vasco

Faltan subvenciones

(para el mantenimiento de las ikastolas)

Existe hoy un movimiento sumamente importante por acercar el vascuence a la vida moderna, y son muchos los miles de personas mayores que lo aprenden en colegios, academias o ikastolas, hasta el punto de que muchos se las ven y se las desean en Bilbao para lograr una plaza.

Hasta hace muy pocos años, el euskera era casi exclusivo de las pequeñas poblaciones rurales, donde se transmitía de padres a hijos, casi sin tener en cuenta de que eran los únicos transmisores del idioma. Tal vez por eso, cuando el castellano pasó a ser la lengua oficial, impuesta por la ley del 26 de mayo de 1937 («Boletín Oficial del Estado»: «Se prohibe terminantemente el uso de otro idioma que no sea el castellano»), se produjo tan represión lingüística, que el vasco—parlante era considerado despectivamente como inculto. Por supuesto que la enseñanza del euskera, o en euskera, quedó suprimida. El solo hecho de enseñar las cuatro reglas en una escuela rural donde los niños casi únicamente hablaban el vascuence, era considerado como signo inequívoco de separatismo. Cientos de casos se pueden contar de represión en maestros y hasta en las pobres «etxeko— andres» que iban a los mercados a vender los productos del campo y difícilmente se entendían en un idioma, el castellano.

Euskadi sabe mucho de casos ocurridos entre los años 1937 y 1976, fecha esta última en que el mismo «BOE» publicaba el decreto del Ministerio de Educación y Ciencia, reconociendo a la Real Academia de la Lengua Vasca, fundada en el lejano 1918 y aprobada en una sesión inaugural celebrada en Oñate. El rey Alfonso XIII había dicho entonces: «Consagraos al estudio y fomento de todo cuanto pueda contribuir al adelanto y progreso del país, cultivad vuestra lengua, el milenario y venerable euskera, joya preciadísima del tesoro de la humanidad que habéis recibido de vuestros padres y debéis legar incólume a vuestros hijos».

La represión —increíble medida tomada tras un juicio como el anterior emitido por alguien tan lejano del separatismo como Alfonso XIII— obligó a una enseñanza del euskera en medios próximos a las catacumbas.

Hoy, el fenómeno del euskera es muy distinto al de hace unos años: el número de ikastolas es importante, aunque tropiezan con enormes dificultades económicas. Hablar en euskera ha dejado de ser «pueblerino». Está de moda, pero falta algo esencial: que el Estado reconozca la labor docente de las escuelas vascas, dotándolas de las subvenciones necesarias para su mantenimiento. Estudiar cualquier ciencia en euskera hoy es un lujo, puesto que, al carecer de subvenciones, los gastos son enormes y sólo puede hacerse frente a ellos mediante el pago de matriculas exorbitadas.

FÉLIX ARTETA.

 

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