Juan Carlos dio el primer paso     
 
 Diario 16.    06/02/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Juan Carlos dio el primer paso

Algo extraordinariamente notable ha sucedido cuando representantes de partidos políticos republicanos canos en sus orígenes han rivalizado en elogios hacia el Rey como representante y animador de la democracia a; cuando Mario Onaindía, miembro de la íor mación política más próxima a ETA (p-m), Euskadikp Ezkerra, tiene que reconocer que la Monarquia representa la tolerancia, la libertad y la democracia; cuando grupos de gente se instalan en el aeropuerto de Barajas, sin que nadie se preocupe de su traslado y sus dietas como en aquellas manifestaciones patrióticas cas, y reciben a los Monarcas con el grito «El Rey us un valiente».

Algo extraordinariamente notable ha sucedido, en efecto, porque parece haber nacido un sentimiento de aproximación hacia la Corona después de que la radio y te televisión —que esta vez sí estuvieron donde y como deben estar mosftara» la recarudad gj valor y la la dignidad desconocidas de un Rey.

Esa frase tan repetida ayer —«El Rey ha hecho más monárquicos en cinco minutos que en cinco años» reíleja una realidad porque, de pronto, muchos han tenido la oportunidad de ver en acción a Don Juan Carlos y de sintonizar con su responsabilidad como cabeza de un problemático Estado.

A la hará del balance, lo más plástico es fijarse en esa vía de simpatía .y comunicación que empieza a establecerse entre el pueblo y su Monarca. Hay una distancia incalculable entre un «Viva el Rey» gritado protocolariamente y un «Viva el Rey» sentido y espontáneo. Y parece que ya las adhesiones a la Corona empiezan a salir del corazón antes que´del cerebro.

En un país políticamente aburrido, en el que lailán líderes, donde no hay símbolos ni fechas, ni un simple motivo para la convocatoria, hay que reconocer como un momento crucial ése en que los ciudadanos vuelven espontáneamente sus ojos hacia una figura y encuentran en ella los motivos para la esperanza que en tantas circunstancias se les niegan.

Quienes aconsejaban al Rey que no viajara alPais Vasco, por miedo a un hipotético peligro, habrán de reconocer que el balance difícilmente podría ser más positivo. Y que el gesto de la Corona, defendiendo la libertad en una tierra donde el terror la rompe cada día, pone ahora las cosas en su sitio y clarifica la gi a ve responsabilidad de quienes tienen la obligación do gobernar con eficacia.

Después del viaje real a Euskadi, el pueblo vasco tiene ante sí la decisiva tarea de luchar por su libertad tad, y de ese empeño no puede claudicar, como tañí poco .puede hacerlo el partido mayoritario, el PNV, que debe decidirse de una vez a gobernar con auto´ri dad, sin los eternos titubeos ante las posturas supuestamente vasquistas y el chantaje terrorista.

Quienes están con los terroristas son los nuevos totalitarios, como demostraron en la Sala de Juntas de Guernica y pudieron comprobar todos los españoles por televisión. Herri Batasuna, coalición minorita ria, dio una lección de comportamiento antidemocrá tico ante quien, como está más claro cada día, repre senta la llegada de la democracia y la libertad.

Han caído afortunadamente muchas caretas. Ahora ra hay que arrinconar a estos enemigos de la sociedad. El Rey, aguantando serenamente el incidente, J;~ °i nrimer naso. En el País Vasco deben darse los

 

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