Cinco crueles policías  :   
 Por culpa de cinco policías, ETA militar renace de sus cenizas. 
 Cambio 16.    23/02/1981.  Página: 20-23. Páginas: 4. Párrafos: 70. 

Este país

Cinco crueles policías

Por culpa de cinco policías, ETA militar renace de sus cenizas

EL lunes 9 de febrero el terrorismo vasco tenía sus horas contadas. Por primera vez en la historia reciente de Euzkadi, la indignación y el rechazo del pueblo vasco hacia la violencia terrorista convocaba en las calles de San Sebastián, Bilbao y Vitoria a unas trescientas mil personas, que se manifestaron pacíficamente contra ETA. (Ver pág. 24).

Dos días antes, de forma brutal y despiadada, los terroristas habían asesinado al ingeniero de la central nuclear de Lemoniz, José María Ryan. Este asesinato, junto a los conciertos económicos firmados a mediados de diciembre pasado entre el Gobierno central y el Gobierno vasco y, más recientemente el éxito de la visita de los Reyes a Euzkadi, parecían que iban a constituir la puntilla definitiva contra el terrorismo abertzale.

De repente todo se torció. El viernes 13, se corría como reguero de pólvora una espantosa noticia: José Arregui, presunto miembro de. ETA militar, fallecía en la prisión de Carabanchel. horas después de ser trasladado por la policía, que lo había interrogado en Madrid durante nueve días.

El mártir que los terroristas necesitaban para aparecer como víctimas y redentores ante los ojos del pueblo, lo tuvieron a su tiempo. La torpeza, el error y la brutalidad de un reducido grupo de policías

—oficialmente, cinco, por ahora— se lo sirvió en bandeja de plata.

El 13 de febrero pasado, a las dos de la tarde, los enfermeros del hospital penitenciario de Carabanchel, mostraban un nerviosismo y unas prisas fuera de lo común. Mientras unos llamaban a la ambulacia para que se acercara lo más rápidamente posible a la entrada de urgencias, otros colocaban apresuradamente a un enfermo en una camilla y otros llamaban a toda prisa el ascensor.

El enfermo, José Ignacio Arregui Izaguirre, un camionero vasco de 30 años, que en los últimos dos años había militado en las filas de ETA y había participado en una serie de atentados terroristas llevados a cabo en el País Vasco, Madrid y Logroño, se debatía en aquellos momentos entre la vida y la muerte.

Los ríñones no le funcionaban y el enfermo necesitaba urgentemente una hemodialisis que le limpiara la sangre de sustancias tóxicas. Lo más preocupante era sin embargo, los pulmones, afectados por una fuerte bronconeumonía detectada 24 horas antes y que se le había ido agravando con el tiempo a medida que los pulmones se le encharcaban de sangre. En la última hora, el paciente había tenido varios amagos de paros respiratorios y, para salvarle la vida, era preciso trasladarle rápidamente a un centro hospitalario dotado con más medios que los que dispone el Hospital Penitenciario de Carabanchel.

Y eso era lo que hacían en aquellos momentos los enfermeros del hospital de Carabanchel: trasladarle a la clínica La Paz para intentar salvarle. Pero era demasiado tarde. El etarra Arregui Izaguirre murió en el mismo ascensor.

Cuatro horas después, el Ministerio de Justicia daba el parte de su fallecimiento, en una nota de prensa en la que indicaba que el terrorista Arregui Izaguirre había sido ingresado en el Hospital Penitenciario a las cinco y medía del día anterior y que, según el reconocimiento médico a que fue sometido nada más llegar al hospital carcelario, presentaba hematomas preorbitales con derrame conjuntival en el ojo derecho y en las caras internas de los muslos: grandes hematomas en los glúteos y quemaduras de segundo grado en la planta de los pies así como estado estuporoso, disnea intensa (imposibilidad para respirar), dolor abdominal difuso y bronconeumonía. con un pulmón encharcado. (Ver recuadro).

Detenido el cuatro de febrero pasado en Madrid cuando, en compañía de oíros tres etarras, intentaba secuestrar al vicepresidente del Banco de Descuento, Ángel Peradejordi (Ver CAMBIO 16. número 481) José Ignacio Arregui Izaguirre había permanecido durante nueve días en los calabozos de la Dirección de la Seguridad del Estado, donde fue sometido a duros y profundos interrogatorios. Del parte médico forense hecho público, se podía deducir que los policías habían torturado al etarra, "ya que los hematomas superficiales, las erosiones y esquimiosis demuestran la aplicación de violencia física en los días anteriores a la muerte", según reveló a esta revista un médico forense que reconoció el cadáver.

Esto mismo reconoció el director general de la Policía, Manuel Blanco Benítez, cuando, después de ver el cadáver, declaró a un grupo de íntimos colaboradores que "los hematomas daban susto"

Un función ario del hospital penitenciario de Carabanchel, se reafirmaba en la misma tesis. "No sé la resistencia que debió presentar este etarra* pero nunca la policía nos había entregado a un preso así. Por decirlo de una manera gráfica, a Arregui Izaguirre, le "despellejaron".

Terrorista duro

José Ignacio Arregui Izaguirre, alias "Peke, era considerado por la policía como uno de los terroristas más duros de ETA. Nacido en Cizurquil (Guipúzcoa) hace 30 años en el seno de una familia numerosa, Arregui Izaguirre trabajó en un taller de mecánica, fue camionero después y terminó formando parte de los comandos ilegales de ETA militar, rama a taqúese le imputa todos los asesinatos de militares ocurridos en Madrid, el asalto a cuarteles e instalaciones militares y el robo de los 7.000 kilos de Goma-2 sustraídos el verano pasado en Santander.

Como miembro de los comandos ilegales y militante liberado de ETA, Arregui Izaguirre vivía en Francia desde hace dos años, por lo tanto, debía estar al corriente de toda la información sobre los "cerebros" actuales de ETA militar, sus objetivos terroristas más inmediatos y su organización interna, información de la que carecía la policía ya que en los cuatro últimos años sólo han caído en sus manos comandos "legales", que no tienen el más mínimo contacto con la cabeza de ETA.

"Esto explicaría —según un alto funcionario de la policía— lo inexplicable:

que para lograr extraer la última gota de información, a Arregui Izaguirre lo exprimieran como un limón, llegando a torturarle incluso algunos funcionarios muy reducidos y limitados de la policía".

Pero además el terrorista Arregui Izaguirre formaba parte de los comandos ilegales de ETA militar que esporádicamente pasaba a España a llevar a cabo alguna acción espectacular para volver de nuevo a desaparecer. Según informaciones de la policía formó parte del comando que intervino en la vigilancia del general Fernando Esquivias Franco, a quien ETA militar intentó asesinar en Madrid el 18 de marzo pasado y tomó parte en la voladura de un convoy de la Guardia Civil, en julio pasado, atentado en el que murió un teniente del cuerpo y resultaron heridos otros 32 agentes.

Posteriormente, el comando de José Ignacio Arregui Izaguirre provocó la muerte de un subcomisario de policía y un industria} en Logroño, al colocar una bomba debajo de un coche y, en varias ocasiones, trasladó armas y explosivos del sur de Francia a España para avituallar a los comandos "legales" o "dormidos" del interior,

"Por estas razones —señalan fuentes policiales— Arregui Izaguirre fue interrogado por policías de Logroño, del País Vasco y de Madrid al mismo tiempo. De aquí que sea muy difícil demostrar quién o quiénes le produjeron las torturas"

Quién sí parece que lo tenía bastante claro era el Ministerio del Interior. Doce horas después del fallecimiento del etarra Arregui Izaguirre en el hospital penitenciario de Carabanchel y cuando los partidos políticos y los sindicatos anunciaban una huelga general contra las torturas y por la paz en Euzkadi, Juan José Rosón,

Ministro del Interior, cesaba fulminantemente de sus cargos a siete policías, y a cinco de ellos, que habían participado directamente en los interrogatorios del etarra muerto, los ponía a disposición del juez "para que se delimitaran las posibles responsabilidades que pudiera haber en la actuación de estos cinco funcionarios"

El Ministerio del Interior, además, se ofrecía a dar las máximas facilidades a jueces y fiscales del país para que el turbio asunto de las torturas pudiera ser esclarecido íntegramente.

Sin embargo, la publicación de los nombres de Julián Marín Rios, Juan Antonio Gil Rubiales, Juan Luis Méndez Moreno, Juan Antonio González Vega y Ricardo Sánchez, los cinco duros policías que habían llevado directamente los interrogatorios en los cuales fue torturado el etarra Arregui Izaguirre, lograban contener en parte la indignación popular que crecía corro la espuma.

El cese del comisario Tomás Agrela Fernández, de autodeclarada simpatía por la ideología nazi, jefe de la Brigada Regional de Información a la que pertenecían los policías acusados de torturas (ver recuadro) y del médico responsable de la integridad física de los detenidos, doctor Pedro Pérez Pachón, tampoco calmó los ánimos. Ciento catorce presos de ETA y Grapo recluidos en la cárcel de Carabanchel entraban en huelga de hambre para protestar por la muerte del terrorista Arregui Izaguirre y partidos políticos y sindicatos que una semana antes habían protagonizado la mayor manifestación de la historia de Euzkadi para combatir a ETA, convocaban de nuevo a sus militantes y afiliados para protestar contra las torturas.

Pocas horas después de ocurrida la muerte del etarra, el Parlamento Vasco pedía que la Ley Antiterrorista, que permite tener incomunicados y a disposición de la policía durante diez días a los presuntos culpables de actividades contra la seguridad del estado, fuera derrogada.

Carlos Garaícoechea, presidente del Gobierno Vasco, señalaba que la muerte de Arregui Izaguirre tenía toda la apariencia siniestra como para pedir la derogación de la legislación antiterrorista y Chiqui Benegas, diputado del PSOE por Guipúzcoa, se adelantaba a los acontecimientos anunciando que la muerte del etarra iba a perpetuar el clima de inestabilidad y crispación en el País Vasco.

Todas las capas sociales vascas, los sindicatos de policía, los obispos, el Consejo del Poder Judicial y hasta algunos sectores conservadores de la policía consideraban la muerte de Arregui Izaguirre como un paso atrás en la pacificación de Euzkadi y se volvía a traer a la palestra el tema de las torturas. "Si hay torturas en el Cuerpo —señalaba un policía a CAMBIO 16— que paguen los pecadores y no los justos, que somos la inmensa mayoría del Cuerpo. Porque un acto de barbarie medieval como éste, si no se esclarece termina denigrándonos a todos y haciéndonos retroceder 50 años". José María Bandrés, diputado de Euzkadiko Ezquerra y Chiqui Benegas también pidieron que se investigaran a fondo las torturas.

No se puede tolerar

La huelga general convocada por todos los partidos para el lunes 16 de febrero pasado, paralizaba totalmente Euzkadi. Ese mismo día, el juzgado de Instrucción numero 13 de Madrid revelaba, omitiendo los dos primeros párrafos de una extensión aproximada de un folio, el informe de la autopsia al cadáver de José Ignacio Arregui Izaguirre en el que se especificaba que la muerte le había sobrevenido por un folio respiratorio originado por el agravamiento del proceso bronconeumónico con edema pulmonar que padecía. Un proceso de este tipo, según el experto de CAMBIO 16, Ramón Sánchez Ocaña, tarda al menos un mes en incubarse y es prácticamente imposible que pueda originarse y producir la muerte en sólo nueve días.

El informe forense, sin embargo, revelaba también que el cadáver presentaba hematomas superficiales, erosiones y equimosis que demuestran violencias físicas. Y aunque el forense no precisa si hubo o no torturas, e! juez del número 13 de Madrid ordenaba en la madrugada del martes 17 de febrero la prisión preventiva de los cinco policías que llevaron a cabo los interrogatorios de! etarra. "Si los golpes se produjeron durante la detención —dijo el juez— yo como juez no puedo tolerar siquiera eso".

El día anterior, entre tanto, cerca de setenta mil simpatizantes de Herri Batasuna, menos de la mitad de los votantes de la coalición vasca, con una pancarta con las siglas de ETA al frente y varios encapuchados entre sus filas, se habían manifestado en Euzkadi.

El fotógrafo de esta revista Josu Bilbao sufrió en los funerales las iras de un grupo batasunero que le arrebataron la máquina y la película y golpearon a alguno de los presentes a! grito de "PNV, fascistas".

N.° 482/23-2-81

 

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