Autor: Landaburu, Ander . 
 ETA acorralada. 
 El salvaje asesinato a sangre fría del ingeniero Ryan aísla a ETA     
 
 Cambio 16.    23/02/1981.  Página: 24-27. Páginas: 4. Párrafos: 31. 

ETA acorralada

El salvaje asesinato a sangre fría del ingeniero Ryan aisla a ETA

COMETIERON, además de un repugnante crimen, un error, un inmenso error: asesinar a un inocente, un trabajador, en contra de la opinión inmensamente mayoritaria del pueblo vasco.

La muerte del ingeniero José María Ryan produjo un efecto más que negativo en contra de la organización armada vasca ETA-militar: por vez primera, todos los partidos políticos de Euzkadi, nacionalistas, socialistas, comunistas, ucedistas, e incluso los abertzales de Euzkadiko Ezquerra y la propia ETA rama político-militar, se pusieron frente a los enloquecidos etarras línea militar. Por vez primera, y tras la oportuna visita real, los pistoleros de ETA eran duramente castigados, verbalmente, por sus propios conciudadanos vascos.

Por todo ello, alguien soltó una frase que resumía brevemente, con la sencillez y la claridad de un telegrama, la situación: ETA, R.I.P. Aún no había fallecido en Madrid el etarra José Arregui. (Ver página 20.)

A quemarropa

Menos de cuarenta y ocho horas después de que sus majestades abandonasen la tierra vasca, y de que más de diez mil personas manifestándose en Bilbao pidiesen la liberación del ingeniero de Iberduero ese mismo día, ETA en un llamado "Consejo Revolucionario" "juzgaba y condenaba a muerte al joven técnico secuestrado el pasado 29 de enero, alegando que Iberduero no había aceptado la demolición de la central nuclear de Lemoniz.

Con ios ojos vendados y un algodón metido en la boca, el cadáver de José María Ryan, que presentaba* un disparo en la cabeza, era encontrado a las 11 horas y 43 minutos de la noche del viernes en una zona frondosa, entre Arcocha y Zaratazmo, a unos diez kilómetros de Bilbao.

De nada sirvieron las peticiones de liberación de miles y miles de personas, desde el escultor Chillida hasta et historiador José Miguel de Bardíaran. Las exigencias o súplicas de la jerarquía eclesiástica vasca, de entidades, de colegios profesionales, de fuerzas sociales, de partidos políticos, de sindicatos e incluso de "Amnistía Internacional", no eran escuchadas, ni conseguían conmover a los secuestradores.

Con un calculado desprecio a la opinión pública y al pueblo y con una diabólica arrogancia, los etarras cometieron su última locura. Sin embargo, el asesinato de José María Ryan no era uno más en la trágica lista del historial de ETA militar. Esta vez la respuesta sena contundente. Todo Euzkadi reaccionaba y por fin los más tibios abrían definitivamente los ojos.

Así, por primera vez, el diario nacionalista DEIA, próximo al PNV, utilizaba la palabra asesinato al referirse al atentado etarra, en un extenso editorial de condena donde arremetía contra ETA en estos términos: "si ninguna muerte tuvo nunca justificación ésta de ahora ha rebasado todas las cotas de dolor, de indignación y de asombro. El asesinato de Ryan marca un punto decisivo en nuestra historia". "ETA kampora" y "que se vayan, que se vayan" son eslogan que los militantes de ETA y sus amigos deberían acostumbrarse a escuchar a partir de ahora.

Convocado por los partidos políticos (a excepción de Herri Batasuna y tos grupos de extrema izquierda extraparla-mentarios) y los sindicatos mayoritarios, el lunes por la mañana día 3, el paro se generalizó en pocas horas en las tres provincias vascas. Empresas, comercios, escuelas, universidades, ayuntamientos, diputaciones, etc., secundaron la huelga general que alcanzó cotas del noventa por cien en Vizcaya y Guipúzcoa.

Por la tarde, cerca de trescientas mil personas bajaban a la calle en las tres capitales para condenar a ETA y pedir libertad y paz. La demostración multitudinaria demostraba claramente el rechazo hacia ETA, los que están a favor de las vías políticas y los que prefieren la violencia.

Por mucho que los abertzales radicales se empeñasen en lanzar piedras hiriendo a medio centenar de personas en la manifestación de San Sebastián. Por mucho que el diario Eguin catalogase a la respuesta popular de "maniobra patronal" "intoxicación de prensa", etc., la mayoría del pueblo había optado, había gritado su "basta ya" y se había posicio-nado claramente en favor de la paz y en contra de ETA militar.

Quedaba claro de qué lado estaba el pueblo.

A pesar de ser la mayor manifestación registrada en Euzkadi, el optimismo era, sin embargo, mesurado.

Se había dado un gran paso por la paz, se había rechazado la violencia sin paliativos, pero nadie se arriesgaba en afirmar que esto suponía e! fin de ETA, aunque lo del lunes fuese un golpe tremendo contra la organización. Pocas horas después de estos históricos acontecimientos, y en el momento de recibir una nueva amenaza de muerte de la Triple A, el senador nacionalista Joseba Elosegui, miembro de la Junta de Seguridad encargada de poner en marcha la policía autónoma, analizaba para CAMBIO 16 la situación: "ETA no tiene otro recurso que imponer a tope cí terror. Hasta ahora así lo han impuesto y nuestro pueblo se ba dejudo influenciar por esta aparente fuerza de una minoría que valiéndose de circunstancias, lo que pretende es imponer el terror en la población para que se inhiba y no pueda dar una respuesta de franco enfrentamiento".

Al afirmar que el pueblo no se puede rendir ante los procedimientos "fascistas de ETA", e! senador vasco compara a la población vasca con el jabalí "que una vez acorralado se defiende", y finalmente advierte:

"es lo que el pueblo vasco hará si se ve acorralado por esta gente. Si es preciso, nuestro pueblo se defenderá violentamente contra los que quieren llevar a la ruina el país con soluciones que no tienen viabilidad"

La conmoción levantada en todo Euzkadi por el escalofriante asesinato de José María Ryan, reactualizaba el polémico tema de la central nuclear de Lemoniz. Situado entre las poblaciones costeras de Arminza y Bakío, el municipio de Lemoniz bordea la costa cantábrica en unos cuantos kilómetros. Acantilados y pequeñas playas salvajes rodean la zona rocosa en donde Iberduero decidió hace más de diez años —en 1972—, ubicar su central, a tan sólo quince kilómetros del gran Bilbao, que cuenta con una población de ochocientos mil habitantes. (Ver recuadro.)

A los pocos meses de promovida por técnicos, ingenieros y sociólogos, se constituye la "Comisión de defensa de una costa vasca no nuclear", que posteriormente tendría una valiosa aportación en el planteamiento del tema, con una postura crítica seria, ecologista y científica, hasta que desgraciadamente la organización ETA le quitó el protagonismo cometiendo el primer atentado.

En efecto, esta comisión realiza una gran campaña, trabajando intensamente durante meses. El 29 de agosto de 1976, cerca de cuarenta mil personas se manifestaban en la localidad de Plencia. Charlas, mítines, conferencias y mesas redondas se multiplicaban por todo el país vasco hasta llegar un año después al 14 de julio de 1977, fecha.en que Bilbao vivió una de las mayores manifestaciones antinucleares del mundo. Más de cien mil personas al grito de "CENTRAL NUKLEARIK EZ", desfilan ese día por las calles céntricas de la capital vizcaína.

Por su parte, Iberduero no dialoga, hace caso omiso y sigue las obras de Lemoniz.

Estas concentraciones multitudinarias se repiten los meses siguientes: el 12 de marzo de 1978, sesenta mil personas organizan una marcha a Lemoniz, e! 27 de abril otras cincuenta mil se vuelven a manifestar en Bilbao, y así en fechas sucesivas.

Las acciones violentas contra ía central nuclear se inician el tres de enero de 1977

ón el estallido de dos bombas en los comedores de la empresa. El 21 de noviembre un incendio provocado ocasiona más de 200 millones de pesetas de pérdidas, y el 18 de diciembre un cómando de ETA realiza un ataque contra un destacamento de la guardia civil que custodia la central. David Alvarez, militante de ETA resultó muerto en el enfrentamiento.

Desde que se produjo el primer atentado contra la empresa en enero de 1977, Iberduero ha sufrido pérdidas valoradas en más de 1500 millones de pesetas. En a estadística de los numerosos atentados contra Iberduero, los dos principales se registran el 17 de marzo de 1978 con la voladura del generador de vapor de la central, que provoca la muerte de dos obreros, doce heridos y pérdidas económicas de unos 1200 millones, y el 13 de junio de 1979 cuando una explosión en el edificio de turbinas produce otra víctima entre tos trabajadores.

Sin embargo, tras este balance trágico, la polémica de Lemoniz se cobra otra nueva víctima. Días antes de ese último atentado la joven Gladys Del Estal muere en Estella el 3 de junio durante una manifestación antinuclear a consecuencia de los disparos de la guardia civil.

Por fin, en lo que va de año, las instalaciones que posee la empresa Iberduero en el País Vasco han sufrido 14 atentados.

Ante las numerosas protestas populares y el posicionamiento de todos los partidos de izquierda incluido el PSE-PSOE, el Consejo General Vasco propone el 23 de abril de 1979 un referéndun sobre la central.

Tras las vacilaciones y la presión de algunos sectores contrarios al referéndum en el seno del PNV, el pleno de 13 de junio de 1980 acuerda constituir una Comisión Especial de Encuesta formada por ocho parlamentarios de diversos grupos.

La idea de un referéndun sobre Lemoniz se consolida y acabó imponiéndose. Así, Juan Manuel Eguiagaray, parlamentario del PSOE y miembro de esta comisión, comentaba a CAMBIO 16: "nuestra crítica a Lemoniz parte del problema de su ubicación y de la imposibilidad de plantear un plan de emergencia efectivo. Después de los trágicos sucesos, la encuesta debe activarse a pesar de la tarea lenta de estudios, para llegar a! debate público y a la consulta popular. Ser antinuclear es un derecho, no quiere decir que estamos a favor de ETA. Con el asesinato de Ryan han hecho el peor favor a la causa antinuclear. Después de la aprobación en el Parlamento vasco, negociaremos en Madrid la consulta a través de las Cortes y la ley de modalidades cíe referéndum..."

Sorprendentemente, la empresa Iberduero decidía el lunes pasado suspender momentáneamente las actividades en las obras de Lemoniz. Esta revista intentó numerosas veces contactar con los directivos de la empresa Iberduero en Bilbao, solicitando algunas entrevistas con la dirección. Una vez más la empresa en Bilbao se encerraba en un mutismo habitual en ella a lo largo del conflicto de Lemoniz.

Pero Iberduero, se vio obligada el viernes pasado, tras el pleno del Parlamento vasco, a reanudar las actividades de las obras. El gobierno vasco y la mayoría de los parlamentarios se habían negado a la paralización de Lemoniz bajo el chantaje de ETA, dado que la suspensión de las obras "es consecuencia de un chantaje terrorista que no puede ser admitido en una sociedad que aspira a decidir libremente su futuro"

Sin descartar la conmoción y la consiguiente reacción que el asesinato del ingeniero Ryan produjo en la sociedad vasca, los observadores políticos analizaban este nuevo atentado de forma distinta. Para unos la muerte de Ryan era una acción más de ETA, mientras que para otros este nuevo atentado respondía a una estrategia bien definida con el intento de dividir la población vasca en dos bloques, uno mayoritario (traidor), y el otro bien definido y cada vez más radicalizado (puro) en las tesis etarras.

En este sentido, un destacado militante de ETA en las postrimerías de los años sesenta y en la actualidad sin militancia indicaba a CAMBIO 16 que ETA, según el, no tenía intención alguna de liberar a Ryan, y que al límite de tiempo dado para los inicios de la demolición de la central no se prestaba a negociación alguna y hacía del todo imposible el acuerdo o la negociación dadas las posiciones mantenidas por Iberduero hasta ese momento.

Lo cierto es que Lemoniz se convierte de día en día más nítidamente, en una auténtica prueba de fuego para la democracia y que si quiere salir airosa del atolladero deberá urgentemente remitirse a la confrontación democrática por vía de consulta popular tras un serio debate público. El resto es jugar a los bolos con cartuchos de dinamita.

Ander Landaburu

 

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