Unidad frente al terrorismo     
 
 ABC.    29/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

UNIDAD FRENTE AL TERRORISMO

OTRO brote de la violencia terrorista segaba la vida, este fin de semana, en San Sebastián, de un joven policía nacional, mientras subsisten, irresolutos, dos secuestros de ETA. El artefacto, colocado en una estrecha calle de la capital donostiarra, amenazaba con producir gravísimos daños materiales, y quizá personales. Se intentó desactivarlo en condiciones de máximo riesgo para las fuerzas policiales. El riesgo fue estimado y afrontado. El desenlace de la operación ya es sabido. No basta con el sacrificio heroico de las Fuerzas de Seguridad del Estado, presentes en Vascongadas con el mismo sentido de la responsabilidad y el mismo espíritu de servico al que se deben en cualquier parte del territorio nacional. La lucha contra el terrorismo demanda, como tantas veces hemos señalado, de estrategias globales; de respuestas adecuadas en una diversidad de frentes que incluyen desde la primera línea en que se encuentran los policías nacionales, la Guardia Civil y los miembros del Cuerpo Superior de Policía, al frente de la dignidad social, con la necesaria cooperación ciudadana, demandada también la acción política, por los partidos y en las instituciones. Todo resulta necesario. La eficacia suficiente para que el terrorismo separatista sea doblegado de una vez, sólo puede encontrarse en la franca y decidida cooperación de las fuerzas políticas. El terrorismo encuentra su propia posibilidad en una conjunción de factores cuya compleja y diversa naturaleza exige la cooperación contraria. Al terrorismo separatista se contribuye cuando se afirma que dentro de España existen otras naciones distintas de la nación española. Se alienta también de largo al separatismo cuando se definen posiciones nacionalistas contra la clave del arco de la unidad nacional. Se nutre, asimismo, la acción terrorista de la referencia ambigua o pacata que a ella se hace desde una moral posibilista. Y se le apoya, cuando se vela su significación criminal en el vaivén de un autonomismo que oscila entre la reducción a condiciones mínimas de los vínculos unitarios y las exaltaciones máximas de los propios rasgos diferenciales.

Desde este entramado de condiciones se debilita la necesaria respuesta social al terrorismo. La insolencia de los cómplices del terror queda sin respuesta: el pago del llamado «impuesto revolucionario» se acepta como cotización de un seguro, y la militancia en la fuerza nacionalista local se asume también como coartada o como garantía remota frente al terror. Actitudes como la de la Confederación General de Empresarios de Vizcaya, opuesta sin fisuras a la extorsión, constituyen un fortín de dignidad. Frente a ETA, sólo es eficaz la acción global, asistida de un patriotismo honesto y valeroso. Toda defensa, además, contra el terrorismo donde el Estado no alcanza a garantizar la seguridad debida, es una defensa legítima. Lo ilegítimo es la ambigüedad como forma de complicidad.

 

< Volver