Pasionaria     
 
 Arriba.    13/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PASIONARIA

TREINTA y ocho años más mustia, pero aún soltando un penetrante aroma, «la Pasionaria»

vuelve. Salió en un avión dejando detrás la tragedia final de la República en forma de un

puñado de militantes que decían adiós al aparato antes de incorporarse a la guerrilla, o al

menos tratar de hacerlo, y vuelve en un reactor a un país distinto, en marcha democrática,

dispuesto y confuso, a participar en las elecciones, y luego, a su tiempo, morir aquí. Porque los

españoles siempre queremos morir aquí.

Sin embargo, no queremos, nadie quiere, morir antes de tiempo. Este diario, estatal nacional

sin sentido peyorativo, sólo puede dar por buena la autorización de la ciudadana Dolores

Ibarruri a reincorporarse al esfuerzo por hacer una España donde nadie muera antes de

tiempo. Lo decimos porque hace apenas horas otra vez ha muerto en Valdemoro alguien antes

de tiempo. Lo decimos porque hay muchas gentes dispuestas a que se muera antes de tiempo

desde colores muy variados del espectro. Es muy difícil no hablar en político, o al menos en

política, cuando se habla de Dolores Ibarruri. Vamos a intentarlo.

Dolores vuelve a una España en la que un porcentaje de gentes que estuvieron enfrente de ella

van a sentir hervir la sangre por su presencia. Debe ser lógico, en su interpretación del conflicto

civil, y «Pasionaria» debe comprenderlo así, aunque no lo acepte. Hay que decir también que

ese porcentaje de gentes debe también comprender que otra sangre también ha hervido

durante años fuera de la frontera española. Y todos ellos comprender que lo que estamos

haciendo es pretender crear algo que evite que la sangre vuelva a hervir y que nadie, ni Pilar

Primo de Rivera ni Dolores Ibarruri, tengan que poner el brazo por los hombros de un soldado

que llore a su hermano muerto en el frente de Madrid, o de donde sea.

Por eso, a la llegada de Dolores Ibarruri, este periódico se siente con pleno derecho —porque

está hecho por una redacción que no estuvo en la guerra civil— de pedir a Dolores Ibarruri a su

llegada que utilice la fuerza moral que tiene, el prestigio entre sus militantes que tiene, su

condición de mujer que ha sufrido, para que nunca más el odio o el encrespamiento vuelvan a

florecer aquí. Para que no haya ya más represalias, ni Paracuellos, ni niños muertos por falta

de todo, como su hija, ni hombres jóvenes que vayan a morir a Stalingrado como Rubén, su

hijo. Eso, básicamente eso, es io que queremos todos. De lo otro hablaremos luego. Sin

armas.

 

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