Autor: Pi y Torrente, Ramón. 
 Celebración del Día de la Patria Vasca tras una semana de tensión entre Madrid y Vitoria. 
 González     
 
 La Vanguardia.    22/04/1983.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Celebración del Día de la Patria Vasca tras una seman

El protagonista González

Durante los años en que Felipe González era "Isidoro", en la primera mitad de los años setenta, los observadores de la política percibían que al morir Franco le estaba reservado al joven líder socialista un papel relevante. Eso se decía cuando casi nadie conocía personalmente a este sevillano nacido en 1942, y la razón del pronóstico residía en el hecho de que González era el "número uno" del Partido Socialista Obrero Español, la organización que poseía la patente del socialismo entre nosotros. La muerte de Franco tuvo muchos efectos, ciertamente, y uno de ellos fue el poner de manifiesto que todo lo que había estado tapado mientras ocupó la jefatura del Estado no había muerto, sino que esperaba la oportunidad de emerger. El PSOE, en manos de un grupo de jóvenes decididos desde 1972, "resucitó" en 1975, y todo el mundo sabía que sería una fuerza política importante a partir de su XXVII Congreso, celebrado en Madrid en diciembre del 76. Felipe González se había convertido en uno de los hombres punteros de la política española.

La trayectoria política de Felipe González no es personal, sino colectiva. El no es un líder, sino un aglutinante. Los militantes del PSOE instalados en las tesis marxistas de lucha de clases saben que nunca será un socialdemócrata, y el sector más acomodaticio sabe que nunca será un doctrinario. Esta cualidad proteica de González tiene un valor inestimable en un partido cuya dirección aspira a mantener el poder político por largo, largo tiempo: los unos saben que de la duración en el poder depende la adopción de medidas irreversibles en la práctica, y los otros estarán en el poder, que a fin de cuentas es lo que buscan. Felipe deja hacer, y aglutina. Y cuando se planteó un serio problema ideológico en un congreso del Partido -probablemente el único problema ideológico serio-, González dimitió, dejó huérfanas a sus huestes, y volvió en olor de multitudes seis meses más tarde. El problema ni se abordó. Sencillamente, todos comprendieron que para mantener a Felipe en el "poster" electoral lo mejor era no andarse con dibujos ideológicos o doctrinales.

Progresismo en tres campos

Cualquiera que oiga a Felipe González hablar de economía puede creer que está oyendo no ya a Galbraith, sino al mismísimo David Ricardo. Pero cualquiera que vea la política del Gobierno que González preside, lo que verá es una curiosa mezcla de pragmatismo y de intervencionismo, de lucha contra la inflación y de gasto público desbocado. ¿Se le va al presidente la política económica de las manos? No lo creo así, más bien tiendo a pensar que en realidad, esa política es la más fiel traducción del modo de ser del presidente. Es la que él quiere hacer.

Pero González sabe que en materia económica no hay grandes márgenes de actuación. Y por eso cuando quiere poner énfasis en el carácter de izquierdas de su Gobierno, no se refiere a los números -que los números traicionan, y prometer ochocientos mil empleos netos se paga carísimo-, sino a la política de familia, de aborto y de educación. Estos fueron los tres campos sobre los que Felipe ´González se jactó de hacer una política que bautizó de progresista.

González ha aprendido la verdad de la frase del "espadón de loja": gobernar es resistir. Y resiste. Tiene mucha simpatía personal, una imagen de moderación bien asentada, un partido mediocre, pero extraordinariamente fiel, y un buen aparato electoral. Pero, sobre todo, tiene una enorme cualidad: carece hoy por hoy de adversario para La Moncloa. El PSOE ha desertizado sus alrededores, y es ahora el rey del desierto político.

González es el protagonista de esta semana porque, seguramente por primera vez en la historia del "Boletín Oficial del Estado", alguien discute al presidente del Gobierno su capacidad de refrendar un acto del Rey. El episodio es conocido: el gobierno vasco entiende que para la designación de landakari es preciso el refrendo no del presidente del Gobierno, sino el del presidente del Parlamento vasco, y el decreto no iba refrendado por Pujana, sino por González. El presidente se encuentra, así, otra vez enfrentado a un problema que podrá resolverse en este caso, pero que en su hondura continuará planteado durante mucho tiempo. El mérito de Felipe González no será su solución, sino su capacidad de resistencia.

RAMÓN PI

 

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