Estancia de los Reyes en Euskadi. Discurso de Garaikoetxea. 
 "Actualizar el fuero es plantar una legítima concepción del Estado y de nuestro autogobierno"     
 
 El País.    05/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Estancia de los Reyes en Euskadi

Discurso de Garaikoetxea

"Actualizar el fuero es plantar una legítima concepción del Estado y de nuestro autogobierno"

Texto íntegro del discurso del presidente del Gobierno vasco, Carlos Garaikoetxea:

«Majestades: bienvenidos a la Casa de Juntas de Guernica. No es la primera vez que venís a este histórico lugar. Cuando el trabajo de vuestra formación os permitió visitar este país veníais, vos, señor, hacia este lugar como si una profunda querencia genealógica os impulsara a ahondar en las raíces de los pueblos que un día ibais a regir. Y en cuanto pudisteis traer a vuestra augusta esposa vinisteis juntos. Principes de España, primero el 13 de abril de 1966, y después, el 28 de octubre de 1971. De esta última visita se guarda, en lugar preferente de esta casa, la fotografía en que ambos, señor y señora, expresáis vuestro amor a esta tierra y a sus venerables instituciones.

Volvéis a Guernica como Reyes de España en un momento harto significativo de nuestra historia, y nos congratulamos por vuestra visita, que revela el deseo de conocer de cerca los problemas y aspiraciones de esta tierra.

Aquí mismo, a la sombra del roble milenario, nuestros antepasados recibían a los reyes de Castilla. Por aquí pasaron, bien lo sabéis, ya que esta era la puerta sellada con sagrado juramento por donde entraban a ser señores de Vizcaya. Nos basta con alzar los ojos hacia esos medallones para evocar a los reyes que juraban los fueros, comenzando por Juan I de Castilla, en 1371. Siglo tras siglo, otros monarcas, aparte de los representados en estas lápidas, confirmaron nuestras viejas libertades.

Un día, esta secular iadena se rompió, nosotros creemos que para mal de ambas partes, que así se juraban una mutua fidelidad, unificante y enriquecedora, desde la libertad.

Sabéis que en el pueblo vasco se ha mantenido viva la idea de sus fueros como pacto, en virtud del cual las instituciones libremente acordadas por sus habitantes eran respetadas por sus reyes y señores, que manifestaban así su asentimiento a la voluntad popular y obtenían la mejor legitimidad en el ejercicio del poder y la fidelidad de los vascos.

Cuando en épocas recientes hemos venido evocando esta reivindicación popular y secular no tratábamos de repetir la historia en sus estrictos términos, pues las instituciones históricas, fuera del contexto social en el que surgen, pueden combatirse como mitos o antiguallas. Actualizar el fuero no significa hoy el respeto irracional y emotivo a fórmulas políticas anacrónicas, sino la recuperación de unas libertades originarias que permitan una concepción profunda del autogobierno de Euskadi, compatible con nuestra solidaridad con todos los pueblos de España, a los que queremos entrañablemente. Es, en definitiva, plantear una legítima concepción del Estado y de nuestro autogobierno, avalada, de acuerdo con los esquemas de cada época, por una larga experiencia histórica, cuya ruptura violenta nos impidió actualizar las viejas libertades en esta sociedad moderna desde nuestra creciente conciencia colectiva de pueblo, que desea mantener su identidad en solidaridad con los demás.

Autogobierno dinámico y progresivo

Volvéis cuando esta aspiración de autogobierno empieza a cristalizar, y tenéis nuestro reconocimiento por vuestra condición de impulsor del cambio democrático y del proceso autonómico, en particular. Y a la vez que expresamos nuestra ilusión y reconocimiento por este proceso autonómico incipiente, queremos manifestaros, igualmente, nuestra esperanza en la continuidad y rapidez de tal proceso, que está dando aún sus primeros aunque importantes pasos, y al que resta todavía un largo camino para su pleno desarrollo.

Hoy, el Estatuto de Autonomía viene a reconocer a los territorios históricos vascos un marco de autogobierno dinámico y progresivo, de acuerdo con lo que establezca el ordenamiento jurídico, en un proceso de actualización de sus derechos históricos. Queremos restañar las heridas que la historia nos dejó y pretendemos actualizar el autogobierno que corresponde a Euskadi por la voluntad popular y por la propia historia.

Pues bien, Majestades, aunque parezca anecdótico, el apogeo de la historia de España coincide en expresión textual de algún historiador "con la edad de oro del Gobierno Foral recto y libérrimo".

Y, a la inversa, coincide también el ocaso triste de aquel apogeo con la extinción final de nuestras libertades forales originarias.

Esto es la historia, Majestades. Dentro de la historia estamos, y no debemos temer recomponerla respondiendo a las aspiraciones de este pueblo, porque los miedos a la historia suelen nacer muchas veces de una historia mal aprendida o mal enseñada.

Si acertamos todos a mirar con generosidad y ojos limpios, y nada mejor que lavarlos en ese puro manantial que es la historia, esta nueva etapa autonómica que acabamos de inaugurar encontraremos más espacio para la esperanza que para los temores.

Permitidme, pues, Majestades, que termine esta bienvenida con un gesto de esperanza en el futuro, sin soslayar la alusión a los problemas esenciales que este pueblo tiene planteados.

Euskadi sufre especialmente la crisis económica y el paro por su especial configuración industrial y por los problemas específicos que derivan de su anómala convivencia.

Quienes tenemos responsabilidad de gobierno en este país esperamos los apoyos necesarios para aliviar el desempleo, la crisis industrial y los problemas infraestructurales que heredamos del pasado.

Tenemos igualmente esperanza en la normalización de la convivencia de Euskadi. Con observancia rigurosa de la ley, pero dispuestos todos a un esfuerzo gigantesco de pacificación, para acabar con una violencia cuyas raíces son más profundas de lo que parecen.

Y miramos con esperanza e inmenso respeto a ese territorio histórico hermano de Navarra, igualmente contemplado en el marco estatutario, con el deseo ferviente de que cese la crispación y el enfrentamiento visceral en torno a nuestro proyecto político y se inicie un diálogo racional que permita a los navarros ejercer libre y serenamente sus opciones.

Deseamos, en fin, Majestades, además de expresaros estas principales preocupaciones y esperanzas del momento en Euskadi, reiteraros de manera inequívoca nuestro propósito decidido de hacernos solidarios y corresponsables en los problemas de Estado, cuyas responsabilidades fundamentales vos habéis sabido asumir ejemplarmente.

Majestades, en nombre de Euskadi, bienvenidos a este pueblo, que es el vuestro».

 

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