Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   El "holding" ETA, S.A.     
 
 Diario 16.    30/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

El «holding> ETA, S. A.

EL ministro Barrionuevo ha puesto el dedo en la llaga, alzando la voz públicamente en la denuncia de esa diabólica red que es ETA, a la que calificó de «empresa del crimen» que «actúa con varias marcas, en función del tipo de acción que realice...»

Para las acciones «presentables», marca presentable, para las viles, la marca más vil.

Ciertamente, el ministro ha definido con certeza el demoniaco entramado etarra, denuncia que ya ha sido analizada en muchas ocasiones por la prensa.

Se trata, sencillamente, de un siniestro «holding», vendedor de espantos, lágrimas y muerte que utiliza con diabólica y macabra habilidad el truco de la «triangulación empresarial». ¿Que hay que organizar una manifestación «pacífica»? Se ponen en marcha los comités pro amnistía o los grupos antinucleares vascos que desfilan contra Lemóniz... ¿Se trata, en cambio, de llevar a cabo acciones «parlamentarias» o de propaganda en la opinión pública vasca o en el resto de España? Se transmiten las órdenes pertinentes a ios dóciles y disciplinados líderes de Herri Batasuna. Y así todo. Es, ETA, S. A. en movimiento, cuyas «empresas» de paja al final confluyen en los enclaves del sur de Francia, donde gozan de envidiable impunidad ante cualquier tipo de «auditoría» judicial o policial.

ETA ha lanzado en los últimos días su famosa campaña de primavera, con secuestros, atentados, bombas, funerales, marchas contra Lemóniz, etc.

Todo ello responde a los inicios de la «campaña electoral» etarra, de cara a las consultas municipales y autonómicas que se avecinan, un intento de contrarrestar un cierto hastío, una pérdida de apoyo en la sociedad vasca ante el fenómeno terrorista. Los etarras, en lugar de utilizar carteles y pasquines, adornan las paredes de Euskadi con las visceras de algún policía nacional asesinado.

MIENTRAS tanto, la Policía está registrando un considerable aumento en las cotas de colaboración ciudadana en el País Vasco, con gran cantidad de denuncias telefónicas y telegráficas que, paradójicamente, no reivindican el posible cobro de esa recompensa tipo «Far West» de 20 millones de pesetas que el Gobierno ha establecido para premiar las posibles pistas que conduzcan a la resolución de los casos de secuestro.

La medida de la recompensa, criticada en diversos medios políticos y periodísticos, aduciendo que los ciudadanos honrados están moral y cívicamente obligados a cooperar con las Fuerzas del Orden sin necesidad de recompensa alguna, es defendida por los portavoces gubernamentales con el argumento de que dicha recompensa va dirigida a los ciudadanos «no honrados»...

Mientras tanto, se siguen diversas pistas a la búsqueda del paradero de Diego Prado y de Jesús Gulbert, en manos de ETA militar, el segundo, y de los Comandos Autónomos Antícapitalistas, el primero. Al parecer, Diego Prado está, casi con toda seguridad, escondido en algún piso madrileño, y aún no ha abandonado la capital.

La Policía investiga nuevas redes de apoyo a ETA, distintas a las del antiguo «comando Madrid», de Jimena Alonso, que se consideran ya «quemados».

A pesar del durísimo y multidireccional ataque etarra, las autoridades gubernativas se muestran esperanzadas y hasta optimistas. El golpe propinado a los «octavos» con la detención de sus principales dirigentes ha dejado a la rama «poli-mllis» prácticamente descabezada, mientras que, en el seno de los «milis» parecen detectarse ciertas disensiones internas, junto a un notable disgusto por las acciones «por libre» de los «autónomos», que secuestran a un industrial como Guibert, peneuvista y que, además, pagaba religiosamente el chantaje revolucionario.

A Enriquito Barón, encantador ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones, que le gustan las setas como a mí y es un estimable «boletaire», el otro día le llamaron para decirle que si no tenía inconveniente en ceder la «suite» que tenía reservada en cierto parador nacional a un huésped muy particular: se trataba, nada menos, que de la marmórea Bo Derek, la «chica diez». Barón, tras sugerir la posibilidad de compartir la «suite» y manifestar estar dispuesto a dormir en un sofá, dada la amplitud de la estancia, por fin accedió, pidiendo que la Bo se hiciera, por lo menos, una fotito frente al parador, para la cuestión publicitaria. Eso se llama hacer patria, y no como otros.,.

 

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