Autor: Ferrer, Pilar. 
 Txiki Benegas, la palabra frente a las armas. 
 La Policía vasca no está preparada para enfrentarse a ETA     
 
   24/03/1983.  Página: 48-49. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

48 / A.B.C

JUEVES 24-3-83

JUEVES 24-3-83

Txiki Benegas, la palabra frente a las armas

La Policía vasca no está preparada para enfrentarse a ETA

Nacido en Venezuela en el seno de una familia de exiliados nacionalistas vascos. José María (Txiki) Benegas, secretario general del Partido Socialista de Euskadi-PSÓE, es figura clave en el presente y futuro del País Vasco. Crucial en todo intento de entendimiento entre las dos principales corrientes ideológicas, que, desde el paralelo surgimiento del nacionalismo y el socialismo en Vizcaya, a principios de siglo, ha polarizado políticamente la sociedad vasca. Defensor acérrimo del diálogo frente a las metralletas. Tan valiente en la denuncia de la violencia terrorista como en la ambigüedad del PNV.

El planteamiento de Garaicoechea otorga a Herri Batasuna la llave de la paz

El enemigo no es Madrid, el snemigo está en casa

Inflexible a la hora de sentarse a una «mesa de la paz, en a que mande ETA y en la que nos arrojen cadáveres, según vayan las conversaciones». Tajante ai asegurar que con el asalto a un cuartel de la Policía autónoma vasca; «ETA ha declarado la guerra a la "ertzaina"». Cualificado representante del PSOE en el exterior y decisivo interlocutor entre el «aparato» y el sindicato UGT. Este es un hombre que, a los treinta y cuatro años, afirma estar en política «porque lo que me atrae de la política es la paz», y a quien no le asusta decir que «si se está contra ETA, hay que estar con la Policía».

«La muerte y la violencia me marcaron»

Luce Txiki Benegas una permanente expresión —el gesto serlo, pero travieso de embaucador contumaz— de redonda complacencia en lo que hace. El es, ante todo, un vasco qué no soporta la miseria humana. Pero es también un luchador discreto, ladino y mañero, dueño de una astucia visceral endulzada a base de encanto. Su sonrisa, seductora y exquisita, siempre idéntica hasta en sus mínimos pliegues, caldeada por e! mismo grado de intensidad, tiene un cierto matiz de tristeza. Tenía veintiocho años cuando era consejero de Interior del Consejo General Vasco. Vivió muy de cerca la muerte. Palpó una escalada brutal y sangrienta en el País Vasco. Comprobó el sufrimiento humano en muchos, muchos funerales. «La muerte y la violencia me marcaron, tengo desde entonces una cierta tristeza, una obsesión por la paz; esté donde esté yo lucharé por la paz.» Hay en Txiki Benegas algo espontáneo é inocente, un ornato deliciosamente asumido. Su seducción, como su voz, se deslizan envolventes, con calculada insistencia. Pero eso no significa que Txiki se sienta satisfecho de sí mismo. Sólo parece importarle «superar el dogmatismo, el fanatismo, hacer que el pueblo vasco salga del túnel de la historia, superar el drama de un pueblo que no sabe convivir en libertad».

—ETA ha desarmado a la Policía autónoma vasca en un cuartel de San Sebastián. Es un mal principio en emisión de los «ertzainas».

—La cuestión es muy grave, el asalto a un cuartel de Policía, el que una organización terrorista robe con tanta facilidad más de un centenar de pistolas y uniformes de la Policía vasca. Es un hecho insólito y que entraña graves consecuencias para el futuro. Hoy los terroristas pueden perpetrar un atentado vestidos de policías autónomos, tienen sus armas y sus uniformes. Es incomprensible la actitud de determinadas autoridades del Gobierno vasco, consistente en que cuando se producen acciones, difícilmente explicables desde la lógica nacionalista, se pretenda de entrada, y sin datos reales, desviar la autoría hacia grupos violentos ajenos a ellos. Hay un falso planteamiento al creer que determinadas funciones, si son ejercidas por el Gobierno vasco, van a gozar de inmunidad de ETA. Este falso planteamiento ya se produjo en Lemóniz; los propios miembros del Gobierno vasco creían que ETA no atacaría Lemóniz, lo mismo en el atentado contra el Banco de Vizcaya, en el secuestro de Miguel Ignacio Echevarría... Hablan de delincuentes comunes, de grupos de extrema derecha, sin querer admitir que en e! País Vasco nada está a salvo de ETA.

«No se improvisa una Policía»

—Nadie duda de la capacidad individual de tos policías vascos. Pero ¿tiene este Cuerpo experiencia suficiente, está preparado para enfrentarse con los terroristas?

—Actualmente yo creo que no está preparado para enfrentarse a ETA. No hay una preparación específica, las cosas se han hecho demasiado rápido. No se improvisa una buena Policía vasca. Yo no quiero aprovechar este famentable suceso para lanzar críticas, pero un buen Cuerpo de Policía no se improvisa buscando como única finalidad el sustituir a otro. Lo importante ahora es que se rectifiquen los errores, que se adopten todas las medidas, porque más vale tardar más tiempo en estar en las calles que tener luego que (amentarse por las consecuencias: ETA ha declarado la guerra a la «ertzaina» y no acabará aquí, que nadie crea que esto es una acción esporádica.

—¿Qué le parece el plan del Ministerio del Interior de constituir los policías municipales en un único Cuerpo de Policía local en las comunidades autónomas, que, en el caso de Euskadi, se refundiría con la Policía autónoma?

—Me parece bien esa idea, no se puede vencer a un terrorista sin muy buenas noticias policiales. Tenemos un gran elemento humano que hay que mejorar mucho, dotar de mayores medios técnicos, materiales; la .lucha contra un terrorista siempre es una lucha policial con una máxima coordinación. En el fenómeno ETA se exige también un estrangulamiento económico de las fuentes de financiación, aislamiento social y desarrollar un plan global. No es un problema que se solucione de la noche a la mañana; el terrorismo nacionalista es el más difícil de combatir por un Estado y necesita una gran cooperación de todas las fuerzas sociales para dar su fruto a medio plazo.

Ambigüedad del PNV

Ya en octubre de 1978, Txiki Benegas trazaba un diagnóstico de la sociedad vasca que iba más allá de los análisis rutinarios. Hablaba de un «Frente por la paz», una concentración entre los partidos políticos vascos. Tres años después dijo que el Gobierno vasco debía promover un rearme moral contra la violencia. Cinco años después se rompe la llamada «Mesa de la paz», y el líder de los socialistas vascos se niega a tomar asiento mientras no cese toda violencia.

—¿Qué ha pasado en estos cinco años? Da la impresión de que la tan ansiada paz en Euskadi es siempre una paz perdida.

—Mi «Frente para la paz» no tiene nada que ver con el planteamiento de Garaicoechea. El que su convocatoria haya fracasado no significa que la paz sea imposible, nunca podemos claudicar ante la violencia. Yo quiero creer en la sinceridad del planteamiento de Garaicoechea, pero yo le dije al presidente del Gobierno vasco que no nos sentaríamos a una mesa en la que mandara ETA y en la que nos fueran echando cadáveres según marcharan las conversaciones. El planteamiento de Garaicoechea tenía el grave inconveniente de otorgar a Herri Batasuna la llave de la paz. Y el camino de la paz es otro, es el que toda la sociedad forme un claro bloque contra ETA.

—Usted ha denunciado muchas veces la ambigüedad del PNV. ¿Es tan decisiva la actitud de este partido para acabar con ETA?

—La actitud del PNV es muy importante y puede influir en la rapidez de acabar con la violencia terrorista, pero el Estado tiene recursos y resortes para acabar con ETA. La actitud del PSE-PSOE es también muy importante, no olvidemos la mínima diferencia en votos con el PNV en las últimas elecciones. El PNV condena la violencia, pero se rasga las vestiduras cuando se abre una Comisaría de Policía en Rentería; desarrolla una propaganda subliminal o indirecta de que se tienen que ir de suelo vasco la Policía Nacional o la Guardia Civil... Lo mismo sucede con Euskadiko Ezquerra, dicen no estar ni con ETA ni con la Policía; o sea, en el reino de los cielos. Dejémonos ya de bromas: si se está contra ETA, hay que estar con la Policía.

—El enfrentamiento nacionalismo-socialismo es una constante, no parece sino una lacra difícil de superar.

—Entre el nacionalismo y el socialismo, la confrontación con la idea nacionalista la protagoniza el PSOE, pero hay muchos planteamientos históricos sobre esta cuestión. La solución a los problemas de Euskadi pasa por el acuerdo entre estos dos partidos, ´pero este acuerdo en la transición está siendo imposible. La gran brecha la abre el PNV cuando rechaza la Constitución. El PNV, para mantener la esencia nacionalista, tiene que mantener un enfrentamiento con el Estado, y el enemigo no es Madrid, el enemigo está en casa! Al posicionarse contra la Constitución, el PNV reprodujo una división artificial y nefasta para el pueblo vasco. Al alinearse, en el fondo por razones electoralistas, con EE y HB, en una especie de frente anticonstitucional, el PNV reavivó la llama del enfrentamiento «abertzales versus españolistas». Esa división, que nos colocó a socialistas y comunistas junto a UCD, y al PNV con EE y HB, resultaba totalmente artificial respecto a los problemas reales que en ese momento afrontaba Euskadi.

«Nuestros contactos con ETA fracasaron»

—Siendo usted consejero de Interior del Consejo General Vasco tuvo ocasión de entrar en contacto con ETA. ¿Con qué resultados?

—Al inicio de la transición democrática hubo, en efecto, intentos de negociación con el acuerdo del ministro del Interior, Martín Villa, y del presidente Suárez. Esos intentos fracasaron por la exigencia de ETA de que los contactos fueran públicos desde el primer momento. Hubo también problemas internos de ETA; el asesinato de Argala, favorable a la negociación, truncó la posibilidad de seguir por esa vía. Paralelamente, el clima de enfrentamiento visceral creado en torno al debate constitucional actuó como caído de cultivo de la escalada terrorista. A mi juicio, una vez cerrada la vía de negociación no quedaba más solución que el combate frontal a ETA, su total aislamiento social y económico. Quienes no comprendieron aquello son responsables en gran parte del deterioro de la situación.

—Usted trato muy de cerca a los ex ministros Martín Villa y Rosón en etapas muy difíciles. Me gustaría saber su opinión sobre la labor de ambos ministros del Interior y sobre la política del actual titular de la cartera. José Barrionuevo.

—Siento un enorme respeto por los ministros del Interior, a los que he conocido de cerca. Sé la dureza, la angustia permanente en que se vive. A Martín Villa le tocó la etapa más dura desarrollada hasta ahora, por el nivel que alcanzaron las acciones terroristas. Al final, la propia situación le desbordó. Rosón ha sido un buen ministro del Interior. Barrionuevo va a ser el ministro que consiga lo que no lograron los otros dos; no porque lo hayan hecho mal, sino porque pertenece a otro partido, a otro Gobierno. Está dispuesto a acometer una amplia reforma de la Policía y a acabar con ETA en el plazo de esta legislatura. Quiere mejorar la situación de la Policía en el País Vasco, dotarla de mayores medios. Por otro lado, la situación de las dos ETAs es mucho peor que antes, atraviesan un momento de desintegración, de descomposición interna.

—El PSOE acusó reiteradas veces a los Gobiernos de UCD de debilidad en la política con Francia. ¿Qué ha hecho hasta ahora el Gobierno socialista en este terreno y qué ha hecho Mitterrand que no hiciera Giscard?

—El Gobierno de Mitterrand ha hecho en año y medio más que Giscard en siete, aunque hay que seguir exigiendo. Cuando los socialistas ganaron las elecciones en Francia y aquí aún gobernaba UCD, nosotros dijimos a nuestros compañeros socialistas franceses que en la lucha contraterrorista no cabían ideologías, que aquí no caben distinciones. Está en juego la vida, los derechos de un pueblo. Ahora existen buenas relaciones y, sin ser excesivamente optimista, las cosas han mejorado, están estrechando el cerco en el sur de Francia.

—¿Influyó su viaje relámpago a París en la liberación, horas después, del industrial Saturnino Orbegozo?

—No; yo iba acompañando al director de la Seguridad del Estado, no tuve protagonismo en ese viaje. La liberación de Orbegozo fue e! resultado de una magnífica labor policial, del rastreo de las unidades de la Guardia Civil.

—A propósito, ¿cuál es su opinión sobre los sucesos de Vaimojado?

—Estos hechos son lamentables, , rechazables; no deberían producirse. No se puede trasladar toda la responsabilidad al cabo de la Guardia Civil, hay una responsabilidad política del Gobierno. A la Guardia Civil se le hace en ocasiones cumplir funciones que no le corresponden y se pueden provocar estos hechos, puede haber abusos de poder, algunos controles no se hacen bien y hay que tener un exquisito cuidado. El Gobierno ha asumido la situación, e! ministro del Interior ha dado explicaciones al Parlamento asegurando el esclarecimiento de los hechos, la exigencia de responsabilidades y la rectificación de errores.

PSOE, UGT y Rumasa

Txiki Benegas integra ahora una comisión de enlace y coordinación con UGT. Las recientes declaraciones del secretario de la Federación de Banca de UGT, Justo Fernández, considerando «una injusticia» la devolución al sector privado de los Bancos expropiados y señalando que «el compañero Felipe debe pensar muy bien las promesas que hace», han suscitado rumores sobre las relaciones entre el partido y el sindicato. ¿Hay discrepancias entre la política «oficial» y la «sindical»? Dice Benegas: «Las relaciones son buenas; tanto el partido como el sindicato están viviendo un proceso de adaptación: no es lo mismo ser un partido en la oposición que un partido en el Gobierno, un sindicato en la clandestinidad que en libertad. Hay que mantener con firmeza la diferencia entre el Gobierno y el partido. El Gobierno lo es de toda la nación, debe llevar adelante ios acuerdos del programa electoral; el partido es una parte de ese acuerdo. El Gobierno ha de resolver los problemas que afectan a todo el electorado; el partido puede a veces mirar sólo los intereses de un sector, sin que esto quiera decir que no sea legítimo. UGT tiene otro papel muy concreto, otros intereses que pueden suscitar algún rozamiento. UGT defiende tos puestos de trabajo desde la responsabilidad que siempre la ha caracterizado; es muy legítimo que plantee determinadas cuestiones y negocie soluciones justas, desde su autonomía como sindicato.»

—Pero ¿a usted qué le parecen esas declaraciones?

—La exigencia de Justo Fernández es desmedida, la nacionalización no estaba en el programa electoral del PSOE y sí la moralización de la vida pública, de la sociedad. Citando se es Gobierno se tienen muchos más datos; en el caso que nos ocupa se hubiera podido producir un «crack» diez veces superior al de Matesa. El Gobierno no actúa por afán nacionalizador, sino para evitar un «crack», y devolverá al sector privado lo que haya que devolver.

Pilar FERRER

 

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