Los Reyes visitaron ayer el acuartelamiento de Loyola y la localidad pesquera de Fuenterrabía. 
 Con un abrazo entre don Juan Carlos y Garaikoetxea se cerró el viaje real a Euskadi.     
 
 El País.    06/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Los Reyes visitaron ayer el acuartelamiento de Loyola y la localidad pesquera de Fuenterrabía

Con un abrazo entre don Juan Carlos y Garaikoetxea se cerró el viaje real a Euskadí

Viene de primera página

Los Reyes, acompañados por Carlos Garaikoetxea, y otras autoridades, saludaron a los mandos militares, y, en medio de una lluvia torrencial, tras pasar revista en el patio central a las secciones formadas que les rindieron honores, presenciaron el desfile de las tropas, pasando luego a reunirse con los jefes, oficiales y suboficiales.

Especial atención provocó la presencia de Carlos Garaikoetxea, que, por primera vez, en su calidad de presidente del Gobierno vasco y representante ordinario del Estado, visitaba un acuartelamiento militar.

Posteriormente, el lendakari, al comentario hecho por los informadores en tomo a la sorpresa que su visita en un cuartel había producido, dijo: «Pregúntenles ustedes los motivos a quienes se sorprenden por ello.

Esa no es mi profesión», afirmó al referirse a su ausencia en actos castrenses.

Tras abandonar el acuartelamiento de Loyola, en cuyos alrededores se habían concentrado un centenar de curiosos, los Reyes se dirigieron en automóvil a la localidad pesquera de Fuenterrabía. La autopista, por la que accedieron a la villa, estaba fuertemente custodiada por un impresionante dispositivo de seguridad integrado por efectivos de Guardia Civil y de las UAR (Unidades de Acción Rural), apoyadas por varias tanquetas. La vigilancia era especialmente intensa en la zona de Rentería, localidad donde los actos de protesta contra la visita de los Reyes han tenido mayor virulencia en los últimos días. Precisamente la carretera nacional Madrid-Irún conoció ayer nuevos cortes en la circulación, provocados por las barricadas colocadas por grupos de manifestantes. El núcleo urbano de Fuenterrabía, y más concretamente los alrededores de la Cofradía de Pescadores, donde se esperaba a los Reyes, estaban prácticamente tomados por efectivos de la Policía Nacional, estratégicamente situados en calles, ventanas y tejados.

En los alrededores del edificio y en las ventanas de las viviendas cercanas, numeroso público recibió con aplausos la llegada, minutos antes de mediodía, de los Reyes, a quienes acompañaba el presidente del Gobierno vasco, los ministros de Defensa y de Interior y el delegado del Gobierno. Cuando el vehículo de los Reyes llegaba junto a la Cofradía de Pescadores (en cuyas paredes y de forma bien visible se veía una pintada en lengua vasca que decía «Reyes no, amnistía sí»), una veintena de jóvenes situados a escasos metros del mismo entonaron, puño en alto, el Eusko Gudariak. Por momentos, quizá por el recuerdo del día anterior en Guernica, se denotó nerviosismo y visible enfado en los servicios de seguridad de los Reyes. Un sector del público trató de acallar con gritos de «Fuera, fuera, fuera» las voces ftel grupo contestador del acto, que concluyó el himno citado con gritos de Presoak^kalera («Presos a la calle») y Amnistía osoa («Amnistía total»).

Cuando los Reyes, a los sones del Agur Jaunak (himno de saludo y despido) entraban bajo un arco formado por remos de pescadores, arreciaron los aplausos y se escucharon vivas a los Reyes y algún grito aislado de «Viva España». Como en otras ocasiones, los efectivos humanos de Alianza Popular, reducidos pero ruidosos, con banderas españolas, pusieron esa pincelada patriótica que se ha repetido en casi todos los actos de la estancia de los Reyes en el País Vasco.

Minutos antes de las doce del mediodía, los Monarcas se asomaron al balcón de la Cofradía para saludar al público, que, con aplausos, pedía su presencia. Posteriormente se reunieron en un salón con la Corporación municipal y las cofradías de pescadores de Guipúzcoa y algunas de Vizcaya. Entre los presentes se encontraba José María Silvetti, presidente de la Federación de Cofradías de Guipúzcoa y militante destacado de UCD en esta provincia, que abandonó hace unos meses el País Vasco, según afirmó entonces, por amenazas de muerte recibidas de parte de los comandos autónomos.

Los representantes de los pescadores informaron con detalle a los Reyes de la situación crítica que se registra en el sector de la pesca en el País Vasco a consecuencia de las prohibiciones de la Comunidad Económica Europea de faenar en los caladeros tradicionales de merluza.

Concretamente, la Cofradía de Fuenterrabía expuso la conflictividad permanente —con frecuentes detenciones de pesqueros por patrulleras francesas— que se produce en el caladero Erreka, donde siempre faenó la flota de la localidad.

Dicho caladero se encuentra justamente en la línea entre las aguas francesas y españolas, según se mostró gráficamente a los Reyes sobre las cartas marinas. Los pescadores pidieron que los Reyes medien para que por medio de una negociación se logre tolerancia por parte francesa para los pesqueros españoles en una franja de doscientos metros. El Rey prometió a los representantes de las cofradías que informaría del tema a los responsables del Ministerio de Asuntos Exteriores para que éstos realicen las gestiones pertinentes.

Al término de la reunión, y mientras José María Silvetti abandonaba la cofradía fuertemente escoltado, los Reyes departieron informalmente con los pescadores en el comedor del edificio, donde se les ofreció un aperitivo.

Poco antes de las 13.00 horas llegaron los Reyes al aeropuerto de Fuenterrabía, donde, antes de tomar el avión de la Fuerza Aérea española, que les trasladarían a Madrid, fueron despedidos por las autoridades militares, civiles y autonómicas. El Rey abrazó a Carlos Garaikoetxea en un clima de cordialidad y simpatía, poco antes de subir al avión, en el que ocuparía asiento en la cabina de mandos. A pocos metros de la pista, unos centenares de personas, fundamentalmente mujeres, despedían con algunos gritos a los Reyes.

Lluvia y tibieza en San Sebastián

Algunos incidentes se registraron en la noche del miércoles en torno a la cena que la Diputación Foral de Guipúzcoa ofreció a los Reyes. Desde las 21.30, media hora antes de la señalada para el acto, dos grupos de personas se enfrentaron verbalmente ante la puerta principal del palacio de la Diputación. Mientras unos gritaban frases contra la Monarquía y la persona de los Reyes, otros daban vivas a sus Majestades, agitando banderas de España. Poco antes de las 22.00 horas, la Policía Nacional disovió con extremada dureza al primer grupo y se enfrentó en algunos momentos con el segundo.

En el interior del palacio, el presidente del Gobierno vasco, Carlos Garaikoetxea, ordenó a dos miembros del servicio de orden de las instituciones autonómicas que expulsaran al teniente de alcalde de San Sebastián, Félix Soto, perteneciente a Herri Batasuna, que había sido invitado a la cena. Según fuentes oficiales, Soto había seguido durante varios minutos al lendakari criticando en voz alta su actuación y pronunciando con insistencia términos ofensivos e insultantes.

En relación con el mismo acto, ayer se desmintió de modo tajante en medios oficiales una versión según la cual se había arrojado lejía en algunos de los platos que componían el menú, que había sido preparado en un restaurante de la parte vieja. Sin embargo, parece confirmado que un grupo de personas trató de volcar la furgoneta donde se transportaba parte de la cena hasta el palacio de la Diputación Foral.

Uno de los momentos más significativos del banquete se produjo cuando don Juan Carlos recibió, muy emocionado, el saludo del socialista Benigno Bascarán, histórico dirigente del PSOE de Eibar, que participó en la proclamación de la República en aquella localidad el 13 de abril de 1931.

Por lo que respecta a la acogida que recibieron los Reyes en la capital de Guipúzcoa, puede considerarse tibia. El paso de la comitiva real por las calles de la ciudad ayer por la mañana fue presenciado por grupos reducidos de personas, que sumaron en total varios centenares. La carretera de Ayete y la plaza de Pío XII, que formaban parte del trayecto de los Reyes, aparecían engalanadas con banderas españolas e ikurriñas, detalle que no se había observado en ningún otro momento de la visita.

 

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