Autor: Martín Nogales, Virgilio. 
   Decepción popular en las conversaciones sobre la paz en el País Vasco  :   
 Tras el estancamiento de las mismas. 
 ABC.    01/02/1983.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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NACIONAL

MARTES 1-2-83

Decepción popular en las conversaciones sobre la paz en el País Vasco

Tras el estancamiento de las mismas

VITORIA (Virgilio Martín Nogales, corresponsal). No pocas expectaciones, e incluso esperanzas, habían creado en diversos sectores de la sociedad las conversaciones propuestas por el «lehendakari», Carlos Garaícoechea, para conseguir solucionar lo que se conoce como «el problema vasco», «la normalización democrática de Euzkadi», o, sin tanto eufemismo, la pacificación del País Vasco y el fin del terrorismo. La iniciativa, lanzada inicialmente de forma tímida a través de la Prensa, no despertó al principio demasiada euforia en los partidos a ios que iba destinada.

Sin embargo, a las dos semanas de haber tenido lugar los primeros contactos entre el inquilino de Ajuria-Enea y los partidos convocados a tal fin, ios resultados eran netamente esperanzadores: PSOE, PNV y HB estaban dispuestos a iniciar oficialmente los contactos y dialogar en una misma Mesa. Un rayo de esperanza prendió en muchos ciudadanos que veían «lo imposible» algo más cerca. Se superaron las primeras dificultades y se fijó el lugar y la hora de la primera reunión tripartita, pero un último escollo — la exigencia de HB de que la Prensa estuviese presente— puso fin al tímido entusiasmo naciente. La cita hubo de ser aplazada «sine die» por el «lehendakari». Quedaban, no obstante, visos de posible entendimiento inmediato, ya que todos reiteraron su «buena disposición» y apoyo a la iniciativa. HB, sin embargo, ha vuelto a insistir nuevamente en su postura, y Garaicoechea, tras calificarla de «poco seria», ya anuncia que no habrá nueva convocatoria mientras no cambie esta actitud. Lo que en un principio fue cierta indiferencia y luego tímida esperanza y optimismo se ha convertido ahora en decepción, si no pesimismo, y desilusión...

Esta es, a grandes rasgos, la película de los hechos de la primera parte de una historia, con minúscula, no sólo del País Vasco, sino también de España y su democracia, puede resultar, en uno u otro sentido, trascendental, y que por fuerza se escapa en estos momentos a cualquier observador político, ajeno a la futurología. Pero eso es ya harina de otro costal.

Por el momento, lo que es ya un hecho es que la oferta del presidente del Ejecutivo autónomo, que en el fondo recoge ios anhelos de un pueblo cansado de violencia y deseoso de paz, fue escuchada, quizá de manera más inmediata de lo que el propio Garaicoechea esperaba, por los destinatarios de la misma. La bola de nieve, por la propia inercia, la favorable inicial respuesta de los partidos afectados, y el empuje popular ha crecido de modo imprevisto más de lo que cada uno de ellos podía, posiblemente, esperar, superando así a las partes. Tal vez, por eso mismo, se na producido el «parón» actual, equiparable a cualquier crisis de crecimiento —confiemos que así sea—, en estas conversaciones a tres bandas, en cuyos resultados positivos el más interesante es el propio pueblo ávido de paz y tranquilidad, pero en las que todos los participantes, por esto mismo, tienen mucho que perder o ganar. Ambas cosas son la cara y la cruz de una misma moneda y posiblemente la mejor garantía de su continuidad, porque la sociedad así lo demanda y espera. Todas las partes implicadas en la Mesa tripartita tienen, pues, un mismo interés, aunque sus intereses sean distintos y contrapuestos.

Garaicoechea, de quien partió esta iniciativa, no necesitaba para ello mayor justificación, ni inventivo, que su propio cargo. Pero además, y como a nadie le amarga un dulce, paralelamente, con esta propuesta, conseguiría a mínimos que fueran los avances que se alcancen, reforzar notablemente su imagen y la de su Gobierno, no sobrada precisamente de prestigio, en estos momentos, ante el pueblo de esta Comunidad, y reafirmar su peso específico, en entredicho en algunos sectores, dentro del propio partido. Es así para él un «imperativo» del puesto y, a la vez, una importante baza personal de doble vertiente, sobre la que, antes de jugarla, recabó, sin duda, el parecer de las altas instancias nacionalistas, pero olvidándose de sondear el terreno en el PSOE y HB, para apuntalar su lineal desarrollo, antes de que quedase impresa en tinta, y que ha de jugar con tacto en ambos sentidos.

Los nacionalistas, que saben aparcar las discrepancias y personalismos internos cuando el PNV así lo necesita, entran en juego como fuerza mayontaria de esta Comunidad y soporte del Ejecutivo vasco. Son conscientes del avance de los socialistas, en esta región y no pueden permitirse descuidos sí quieren seguir ocupando Ajuria-Enea en el futuro más inmediato.

Aparte de esto y dependiendo del desarrollo de las conversaciones, conocen que a través de ellas se puede conseguir una interpretación del Estatuto más próxima a su ideología, y, por ende, volver a tantear el caso de Navarra, en la que nunca han dejado de pensar como «provincia hermana», que algún día podría mancomunarse. El PSE-PSOE no podría faltar porque su negativa, a priori, le supondría un importante retroceso a nivel popular, más aún considerando que el problema del terrorismo era una de sus promesas electorales y siempre es mejor solventarlo del modo menos traumático. Igualmente, su presencia viene exigida, aunque desde un principio ha querido dejar bien sentado —y lo na conseguido— que no interviene como Gobierno, por el hecho de que las conversaciones, al ser el partido del Ejecutivo Central, puedan ser, si llega el caso, realmente válidas y eficaces. Además, al tiempo que así se cubre, sabe que cumpliendo su papel con habilidad y mayor o menor flexibilidad, dentro de la Constitución y del Estatuto, en el peor de los casos, con la intervención directa del «le-

HB continúa exigiendo la presencia de la Prensa

hendakari», el desgaste político más importante va a recaer sobre Carlos Garaicoechea, lo que les beneficiaría de cara al próximo «asalto» para Ajuria-Enea.

Por su parte, a Herri Batasuna el sitio en la Mesa le corresponde —siempre, de forma más o menos explícita, así lo ha sugerido ella misma incluido el último comunicado de su Mesa nacional en el que se dice ser intermediario en estas conversaciones para unas futuras negociaciones— como posible representante civil más próximo a tos postulados y aspiraciones políticas de las organizaciones armadas vascas que se desea dejen de actuar por medios violentos. Sin HB, presumiblemente, es inalcanzable, por ello cualquier objetivo en este sentido. La coalición lo sabe, así como que tiene en ella un foro para dar eco y fuerza a sus postulados sintetizados en la alternativa KAS, y de ahí su pretensión de que sean públicas. Asimismo, este diálogo tripartito podría permitirle tanto buscar una salida política para los miembros de las organizaciones, que progresivamente ven reducido su apoyo social y necesitan una salida, como abrir paso, con díscrepción y confusamente, a las demandas de algunos de sus sectores de base que requieren la participación institucional.

Por todo esto, y lógicamente por más factores —aunque sin poner nunca en duda que el principal objetivo que mueve a todos es la paz en sí misma—, se explican los «reparos», «condiciones», «exigencias», «tiras y aflojas», que nuestros lectores conocen bien por estas mismas páginas, de unos con otros miembros de la Mesa a tres bandas ahora en entredicho.

Si uno creyese o compartiese en política el determinismo del materialismo, ante tal panorama de intereses tan distantes y contrapuestos entre sí, no podría sino admitir la imposibilidad de llegar a un acuerdo en la armonización de estas posturas. Efectivamente, en tal caso, las conversaciones hubiesen muerto antes de nacer. Ni siquiera el intentarlo tendría sentido ni razón de ser. Pero la política está regida por los hombres y, sin intentar siquiera con esto sugerir posibilidades de éxito de antemano para esta iniciativa —ya hemos señalado que un análisis político nada tiene que ver con un futurólogo—, los resultados son consecuencia de su propia libertad de acción. La sociedad ha llegado a poner parte, al menos, de sus esperanzas.

 

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