Autor: Abad, Joaquín . 
 Dos focos de peste africana localizados en La Rioja. 
 Alarma en la dirección general de ganadería     
 
 El Alcázar.    15/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Dos focos de peste africana localizados en la Rioja

Joaquín ABAD

Martínez Somalo, industrial en la bancarrota:

ARRUINANDO A LOS GANADEROS NO SE TERMINARA CON LA PESTE

(Se han sacrificado más de millar y medio de cabezas de ganado porcino)

ALARMA EN LA DIRECCIÓN GENERAL DE GANADERÍA

En los Baños de Río Tobla, Logroño, se han detectado dos focos de peste africana que han hecho sonar la

alarma en la Dirección General de Ganadería. Ahora, 1.484 cabezas de ganado porcino; toda una granja,

se encuentran enterradas, cubiertas con una capa de cal que facilita la putrefacción. Y una industria —

donde se localizó el foco—, que podía muy bien estar valorada en 30 millones de pesetas, ha quedado

poco menos que en la bancarrota.

La presente "historieta" comenzó hace unos días cuando Felipe Martínez Somato observó algunas

anomalías en el comportamiento de los animales de su granja. Inmediatamente, puso el hecho en co-

nocimiento de las autoridades ganaderas de Logroño para que un equipo veterinario analizara la carne de

algunos animales sacrificados. El resultado fue negativo. Poco convencido el industrial logrones, tomó

nuevas muestras de carne de tres cerdos sacrificados y se presentó en Madrid, en Embajadores, 78, para

que hiciera un análisis más profundo. Resultado: Las dos primeras muestras dieron negativo, pero la

tercera estaba afectada por la conocida "peste africana..." En un solo día se procedió a sacrificar la

totalidad del ganado porcino que fue inmediatamente enterrado en unas gigantescas fosas que se

improvisaron a tal efecto.

VEINTE AÑOS DE PESTE AFRICANA

Pero la realidad es que llevamos veinte años soportando epidemias de peste africana y, desde hace

exactamente esos mismos años, tenemos cerrado el mercado exterior en este terreno. Ningún país del

mundo acepta importar nuestros embutidos, ni jamones, ni carne de cerdo. Ni siquiera los emigrantes

pueden llevarse una tripa de chorizo o un jamón para celebrar las navidades de su patria.

Nuestras autoridades sí lo permiten; las extranjeras temen que les transmitamos la peste que a nosotros

nos vino por Portugal, procedente de sus colonias africanas.

La granja reproductora de Felipe Martínez Somalo contaba con 350 cerdos "madres" todos en período de

gestación y criando, cuyos reproductores sólo para carne ya valían cerca de los nueve millones de pesetas

17 "berracos", seleccionados de pura raza que se cotizan como los caballos de Ángel Peralta, y su valor es

incalculable, pero nunca inferior a los dos millones de pesetas; 580 cerditos de recría y 500 cerdos todavía

más pequeños en período de lactancia con la madre.

—¿Qué ha significado para usted el tener que sacrificar la totalidad de animales de su granja?, le

preguntamos al industrial riojano.

—Imagínese usted el significado de que, de la noche a la mañana, me encuentre con una granja cerrada,

en cuarentena y con todos los animales sacrificados —enfermos y no enfermos— bajo tierra. Imagínese

lo que he sentido al ver morir a 350 cerdas madres que vienen reproduciendo 17 crias en dos puestas al

año, que me podian haber dado cincuenta millones de pesetas. Teníamos programas de 60 a 70 cerdas

pariendo todos los meses. Quinientas crías mensuales...

— ¿Pero usted recibirá la indemnización correspondiente por haber declarado el foco y haber permitido el

sacrificio del ganado?

—La ayuda que me han designado, y que sólo Dios sabe cuándo me la darán en efectivo, clama al cielo.

El acta levantada, que en teoría valora todo el ganado sacrificado, es exactamente de tres millones se-

tecientas mil pesetas. Han utilizado haremos de hace 10 años para determinar el precio de la carne. Y me

han pagado —si es que me lo pagarán— a 37 pesetas el kilo de carne, cuando hoy dia vale a 88,90 en el

mercado. Porque es obvio que las cerdas reproductoras y la exposición de 17 berracos no tiene sentido

venderlo como carne... Significa, en síntesis, mi ruina. Y si alguna vez levanto el negocio y encuentro una

nueva anomalía, ya me dirá usted si voy a ser dos veces "quijote". Así no terminamos en la vida con la

peste africana. Y los focos cada vez serán mayores y tendremos que gastarnos las pocas pesetas que

tenemos en importar carne de otros países con más suerte.

—¿No se utilizó la carne sacrificada para embutidos? Porque el presidente del Colegio de Veterinarios de

Madrid, vicepresidente del Consejo General de Veterinarios, me informó de que las cabezas no enfermas

suelen aprovecharse para embutidos, conservas...

— NADA. No me han dejado ninguna para la fábrica de embutidos. Yo les pedí que analizaran todas las

cabezas y la que no tuviera enfermedad me dejaran llevarla a mi fábrica. Se negaron en rotundo.

—¿Me dijo antes que no terminaría nunca la peste africana?

— Desde luego que no. El noventa por ciento de los industríales que detectan un síntoma de esta enfer-

medad en su granja se lo callan como muertos. Saben que la miseria que les pagan por el sacrificio les

lleva a la ruina. Como me ha pasado a mi. Que muy bien podría haber mandado por mi cuenta, sacrificar

todo el ganado y venderlo como carne. Me hubiera ganado ocho millones... Ahora, para

qué cobrar esos tres millones que me deben. Igual me da ser un arruinado de treinta millones que de

veintisiete. Lo que le digo, así nunca acabaremos con la peste, que además es el cáncer del ganado

porcino. Arruinando a los ganaderos no se consigue más que extender el mal. Y no hay derecho a eso,

oiga.

15 —AGOSTO — 1977

 

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