Visita oficial de los Reyes al País Vasco. 
 Así fue el incidente de Guernica     
 
 ABC.    05/02/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Así fue el incidente de Guernica

El incidente registrado ayer, en la Casa de Juntas de Guernica, no fue una sorpresa para nadie.

En cuanto se supo que tos parlamentarios de Herri Batasuna —que hasta ahora se habían negado a asistir a ninguna sesión— se presentaron para ocupar sus escaños, se pensó que tenían preparada alguna actuación para boicotear el acto. Los Reyes que," seguramente, fueron informados de lo que ocurria, antes de entrar en la Casa de Juntas, mostraban en sus semblantes una expresión de serena y tranquila preocupación.

El desarrollo de los momentos culminantes del incidente fue así, según datos facilitados por Europa Press y nuestro corresponsal en Bilbao, José Ramón Muguerza:

Bombas fétidas.—En uno de los minuciosos registros efectuados por los Servicios de Seguridad de las Instituciones Vascas, más conocidos como los «hombres de Berroci», horas antes de que se iniciara el acto en la Casa de Juntas, fueron localizadas unas veinte cajas que contenían bombas fétidas, preparadas, sin duda, para intentar que, una vez iniciado el acto, la Sala tuviera que ser desalojada, al hacerse el ambiente irrespirable.

Comienza el incidente.—Fue exactamente en el momento en

que Su Majestad el Rey, situado ya en el podio de los oradores, se disponía a iniciar su discurso, cuando sonaron en la sala algunos grito» de oposición y silbidos de protesta.

Puños en alto.— Inmediatamente los junteros y parlamentarios de Herri Batasuna, que no llegaban a treinta, se pusieron en pie y, con el puño en alto, comenzaron a cantar el himno nacionalista «Eusko gudariak», una y otra vez.

Reacción fulminante.—Como

los asistentes al acto esperaban alguna manifestación de este tipo por parte de los representantes «batasuneros», la reacción fue inmediata y fulminante. Solamente los representantes de Euskadiko Ezquerra, estrechamente vinculados a Herri Batasuna, permanecieron en silencio. Los restantes miembros del Parlamento y de las Juntas prorrumpieron en aplausos que ahogaron totalmente los cánticos. Como éstos no cesaban, los asistentes rompieron a gritar: «¡Fuera, fuera!», sin dejar de aplaudir y dando vivas a los Reyes.

Él Rey, sonriente.—Don Juan Carlos, que al iniciarse los cánticos, interrumpió sus palabras apenas iniciadas, permaneció en pie, ante el podio de los oradores, tranquilo y sonriente, esperando impasible a que el alboroto diera fin. El Rey fue inmediatamente rodeado por miembros de su escolta personal. La Reina, seria, pero tranquila, permaneció sentada en el lugar que ocupaba en la Presidencia. El «lendakari» Garaicoechea que, como todos los demás miembros del Gobierno y del Parlamento, no cesó de aplaudir, se aproximó, en algunos momentos, a conversar brevemente con Doña Sofía.

Abucheos y orden de expulsión.—En vista de que los «batasuneros» no pesaban de cantar, una y otra vez, el «himno a tos soldados vascos», comenzaron a producirse abucheos masivos contra los perturbadores, oyéndose gritos de «¡Sinvergüenzas, sinvergüenzas!» El presidente del Parlamento vasco pidió, a través de los micrófonos, insistentemente, que se restableciera el orden en la sala, lo que intentaron los miembros del Servicio de Seguridad del Gobierno vasco, de paisano, aproximándose a los que cantaban y pidiéndoles que guardaran silencio. En vista de que se resistían a ello, el presidente dio la orden terminante: «Que sean expulsados de la sala los que no cumplan el Reglamento.» Inmediatamente los agentes de Seguridad pasaron a la acción y con toda energía, a empujones y en varios casos de viva fuerza, sacaron de sus escaños a los representantes de HB, pese a que se resistieron enérgicamente. La expulsión fue aplaudida por todos los presentes, que prorrumpieron de nuevo en vivas a los Reyes.

El presidente del Parlamento vasco ordenó que se cerraran las puertas y rápidamente se restableció el orden en la sala.

Ovación cerrada al Rey.—Otra prueba evidente de que el incidente no fue ninguna sorpresa, es que las primeras palabras del Rey fueron una clara alusión a los boicoteadores, siendo este primer párrafo del discurso acogido con un aplauso clamoroso por los asistentes al acto, como una demostración más de simpatía a Don Juan Carlos y de repulsa a los «batasuneros».

Abucheados en el exterior.—Cuando los boicoteadores fueron expulsados de la Casa de Juntas, intentaron continuar con sus cánticos en el exterior, pero fueron también abucheados y abochornados por el numeroso público que esperaba la salida de los Reyes, repitiéndose allí los vivas a España y a los Soberanos.

 

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