Perfil humano del hombre que con su serenidad se ganó en Guernica a los vascos (I). 
 Todo un Rey     
 
 Diario 16.    09/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TODO UN REY

El profundo impacto que ha causado en la opinión pública el comportamiento de Don Juan Carlos durante su visita al País Vasco pone de actualidad la dimensión de ese gran desconocido que es en el fondo el Rey de España. Con objeto de llenar este vacío iniciamos hoy la publicación de una serie de extractos del libro «Todo un Rey», editado por Fies y escrito por Pilar Cernuda, José Oneto, Ramón Pi y Pedro J. Ramírez.

Perfil humano del hombre que con su serenidad se ganó en Guernica a los vascos (I)

LA Zarzuela es poco más que un gran chalet, sin aires de palacio, que fue asignado como vivienda a la familia de Juan Garlos de Borbón cuando aún vivía Franco. Una vez que Don Juan Carlos fue proclamado Rey, tanto él como la Reina Sofía decidieron seguir residiendo en La Zarzuela. Para reservar exclusivamente el palacio de Oriente a las audiencias más significativas y a las galas o recepciones oficiales. Incluso algunas de las recepciones periódicas de los Reyes se ceiebran en el palacio de La Zarzuela, aunque el salón del que disponen es pequeño —apenas caben cien personas de pie y suelen abrir-

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al jardín para que los invitados disfruten de mayor espacio.

Al primitivo palacio se añadieron dos alas —una con las habitaciones privadas de la Familia Real— y edificios anexos, en los que se centralizan los servicios de seguridad; también se ha construido un helipuerto para evitar los trastornos de tráfico cuando los Reyes deben trasladarse al centro de Madrid. En helicóptero viaja en ciertas ocasiones el Rey al palacio de Oriente y aterriza en la plaza de la Armería, y en helicóptero se traslada habitual-mente al aeropuerto de Barajas.

Del servicio de La Zarzuela forman parte dos ayudas de cámara del Rey, que se turnan en sus funciones y que, en las grandes ocasiones, deben vestir la chaqueta de camarero y ayudar a sus compañeros. Dos doncellas, dos camareros y personal que se ocupa de la limpieza de la vivienda y despachos de La Zarzuela. Igualmente reside allí miss Ménica, una señorita inglesa que se dedica, fundamentalmente, al Príncipe Felipe y a las Infantas, y habla inglés con ellos para que practiquen y perfeccionen el idioma. También hay en La Zarzuela un cocinero y un personaje clave en la buena marcha de la «casa»: Mercedes, que ejerce el trabajo de gobernanta.

En cuanto al palacio en sí, por sus pequeñas proporciones, es difícil deslindar la zona estrictamente familiar de la zona de trabajo o despachos; si bien las habitaciones privadas están situadas en una de las alas, hay una serie de salas que se pueden considerar casi comunes. En la parte familiar, hay un comedor en el que solamente caben una docena de personas sentadas. Los dormitorios, habitaciones para invitados, cuarto de estudio para el Príncipe y las Infantas.

Videoteléfono

Casi todo el mobiliario de La Zarzuela pertenece al Patrimonio Nacional excepto algunas obras de arte recientemente compradas por la Familia Real española. Muebles clásicos y cómodos marcan la tónica general. El despacho del Rey es amplio, no demasiado grande, presidido por la mesa dé trabajo.

Biblioteca de madera, de roble, un tapiz con el escudo riacional, la bandera española y un cuadro de Dalí. Sobre la mesa, varios teléfonos: la línea general que pasa por centralita, la línea oficial, el inte.rfono que le comunica con los distintos despachos de la casa, y el teléfono de la linea privada. Se ha hablado mucho

del videoteléfono que comunica La Zarzuela con la Moncloa, pero ese videoteléfono no se utiliza prácticamente nunca. También en el despacho, un radiocassette y un aparato de televisión. En una sala vecina tiene el Rey sus «caprichos» electrónicos: un buen aparato de estéreo, sus discos, cassettes, televisión.

En catalán

Las relaciones del Rey con el entorno político son cordiales, espontáneas, fáciles. Por ejemplo telefoneó a Jordi Pujol, presidente de la Generalitat, para preguntarle por su hijo, que había tenido un

accidente en Madrid; cuando el presidente anterior, Tarradellas, visitó por primera vez La Zarzuela, salió a recibirle un ayudante de campo del Rey que, a indicación de Juan Carlos, le saludó en catalán y le condujo hasta el despacho donde se iba a celebrar la audiencia, consiguiendo aSí que el estricto y honorable Tarradellas iniciase la entrevista con un estado de ánimo muy diferente al que había previsto.

También la primera vez que el líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Heribert Barrera, visitó La Zarzuela, acudió con media hora de retraso, con gran apuro, porque el taxi que había cogido en el aeropuerto le había llevado al teatro de la Zarzuela, en vez de a la residencia real, y cuando balbuceaba, nervioso, una disculpa, el Rey le tranquilizó contándole que a su hermana la infanta Pilar le había sucedido exactamente lo mismo, con el agravante de que ella llegó a preguntar en el teatro por el «Príncipe Juan Carlos» y un conserje le respondió que no existía ningún actor con ese nombre. Ante esta anécdota Heribert Barrera se quedó más tranquilo.

Con Felipe

Felipe González, líder del principal partido de la oposición, había organizado minuciosamente su primera entrevista con el Rey.

El líder socialista llegó en su 131 amarillo, acompañado de Javier Solana —que ya conocía al Rey— y con su inseparable Juani-to Alarcón al volante. En contra de su costumbre, el Rey empezó a tratarle de usted —normalmente tntea a todo el rmindo— y a los pocos minutos de haber iniciado la conversación le dijo: «Si no te importa voy a tratarte de tú.»

A Felipe González, por supuesto, no le importaba y continuaron la conversación con el «tú» del Rey a Felipe y el «usted» de Felipe al Rey. Y tratamiento de «señor», no de Majestad, tratamiento que, por otra parte, es el que prefiere Don Juan Carlos. Hablaron de la situación política, de las inminentes elecciones; de la campaña, de las perspectivas de futuro, de la legalización de los partidos políticos de izquierdas, de la legalización del PSOE histórico... y de pronto, Don Juan Carlos formuló a Felipe González la única pregunta que, por insólita en un rey, no habían previsto: «¿Por qué tenéis que ser necesariamente un partido que defiende la república como forma de Estado?»

Felipe González dudó unos segundos, sólo unos segundos y, con la «reprise» propia de un líder político joven, respondió citando el ejemplo de Sue-cia, donde los socialdemócratas gobernaban sin problemas con la Monarquía, a pesar de su carácter republicano.

MAÑANA, SEGUNDO CAPITULO

¿Tiene amigos el Rey?

«Cuando Barrera fue por equivocación al teatro de la Zarzuela, el Rey le explicó que a su hermana le pasó una vez lo mismo y que allí le dijeron que no había ningún actor que se llamara Juan Carlos»

 

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