Autor: Salas, Juan Tomás de. 
   Con un Rey así     
 
 Diario 16.    06/02/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

JUAN TOMAS DE SALAS

Con un Rey así

Juan Tomás de Salas, editor de DIARIO 16, fue anteayer testigo presencial de los inolvidables sucesos de la Casa de Juntas de Guernica. «Con un Rey así, este país va a salir de la angustia a toda prisa», indica en este artículo, a modo de síntesis de sus impresiones y emociones.

Después de asistir a la tragicomedia que protagonizó Herri Batasuna en la Casa de Juntas de Guernica, uno llega a la triste conclusión de que si el Gobierno del señor Suárez hubiera autorizado a Don Juan Carlos a viajar al País Vasco hace, tres años, ni siquiera existiría ahora Herri Batasuna. En aquella pequeña y simbólica Casa se produjo el miércoles un hecho histórico que parece augurar las mejores venturas a este país hoy tan desconsolado. Como decía una joven periodista: «Con este Rey yo ya me he vuelto monárquica y nos vamos a volver monárquicos todos.»

Ocurrió algo dificil de explicar. Se produjo una repentina comunicación entre un pueblo y su Rey. No se sabe cómo nos reconciliamos todos con nosotros mismos al encontrar en Ja Jefatura del Estado a alguien que nos representaba tan bien. Y es que el Rey sonreía, Lo más importante de aquel curioso acontecimiento es que el Rey sonreía Con calma de karateka o de gurú, el Jete del Estado se colocó por encima de las divisiones que tan serias nos parecen a tantos españoles, y nos encarno a todos sin dejarnos arrastrar por el sentimiento trágico de la vida.

Potemkinos hasta la médula

Suslov debía tenerlo todo perfectamente planeado. Cuando se levantaron los muchachos puño en alto y canción en boca, resucitó milagrosamente cualquiera de aquellos cuadros del socialismo realista e histriórico de hace cincuenta años. Los muchachos de Herri Batasuna, polemkinos hasta la médula, representaban cualquiera de aquellas películas antiguas con el tema siempre heroico de los obreros contra el zar. Y durante unas décimas de segundo la tragedia potemkina parecía auténtica. Pero sólo fue un instante. Inmediatamente después la magia de Suslov se fue al trastajo cuando los aplausos y vivas al Rey aplastaron los sones de la bella caución vasca del soldado. La tragedia se volvió farsa en el acto.

No hay nada más ridiculo que unos seres que vociferan sin sonido. Quite el sonido de la televisión cuando alguien pronuncie un discurso tronitronunte y verá como el temor se vuelve carcajada. Y a los muchachos de Herri Batasuna les pasó exactamente eso. Vociferaban sin ruido, mientras loa aplausos y vivas al Rey llenaban de estruendo la Sala de Juntas de Guernica. Y en ese mismo instante apareció Ja sonrisa en la cara del Rey y en el alma de casi todos los presentes. El drama proletario de Suslov, anacrónico hasta los tuétanos, se convirtió en farsa divertida de la «facu». Aquellos muchachos que querían

reencarnar a Lenin parecían comparsas de un numerito entretenido del paso del ecuador de cualquier Facultad de Derecho de hace veinte años. «Vamos a hacer de payasos potemkinos.»

Lo debió pasar de miedo

Y ya en plena payasada, los representantes del País Vasco reaccionaron, igual que el Rey, con ua espíritu deportiva sorprendente Parecía que asistíamos a un concurso de levantapiedras o a un partido multitudinario de pelotaris.

Se crearon de inmediato dos equipos. Uno que vociferaba en silencio y el otro que aplaudía para que no se oyeran las vociferaciones.

Había ya su pique y su emoción de hinchas del fútbol. Aplaudíamos lo suficiente para que no se oyera a los otros y sentíamos la diversión de que mucho más iban a durar nuestras palmas que las gargantas del adversario.

Si les dejamos cantar diez Minutos mas hoy estaría Herri Batasuna en pleno en manos del otorrino.

Aquel partido lo tenían perdido. Los vascos aplaudían a rabiar, encantados de incordiarles la marrana a aquellos rompefiestas tan anticuados y tan raros. Los muchachos de Herri Batasuna parecían eces rusos de 1917 en un aeropuerto de 1981. Anacronias, payasadas, deporte, buen humor, futuro, España.

¡Y qué Rey! Lo debió pasar de miedo. Allí cada uno hacía lo que quería: los unos gritaban y los otros aplaudían. La frialdad del PNV se tornó apoyo deportivo y firme a la figura de un Rey que se negaba a la tragedia y que era capaz, allí mismo, de ser Rey de todos, hasta de los muchachos levantapuños, parientes de Suslov y hermanos de la momia de Lenin.

En aquellos momentos se produjo lo que faltaba hasta ahora, la identificación de la inmensa mayoría de los vascos con la institución que ha hecho posible la España libre y, por tanto, la identificación con la España libre. Después de Guernica a la sombra del sonriente y viejo árbol, se ha firmado ]a paz con las vascos y entre los vascos. El equipo de orden del PNV echó a los rompebodas con pocos miramientos, pero respetando todas las reglas de un boxeador que vapulea a su contrario porque es mejor y más fuerte.

Hasta el PNV abandonó la frialdad y la inquietud, para divertirse estruendosamente apostando por el Rey y por España.

Pavoroso ridículo

Mi impresión es que no hay Suslov que haga levantar cabeza a los muchachos rompefiestas. Porque no hay revolución posible cuando sus líderes cometen tan pavoroso ridículo que hacen hasta gracia.

Sí el buen Rey Juan Carlos hubiera viajado al País Vasco hace tres años todo hubiera sido tan distinto que ni siquiera existiría la comparsa airada de Herri Batasuna. Hay que darle la vuelta al cantar: Tenemos un magnífico señor y hay que confiar en que seremos además buenos vasallos. Con un Rey así, este país va a salir de la angustia a toda prisa y los vascos nos pueden dar enormes alegrías en el camino de la paz y de la libertad recién ganadas. Los vascos sólo esperan sellar con un abrazo la guerra civil que los separa para volver a crear riqueza, cultura e historia como bellacos. La historia camina por extraños vericuetos, pero debajo de aquel roble es indudable que la magia de un pueblo milenario se da cita. Se dio cita con un buen Rey y esta marcha alegre ya no hay quien la pare.

 

< Volver