Autor: Pagola, Javier. 
 Los episcopados regionales, hoy (III). 
 La Iglesia vasca, entre la violencia y la juventud perdida     
 
 ABC.    18/03/1983.  Página: 46. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC, pag. 46

RELIGIÓN

VIERNES 18-3-83

Los episcopados regionales, hoy (III)

La Iglesia vasca, entre la violencia y la juventud perdida

San Sebastián. Javier Pagóla

La Iglesia en el País Vasco afronta hoy en día la búsqueda de una profunda adaptación a las circunstancias que concurren en esta comunidad, donde la problemática de la violencia, el paro y la juventud aparecen como temas prioritarios en su magisterio. Paralelamente a ello, y a través de una tarea conjunta llevada a cabo sobre estas cuestiones, las autoridades eclesiásticas de San Sebastián, Vitoria y Bilbao han abierto en los últimos años un proceso dirigido a la unificación de sus diócesis con la de Pamplona en una sola provincia eclesiástica.

Desde hace algo más de dos años existe una propuesta formulada por la Conferencia Episcopal a la Santa Sede, a través de la cual se solicita la remodelación de los límites de la provincia eclesiástica de Pamplona, al objeto de incluir en la misma a Vitoria y Bilbao. Con ello se pretendería reconocer oficialmente la colaboración que desde hace quince años vienen llevando a cabo las diócesis de San Sebastián, Pamplona, Vitoria y Bilbao. La actual estructura data de 1949, cuando la provincia eclesiástica de Álava, que comprendía las diócesis de las tres capitales vascas, queda jurídicamente dividida. A partir de entonces Pamplona y San Sebastián pasarian a integrar la provincia eclesiástica de Pamplona, mientras que Bilbao y Vitoria formarían parte de la. de Burgos. A pesar de la división jurídica, no obstante, estas diócesis han venido trabajando de forma conjunta, con mayor intensidad a partir de la última década. De hecho, se da entre ellas una relación tanto o más estrecha de la que podría existir incluso entre las diócesis de una misma provincia eclesiástica. Esta colaboración, de carácter estrictamente pastoral, se materializa en hechos tales como la existencia de un Secretariado Interdiocesano que coordina la acción pastoral. Se celebran también una reunión periódica de los obispos o las Jornadas Anuales Interdiocesanas. Las pastorales conjuntas y el funcionamiento de los secretariados diocesanos sociales son otro botón de muestra de esta vinculación que se da en la práctica. La mencionada petición de la Conferencia Episcopal se encuentra en estos momentos paralizada. Al parecer, la Santa Sede ha dado su conformidad en cuanto al procedimiento, aunque en la actualidad estudia el momento en el que podría ser oportuno delimitar la nueva provincia, sin que ello diera lugar a connotaciones de carácter político.

En la actualidad, y como un hecho considerado sin precedentes, se da la circunstancia de que los obispos de las. diócesis mencionadas son originarios del propio País Vasco y Navarra, respectivamente. Algo que es acogido «como un hecho significativamente positivo, en cuanto que de esta forma saben percibir con lucidez y desde cerca la problemática del pueblo al que se dedican». Sin embargo, a nadie se oculta que estas circunstancias han despertado ciertos recelos. Fundamentalmente cuando los obispos se han pronunciado públicamente ante los distintos temas conflictivos que directamente atañen al contexto en el que se desenvuelve el País Vasco.

Pérdida de influencia

Con todo, y así se reconoce en medios eclesiásticos, la iglesia ha perdido en el transcurso de estos últimos años de manera progresiva su antigua influencia como elemento de integración de la sociedad vasca. Síempre se ha destacado el elevado grado de arraigo que tradicional mente tuvo entre la población. Sin embargo, continúa conservando aún cierto peso social. En cualquier caso, esta paulatina pérdida de protagonismo ha llevado a las tres diócesis vascas y a Navarra a realizar «un esfuerzo encaminado a ir clarificando el modelo de Iglesia que se desea construir, para que sirva como marco de referencia y orientación en todo el que hacer pastoral». «Las diócesis, tres vascas —según comentaban a ABC fuentes eclesiásticas—, son conscientes de que en general viven excesivamente replegar das sobre sí mismas, y, por tanto, necesitan promover más !a dimensión evangelizadora en medio de la sociedad.» Se destaca en este sentido la escasa presencia de los movimientos apostólicos. Y, sobre todo, la práctica inexistencia de una pastoral de ambiente en sectores tan importantes como el universitario o el obrero. Circunstancia que se acentúa en una región que se encuentra profundamente industrializada. De esta forma, la evangelización ha sido un tema ampliamente tratado en los dos últimos años durante las Jornadas Interdiocesanas.

Son varios los logros que se subrayan, fruto de la labor llevada a cabo por las diócesis vascas durante la época posconciliar. Entre ellos, el nivel de enseñanza a través de las catequesis. Pero, fundamentalmente, la atención a la juventud como objetivo prioritario. En este sentido, se considera decisiva en medios eclesiásticos vascos la carta pastoral conjunta de 1980, «diálogo con los jóvenes desde la fe». De otro lado, dentro del esfuerzo realizado para reanimar la participación de los creyentes, habría que destacar el trabajo de elaboración y publicación de diversas obras en euskera. Entre ellas, «Orden liturgia» («Liturgia de las horas»), «Irakurgaiak» («Leccionario») o «Aldareko liburua» («Libro del altar»), por citar un muestrario. Se trata de trabajos realizados por eminentes lingüistas que representan a diversas zonas dialectales, sin caer en un euskera artificialmente unificado. En el capítulo de ayuda a los necesitados destaca la revitalización de Caritas, «como cauce de solidaridad colectiva de las comunidades cristianas».

Violencia: ¿Función medidora?

En medios eclesiásticos se considera" que quizá no sea exacto afirmar que ETA surgiera de los sectores más católicos, tal y como se suele apuntar con cierta frecuencia. De acuerdo con este punto de vista, las raíces podrían estar en todo caso en los ambientes en los que se vivía de manera más intensa la problemática del País Vasco. De cualquier forma, abundan también quienes al analizar el fenómeno de la violencia en países de profunda tradición religiosa, como Irlanda, Norte de Italia o el propio País Vasco, piensan que el origen reside en un desplazamiento del carácter absoluto y radical con que se vive lo religioso hacia lo propiamente político. Frente a esta problemática, según impresiones contrastadas en las distintas diócesis, la Iglesia en el País Vasco ha condenado tajantemente la violencia, tratando de situarla en un contexto histórico, y precisamente esta postura de las autoridades eclesiásticas vascas ha sido muchas veces contestada desde diversas instancias y calificada como ambigua, precisando que con ella se pretende evitar una condena abierta hacia el terrorismo. Frente a estas críticas se argumenta entre las autoridades religiosas vascas que «la Iglesia no se ha limitado a una pura condena de la violencia, sino que viene realizando un esfuerzo callado, pero constante, de educación para la paz y la reconciliación». En medio de estas controversias, la Conferencia Episcopal ha optado por mantener una actitud de discreción. Es decir, no apoyar públicamente los posicionamientos de los obispos vascos ante el tema de la violencia, pero tampoco expresar su rechazo.

Lo cierto es que hasta la fecha la Iglesia en el País Vasco no se ha planteado la posibilidad de emprender una misión mediadora ante quienes practican el terrorismo, entre otras razones porque ningún estamento se lo ha solicitado en tal sentido. De todas formas, la interrogante surgiría si llegara el caso, pidiéndose su oportuna contribución. Sea lo que fuere, las autoridades eclesiásticas de esta comunidad consideran que una responsabilidad así correspondería más a los partidos políticos, con los que pretenden mantener distancias.

 

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