Autor: Papell, Antonio. 
   El delirio que no cesa     
 
 Diario 16.    04/02/1983.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Antonio Papell

El delirio que no cesa

Es extraordinariamente grave que se haya convertido en rutina en el País Vasco la utilización del asesinato como instrumento de «diálogo» político. Acaba de verse que cuando ETA considera la posibilidad de negociar, limita sus delirantes actuciones a las bombas sin víctimas; en cambio, cuando desea poner de manifiesto su posición de fuerza, alejada de toda claudicación previa, algún aberrante crimen sirve a la perfección para expresar su actitud política.

Los hechos tienen siempre una rotundidad implacable: cuando Herri Batasuna, guiada por ETA militar, ha empezado a poner trabas a las negociaciones de paz, tratando de ganar terreno antes de sentarse a la mesa, ha secundado su díscola actitud con los «argumentos» —yo no sé si se les puede llamar verdaderamente así— de una violencia meticulosamente graduada y medida.

En el momento en que la impertinencia de HB ha obligado al PNV y al PSOE a poner en duda la viabilidad del acuerdo, el delirante mazazo de ETA ha descendido sobre tres guardias civiles con una oportunidad repugnante: la muerte absurda de los fanáticos, de unos fanáticos que, además de tener las armas prestas en la mano, mantienen unos esquemas intelectuales absolutamente pueriles, por cuanto los etarras son incapaces de desbrozar caminos innovadores, de deslindar campos de actuación distintos de los que ya se han demostrado inútiles.

¿Acaso no se dan cuenta los alienados de ETA de que su estrategia no logra el más mínimo progreso en la dirección de su utopía? Sus crímenes hieren, naturalmente, al Estado, a la sociedad española en general y a la vasca en particular, pero no hieren más, ni con una trascendencia distinta, que los provocados por otros móviles diferentes de los políticos.

Naturalmente, el Partido Socialista, que une a su representatividad en Euskadi la responsabilidad de haber asumido el Gobierno del Estado, ha tenido que levantarse de la mesa de negociaciones en cuanto ETA militar ha intentado aducir el asesinato como componente de su peso negociador.

Sin embargo, no se le puede reprochar al Euskadi Buru Batzar su recomendación a Garaicoechea en el sentido de que haga todo lo posible para salvar el proyecto de la mesa para la paz.

Y ello no tanto porque haya esperanzas de que se pueda llegar finalmente a un entendimiento, sino porque el mejor medio de aislar al terrorismo y a los terroristas es —ya se ha dicho reiteradamente — cargarse de razón con tenaz insistencia todos aquellos sectores sociales y políticos que entienden la evidencia. Es decir, que en España impera un sistema democrático en el que es posible la resolución política de los conflictos.

La insistencia en la paz, que no debe limitarse a ser una retórica, sino que ha de convertirse en un modus vivendi en un sistema de especulación política en Euskadi, ha de pasar a materializarse como el arma más eficaz, a medio plazo, contra los terroristas en el País Vasco.

Después de todo, ningún pueblo puede estar tan ofuscado como para negarse indefinidamente a aceptar su propia supervivencia en, condiciones de civilización y dignidad.

 

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