Responsabilidad ante ETA     
 
 ABC.    09/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

RESPONSABILIDAD ANTE ETA

LA movilización ciudadana contra el terrorismo de ETA, tan manifiesta en las expresiones públicas del lunes, es necesaria condición para una respuesta eficaz contra la violencia en que el grave fenómeno se sitúa, a medias entre el «gangsterismo» mañoso y el radicalismo nacionalista que pugna por la independencia de esa parte de España. Pero con ser necesaria esa movilización ciudadana resulta insuficiente. Hace falta como condición final una movilización política situada en su nivel institucional específico, que es el de las instituciones, autonómicas, y en el concreto plano de la fuerza, política que dispone de la mayoría dentro de ellas. Se dijo en el pasado que ETA era la cabeza de lanza contra la dictadura. Deber ser ahora el PNV la cabeza de lanza contra el terrorismo vasco. Lo exige la libertad de los españoles y lo demanda la unidad de España. No bastan en un sentido las declaraciones de condena de las actuaciones terroristas. En otro sentido no bastan tampoco protestas del portavoz parlamentario del PNV contra la supuesta disposición capitalizadora de las condiciones generadas por ETA. Tampoco son suficientes los niveles de aceptación y defensa de la unidad nacional española expresados por los más altos representantes del nacionalismo vasco. Lo concedido en esta línea por el señor Arzallus, durante la pasada campaña electoral, en un programa de TVE, aparte de no despejar lo necesario tan borrosa

posición «peneuvista», aquello tuvo, por la circunstancia electoral en que, se produjo, mucho de compromiso. Resulta imposible entender la declaración del señor Garaicoechea en la que anuncia que el Gobierno vasco pedirá a ETA una tregua para volver a montar la llamada «Mesa de la paz». El mismo «lendakari», que parece experimentar un cierto sentimiento de plenitud institucional cuando recibe en Ajuria Enea saludos protocolarios de los embajadores (cosa que debiera merecer más cumplida atención del palacio de Santa Cruz), insiste en vías de solución para el problema terrorista que carece de precedentes en el mundo. Con el terrorismo nadie negocia. Por eso nos alarma en parecida medida que el Gobierno socialista accediera a ello, admitiéndolo aunque sólo fuera a título de hipótesis de trabajo. Cuando desde el poder político, sea el central o sea el regional, se concede al terrorismo la condición de interlocutor, se le están concediendo otras cosas. Cuando se negocia con el terrorismo de ETA se está admitiendo de modo implícito que algo, importante siempre, se le va a conceder en el desenlace de la negociación y del trato. Si con el térro rismo se contrata desde la política se le concede la política condición de la que carece. No justifica esa supuesta «Mesa para la paz» la propia posibilidad de que sea una paz la que se logre que esté fuera de la integridad y contra la unidad de España. Las ambigüedades del radicalismo nacionalista son la condición suficiente para la subsistencia de ETA.

ABC

 

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