Visita oficial de los Reyes al País Vasco. 
 Herri Batasuna: Usar las instituciones contra la democracia     
 
 ABC.    05/02/1981.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

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NACIONAL

Visita oficial de los Reyes al País Vasco

JUEVES 5-2-8)

Herri Batasuna: Usar las instituciones contra la democracia

El abierto desprecio o la utilización descarada (según conveniencia, y sin el más leve asomo de resquemor ético o político) de las instituciones estatales tanto como de as específicamente autonómicas, constituye la nota más definitoria de la actuactón de Herri Batasuna («Pueblo Unido») en la vida pública del País Vasco. Y su perfecta simetría política y estratégica -cuando menos- con los planteamientos de ETA militar puede ser el aspecto más orientativo de su naturaleza politica.

Sobre estas bases, la trayectoria de la coalición «abertzale» a lo largo de sus casi dos años de existencia se describe mejor que por una actitud política ciara y precisa, como una lucha incesante y frontal contra el proceso de autonomía vasco y contra las fuerzas —estatales o nacionalistas; no se hacen excesivos distingos— encargadas de encauzarlo.

La algarabía cerril, y hasta un punto esperpéntica, montada ayer en la Casa de Juntas de Guernica, no cabe interpretarla, pues, como una reacción aislada y visceral de ios bizarros mozalbetes de HB, sino como el más espectacular de sus comportamientos estratégicos. Apenas es necesario narrar su breve pero significativa historia para comprenderlo.

Nace el conglomerado «abertzale» en las vísperas de las elecciones generales de marzo de 1979, como un intento de capitalizar los votos de las capas más radicales de la población vasca. La coalición se centra en torno a cuatro partidos que ya estaban articulados en el KAS (Coordinadora Abertzale Socialista): HASI, LAIA, ESB y ANV. La cresta de la ola del ultranacionalismo. Pero la plataforma ha surgido con afanes populistas, y así acoge en su seno a una serie de personajes populares (desde Monzón a Iríbar), al tiempo que logra ensartar un conjunto de organizaciones o entidades de corte radical, con un notorio peso específico en la vida ciudadana: gestoras pro amnistía, comités antinucleares, determinados movimientos feministas y vecinales... Este aparente maremágnum resulta a la postre férreamente dirigido por un comité nacional, luego «mesa nacional» creada al efecto. Detrás se levanta, alargada y temible, la sombra de ETA militar. Los terroristas se apresuran a sintonizar con HB y a declararla «su» plataforma política.

Para que no haya confusiones, la coalición esgrime la bandera de la llamada «alternativa KAS», cuyos postulados la organización terrorista los había hecho suyos mucho antes. El llamado «programa mínimo»

recoge, entre otros, los siguientes puntos: amnistía, retirada de las Fuerzas de Orden Público, acuartelamiento y control de las Fuerzas Armadas por el Gobierno autónomo, legalización de todos los partidos políticos, sistema socioeconómico un tanto confuso (de cuño marxista-leninista), cuyo modelo más afín parece ser el albanés...

Sin embargo, su baza electora) no puede ser más afortunada. Obtiene 148.634 votos, lo que le supone el acceso de cuatro de sus más mimados líderes al Parlamento de Madrid: Telesforo Monzón, Pedro Solabarría y Francisco Letamendía, diputados al Congreso, y el senador Miguel Castells.

El «golpe» electoral se repite en las elecciones municipales. El índice de representación de una plataforma que no parece creer en ese tipo de representatividad se alza en torno al 16 por 100 de votantes efectivos. HB formaliza esta cuota de poder para ejercerlo única y exclusivamente en aquellos ámbitos que favorecen su objetivo: la lucha contra el Estado y contra el Estatuto vasco planteado desde la naciente democracia española. Monzón y compañía vienen a Madrid a recoger sus credenciales, con las que pueden cobrar tos sueldos y pasear su inmunidad parlamentaria. Pero ni en pintura aparecen por el Congreso o el Senado. Los «cargos electos» participan en los Ayuntamientos como único nivel

de representación. La peculiar estructura del poder municipal se presta muy bien al desarrollo de la estrategia de HB: en los pequeños núcleos locales consigue a veces atraer a otros estamentos nacionalistas hacia sus propuestas: mociones encaminadas a obstaculizar la acción policial, homenajes a miembros de ETA, inhibición ante la imparable matanza de policías... Desde los Ayuntamientos HB monta también su vociferante oposición al Estatuto. Patrocina la abstención en el referéndum, pero, una vez convocadas las elecciones al Parlamento vasco, se suma, como era de esperar, a la convocatoria. Y cómo (ahora sí que era de esperar) ratifica con creces sus anteriores éxitos electorales. Obtienen 152.162 votos, es decir, 11 parlamentarios.

Mientras tanto, sus líderes más conocidos utilizan su prestigio para hacer declaraciones que rayan o sobrepasan el límite de la Ley. Monzón, Letamendía y Castells.son acusados de apología del terrorismo.

Las Cortes Generales conceden los preceptivos suplicatorios y son procesados por el Tribunal Supremo.

Pese a todo, el 26 de marzo de 1980, cuando ya los partidos LAIA y ESB han abandonado la coalición, HB presenta su solicitud de inscripción en el Registro de partidos. Aunque con notable desenvoltura manifiesta respetar el ordenamiento constitucional, los documentos son enviados al Ministerio fiscal.

Una de las cuestiones que con más insistencia se han planteado en torno a Herri Batasuna es la de sus relaciones efectivas con ETA. La Policía ha detenido, a lo largo de estos años, a más de diez militantes de la coalición (algunos de ellos cargos electos),

 

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