Confianza en el pueblo vasco     
 
 ABC.    05/02/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CONFIANZA EN EL PUEBLO VASCO

Guernica ha vuelto a convertirse en símbolo. Pero esta vez no del dolor ni de la destrucción, sino de la gallardía y de la confianza en el futuro de un pueblo. El microcosmos sociopolítico del País Vasco, reunido en la Casa de Juntas de la histórica villa vizcaína, ha mostrado inequívocamente su fondo y su forma, nítidamente diferenciados además. Después del acto del 4 de febrero, no cabe seguir hablando de confusión de identidades y voluntades en el caminar de los vascos.

Tanto la radio como la televisión han servido de marco testimonial. Toda España pudo ver y oír el bochornoso intento de boicot protagonizado por los miembros de Herri Batasuna, increpando al Rey Don Juan Carlos, puño en alto, en un violento intento por acallar la voz del Estado. También toda España pudo ver y oír la contestación del Rey. Y, con ella, la entusiasmada y reparadora reacción, en clamor de aplausos, que los partidos políticos que representan a los vascos, ante las palabras, certeramente serenas, meridianamente lúcidas, de Don Juan Carlos.

«Frente a quienes practican la intolerancia —dijo el Rey, y el párrafo puede y debe marcar un hito histórico—, desprecian la convivencia, no respetan las instituciones ni las normas elementales de una ordenada libertad de expresión, yo quiero proclamar, una vez más, mi fe en la democracia y mi confianza en el pueblo vasco.»

Que Herri Batasuna, desde el mismo momento de su constitución, al socaire de la amplia generosidad con que el nuevo régimen permitió, en su afán de sumar y no excluir las voluntades de los españoles, la constitución de grupos y partidos políticos, no fue más que una máscara de la organización terrorista ETA, era algo de lo que difícilmente podía dudarse. Tampoco resultaba especialmente inteligente indicar que los miembros de Herri Batasuna rechazaron desde el primer momento el sistema democrático. En ningún momento se incorporaron al Parlamento. Ni, por supuesto, a las instituciones vascas nacidas tras los correspondientes procesos de referémdum y elecciones.

Sin embargo, nunca como ayer pudo observarse, con tanta claridad, su postura antidemocrática, antivasca y antiespañola. Especialmente por el contraste de su actitud dictatorial, descalíficadora «a priori», con la observada por los representantes de las fuerzas políticas vascas, A un lado, por los aires, impulsada por los gritos y los puños cerrados, voló la careta de Herri Batasuna, quedando al descubierto su postura. Al otro quedó el pueblo vasco. No cabe lugar para el equívoco. Que los «batasuneros» hablen éusquera no pasa de constituir una cruel anécdota.

La serenidad del Rey, su discurso esperanzado, asumiendo el pasado para mejor conformar el proyecto de vida en común, la España que todos anhelamos, ha constituido piedra angular en el acto de Guernica. Porque Guernica ha vuelto a constituirse, como decíamos, en símbolo. De la fe de Don Juan Carlos, que los españoles solidariamente compartimos, en la democracia, y de su confianza —que debe ser la nuestra— en el pueblo vasco.

 

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