Carrillo en TV. E.. 
 Mascaras políticas     
 
 ABC.    22/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CARRILLO, EN TVE.

MASCARAS POLITICAS

No pocas de las propuestas formuladas la noche del viernes en TVE. por Santiago Carrillo, sino incluso la

mayoría de ellas, serían aceptadas por cualquier partido y desde todo sector de opinión con vocación de

libertad. El terna no estriba, pues, en la mercancía ideológica y política expuesta por tí secretario general

del P. C. E. a través del escaparate de la pequeña pantalla. La cuestión es que nada de todo ello se aviene

con aquello en lo que realmente consiste el comunismo.

Si el señor Carrillo y los seguidores de su línea creen, honrada y verdaderamente, en todo lo sugerido,

propuesto y argumentado ante los más de los hogares españoles, durante veinte minutos, habrían de

cambiar el nombre de su partido, e irse, de inmediato, a pedir el carné correspondiente en cualesquiera de

los partidos socialistas reconocidos y legalizados. Si no lo hacen es porque no hay ni sinceridad ni verdad

en lo que dicen. No tiene sentido, en efecto, que los debeladores de las contradicciones de la libertad se

conviertan a si mismos en bandera y monumento vivo de la contradicción marxista y socialista.

La línea divisoria entre comunismo y socialismo se llaman Lenin; de ahí que mientras los comunistas no

abjuren formalmente del leninismo, no hacen otra cosa que generar confusión.

A la misma confusión, por otra parte, contribuyen lo suyo muchos de los socialisias que más suenan,

cuyas bases —como el mismo profesor Tierno Galván ha denunciado— aparecen mayoritariamente

ocupadas por leninistas.

Creernos urgente denunciar la grave confusión que actitudes como las de Santiago Carrillo están creando

entre los electores del próximo 15 de junio. La gran trampa consiste en presentarse como moderados,

endulzando sus tesis y puliendo las aristas que, real y objetivamente, definen los perfiles específicos de

cada uno.

Edulcorar la propia imagen y su misma historia —negando todo tipo de responsabilidades y esgrimiendo

toda suerte de buenos propósitos— y diabolizar lateralmente, al propio tiempo, la imagen de sus más

democráticos y específicos contrincantes es conducta que sintetiza y define los verdaderos propósitos y

las más genuinas intenciones del P. C. E.

Seamos serios, señor Carrillo, y llamemos a las cosas por su nombre. El comunismo a la italiana, servido

en veinte minutos de TV. E., o es socialismo democrático, con lo que le sobra el sustantivo, o es

comunismo a la soviética, con lo que huelga el calificativo de democrático.

 

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