Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   Madariaga y el eurocomunismo     
 
 ABC.    20/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

MADARIAGA Y EL EUROCOMUNISMO

ESCUCHE el nombre de Mada r i aqa por primera vez allá en los años de mi niñez. Madariaga era un

parlamentario de las Derechas, obrero por mas señas, que creo que se llamaba Dimas, y murió

asesinado en la zona republicana. Madariaga era una señora que me parece que actuaba también en la po

lítica de las Derechas por aquellos años... y don Salvador.

Don Salvador de Madariaga había sido ministro efímero de Instrucción Pública en un Gobierno de don

Alejandro Lerroux y, sobre todo, aparecía para mi como un ginebrino que, entonces, en mi niñez y desde

Benavente, un pueblo de la provincia de Zamora, era como hablarme ahora de un diplomático acreditado

en la Luna, un ser distante y casi mítico de una diplomacia tan llena de formas que más bien parecía un

galimatías, discutiendo sobre el desarme, sobre las sanciones a Italia por la guerra de Etiopía o tratando

de avenir a las partes en lucha en el conflicto del Chaco. Eran los años treinta, cargados de dinamita que

no tardó en explotar.

Poco después de terminada nuestra guerra y en pleno conflicto universal, la pluma, más que la voz de don

Salvador, se asomaba cada noche a los micrófonos de la B. B. C. de Londres para hacer una crítica

sistemática del régimen de Franco. Creo que Madariaga en aquellos años fue uno de los hombres que

actuó de una manera más radical contra la filosofía y las estructuras del régimen nacido de la guerra.

Apoyaba ciertamente la causa de los aliados, pero sus palabras tenían otro motor: Su enemiga irre

conciliable con la situación española. Sus convicciones le llevaban a posponer cualquier razón de

prudencia política ante las heridas sangrantes de España, tras la guerra, ante las pasiones desatadas del

mundo sobre nosotros, defendiendo de manera terca, creo que políticamente equivocada, pero

doctrinalmente lúcida, la fórmula política que ahora vivimos en nuestro país, pero treinta y tantos años

antes.

Se fue apagando en los aires de la noche española la voz de Madariaga, lanzada como un proyectil por la

B. B. C. de Londres. Y entonces conocí al Madariaqa de sus libros. Su defensa del régimen corporativo

llena de sinceridad, aunque quizá contradictoria con su propia filosofía; su "Bolívar», impresionante

estudio, y alegato a la vez, sobre la independencia americana, y su "España», llena de pasión, pero

también de observaciones atinadísimas. Durante muchos años recordé su capítulo de «Los fres

Franciscos», refiriéndose a Francisco Giner de los Ríos, Francisco Largo Caballero y Francisco Franco

Bahamonde.

Tras su regreso a España, a la muerte del Generalísimo Franco, como pionero de un exilio marginal que

volvía tras una victoria que sólo la muerte le había proporcionado, volvió otra vez a su exilio don

Salvador que, ahora, cargado de experiencia y excelente juicio, del que venia dando testimonio en

numerosos trabaios y artículos periodísticos, se ha ´evelado. además, como un consumadopolítico

praqmatico en su articulo publicado en "Gaceta Ilustrada», del 3 de abril de 1977, del que me permito en

tresacar los siguientes párrafos:

*Lo de los comunistas disidentes requiere aclaración: ¿Son los de verdad o los de mentirijillas? Los de

verdad son Sajarof, Solzhenitsin, Bucovsky y tantos otros que se declararon en franca y valiente

oposición al "Partido Comunista" ruso y tuvieron que pagar su valentía con los calvarios que ya

conocemos. Los de mentirijillas son los Marcháis, Berlinguer, Carrillo y tantos otros que quieren que

creamos que no piensan como el partido ruso. Se distinguen de los de verdad en que no están más que en

oposición aparente, mero ardid de guerra para mejor vencer. ¿Cómo vamos a creer que estos disidentes

desientan de verdad cuando se tragaron el asesinato de Nagy Y Maleter en Budapest en 1956 y el rapto de

Checoslovaquia por Breznef y su fuerza aérea el 68? Por mucho que se quieran pintar la máscara con los

colores nacionales sabemos que llevan máscara; y que su supuesta disidencia es mero disfraz de guerra.

Por lo tanto no nos dejamos engañar.»

"El eurocomunismo es otro siniestro carnaval. Del europeísmo de los comunistas estamos ya enterados

por los repetidos rechazos que la idea de federar a Europa halló en Moscova desde el primer día.

Gradualmente los amos de Rusia fueron cambiando de opinión. La fórmula estaba clara: el Occidente

federa y el Oriente lo come ya bien aderezado de federalismo.»

"Ya conocíamos los hábitos federalistas de Rusia. Consistían en someter a los países por la fuerza del

ejército ruso y quedarse con su independencia, riqueza y porvenir con el pretexto de federarlos. Si no

cumplían con las órdenes de Moscova ya sabemos lo que decía Stalin: liquidar los Gobiernos regionales

y llevar a los pueblos enteros a Siberia.»

"En los partidos que aspiran a darse por favorables a la clase obrera hay una rica gama de etiquetas: los

socialistas no marxistas que se suelen llamar socialdemócratas por mote traducido (mal) del alemán; los

socialistas marxistas no comunistas: los comunistas marxistasleninistas, que son los de la obediencia

rusa: los maoistas que, muerto Mao. Dios sabe cómo se llamarán, y quizá algunos más que no recuerdo.

Si traigo a cuento esta lista es para hacer constar que si es verdad —como alegan ahora muchos que se

dicen comunistas disidentes— que el comunismo de los países occidentales quiere afirmar su

independencia de Moscova, no se comprende muy bien por qué siguen llamándose comunistas. Con

cambiarse el nombre y llamarse socialistas estaría resuelto. Pero mientras un partido se siga llamando

comunista, por muy disidente que se adjetive, el público continuará considerándolo como instrumento

más o menos disfrazado de la Unión Soviética.»

"Por otra parte es necesario insistir en que, desde Lenin, comunista quiere decir enemigo a muerte del

socialismo; como lo prueba el hecho de que en ningún país dominado por la Unión Soviética se tolera

ningún otro partido que el comunista y están, desde luego, expresamente prohibidos todos los partidos

socialistas.» "Por lo tanto, nosotros, los meros observadores, tenemos derecho a dar por seguro que el

liberalismo aparente de /os comunistas occidentales de hoy es mera postura táctica para ver de conquis tar

el Poder engañando a los electores; y que, una vez logrado el Poder, procederían a la liquidación del

socialismo y de los socialistas.»

Por mi parte, don Salvador, no niego, sino que creo en la evolución de las ideologías, porque nada en el

mundo está quieto sino que todo se altera y cambia, pero los ritmos históricos no son uniformes, sino

muy diferentes en cada caso y además la propia ideología en evolución actúa de manera diferente según

las circunstancias humanas y cambiantes. No es lo mismo la evolución del cristianismo como ideología,

no como religión, a lo largo del Imperio Romano, de la Edad Media o del Renacimiento, que la del

marxismo, cuyo soporte último ha sido siempre una o varias grandes potencias militares amparándole.

Por eso no es posible admitir la filosofía evolucionista del marxismo que conduce al eurocomunismo,

porque aun suponiendo que sean sinceros los propósitos independentistas de algunos se verían

férreamente atados por los intereses económicos, políticos y militares de la gran potencia soviética, que a

la vez les ampara y les hace prisioneros. Por eso se explican las condenas de «Pravda» y de algunos de los

más encumbrados dirigentes soviéticos contra el eurocomunismo. Para ellos es una doctrina válida

mientras sirva a los intereses de la Unión Soviética y dejará de serlo en el justo momento en que traspase

la frontera de la disidencia. El paternalismo de Moscú está siempre atento. Viene a decirles: Podéis jugar

hasta que me molestéis; podéis actuar mientras me sirváis, pero recordad siempre que puedo daros sobre

las espaldas el palmetazo de rigor cuando así convenga a la Unión Soviética.

Federico SILVA MUÑOZ

 

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