Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Este oscuro Vietnam (I)     
 
 ABC.    09/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

ESTE OSCURO VIETNAM (I)

ES que, veréis, no lo podían resolver ni los fusilamientos al claro de luna. Ni la tierra quemada. Ni las arengas, el furor, el miedo, las palabras. Ni siquiera las lágrimas, tantas lágrimas. ETA era, es, básicamente, un reto de información, el capital con que cuenta !a sociedad de finales del siglo XX. Al iniciarse la larga marcha de la transición, se quemaron los archivos. Una infantil goma de borrar pasó sobre la medula del Estado, dejándolo casi inerme, sin memoria. El «gotha» de las dinastías etarras desapareció. Se tardó años en rehacerlo, y medianamente. A las manifestaciones independentistas de Euskadi se enviaban, metralletas. Pero no videos. Ahora, el Estado español hubiera tenido, filmado, e! «staff» actual del terrorismo, como muchos países democráticos tienen en un «betamax» lo que queda de sus «Baader Meinhoff» o de sus «Brigadas Rojas». ETA sabía mucho más de Madrid que Madrid de ETA. Desde su fundación. Desde que aquel ministro de la Gobernación afirmó: «Es un tema que nos ocupa, pero no nos preocupa.» Rosón niveló la balanza de la información, y llegó un momento que Madrid supo más de ETA que ETA de Madrid. Caía «Gogor», se descubría el paradero del doctor Iglesias, se ¡es cogía una buena parte de su arsenal. Al comisario Ballesteros (e bastaba irse a la frontera y llevar cuenta de las familias que cruzaban los sábados con paquetes para saber, pasando lista, si había, por ejemplo, un comando en Madrid. No sé si Madrid ha vuelto a perder, en unos meses, la batalla de la información: pero hemos vuelto a las arengas y un ministro del Interior —que a mí me inspira tanto respeto como ternura— grita una vez tras otra «¡Silencio!» en los funerales. Está claro que «los perseguiremos hasta el centro de la Tierra». Otra vez.

ETA sabe dónde golpear. Sabe dónde duele. Lo sabe desde que mató a Carrero. Lo primero que debe resolver la batalla de la información es si tras los jóvenes arrabbiatti de ETA hay oculta una inteligencia superior. Un doctor Negri

del terrorismo español. La hipótesis de que dos generaciones de chavales intoxicados por cuatro libros «marxistas» tengan durante veintisiete años con la navaja al cuello a una dictadura y a un fuerte Estado democrático de sustento popular, empieza a no tenerse en pie. Ballesteros tenía una cierta admiración profesional hacia el apparat de ETA, e imaginaba el final físico como un duelo entre él y Apala, o entre un comando de «geos» y otro de jóvenes etarras. Mucho mas visceralmente, el teniente coronel Tejero telefoneaba, cuando vivía en San Sebastián, a «Apata» y le retaba personalmente a una de vaqueros, «el valiente "sheriff" y el cobarde pistolero», en un bosque donostiarra, «cuando quieras y donde quieras». Hay ya mucha gente inteligente, importante, que pasa del esquema que una información desastrosa nos ha hecho servir a políticos y periodistas. Hay mucha gente que no cree en la supertribu de jóvenes asesinos colegiados, sino en una especie de doctor No, bien pertrechado desde el extranjero, que dirige esta guerra, este Vietnam lacerante, angustioso, pegajoso, vil, estúpido.

Alguien tiene que saber en los Ministerios de estos últimos veinte años, en la «inteligencia» del Estado, en el Ejército, si hay un doctor No. Si hay financiación extranjera y cómo llega. Tiene que haber papeles en las cajas fuertes: en Exteriores, en Interior, en la JUJEM. Tiene que haber materia) para redactar un Libro Blanco del terrorismo español. Para alimentar una computadora, un banco de datos como el que tienen Israel, Alemania o Estados Unidos. No todo el dinero de los Gobiernos anteriores se puede haber ido en autorizar publicidad de entidades oficiales en «Egin». Estamos perdiendo, a chorros, la única batalla posible: la de la información. Cuando Bandrés y Rosón se encontraban en los pasillos del Congreso, se entendían con la vista. Da la impresión que hemos perdido hasta el mensajero. Es como si ya sólo nos quedaran las lágrimas. Tantas lágrimas.

Pedro RODRÍGUEZ

 

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