Autor: J. T.. 
   Una moza de derechas     
 
 Pueblo.    13/05/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 7. 

UN MITO DE AYER VUELVE

Dolores a Madrid. ..O a Asturias. Ya es un hecho. Simples tramites los que demoran el regreso de la

Pasionaria a su Patria. Se habla incluso de un piso para ella en la Ciudad de los Periodistas.

Vuelve una anciana de ochenta y dos años, que cuando acabó la guerra civil española apenas había

rebasado la cuarentena. No es una viejecita exiliada.

Comporta todo un símbolo. Mejor, un mito. Viene rodeada de leyenda, positiva y negativa.

Tómese como se tome, es una estampa del ayer reciente, vivo, demasiado próximo para que pueda ser

tratado sin la pasión que ella adoptó como remoquete de su lucha política.

Aqui de lo que se trata es de dibujar su figuro, con la objetividad necesaria. Sin establecer juicios de

valor. Delineando, en lo posible, su contorno humano. Cosa también difícil. Porque el mito, la leyenda,

el símbolo, desdibujan. Crean otra imagen sobre la imagen cierta. Aquella vasca recia, maciza,

lo de la escultura modelada por Victoria Macho, que arengaba a los del 5.° Regimiento, es hoy una mujer

senecta, de pelo blanco, afinada en su rostro.

Ha ganado aristocracia en la presentía, y lejanía, en el recuerdo. No puede —ni tal vez quiera— sacudirse

la Historia que lleva sobre sus hombros. Ni la leyenda tampoco.

Un pecado de que se la acusó —como a tantos de la élite soviética de su tiempo— fue el del culto a la

personalidad.

Pecado del que —y es humano y explicable— acaso no puedan absorbérsela todavía. Vamos a contar,

sencillamente, quién es y cómo es Dolores Ibarruri (Pasionaria).

UNA MOZA DE DERECHAS

NACIÓ en tierra minera. Su padre, Antonio Ibarruri, a quien apodaban «El Artillero» por su destreza en

manejar los explosivos en la mina. Fue un día, de diciembre de 1895, en el último lustro del siglo pasado,

cuando sus ojos se abrieron a la luz en Gallaría, Vizcaya. Bajo la tierra, los yacimientos de mineral de

hierro más importantes de España. Era la octava de los once hijos del matrimonio Ibarruri. Por sus venas,

junto a la sangre vasca, corría la de Castilla, aportada por la madre. La propia Dolores, al hablar de sus

orígenes, escribe: «Todos mis parientes, castellanos y vascos, fueron mineros. Mi abuelo materno murió

en la mina, aplastado por un bloque de mineral. Mi madre trabajó en la mina hasta que que se casó; mi

padre, desde los dieciocho años, en que dejó el Ejército carlista, al terminar la última guerra civil, hasta

que murió, a los sesenta: y siete años. Minemos fueron mis hermanos y minero mi marido. Soy, pues, de

pura cepa minera. Nieta, hija, mujer y hermana de mineros.»

Teresa Pamies, biógrafo de La Pasionaria, señala cómo el marco en que transcurrió la infancia de Dolores

era apropósito para la forja de esta mujer rebelde: Gallarta, como loco minero de Vizcaya, contaba, al

iniciarse el siglo, con un Centro Obrero, que disponía de biblioteca e incluso orfeón. En Bilbao nació una

de las primeras asociaciones españolas de la Internacional de Trabajadores, creada en el año 1868; el

Partido Socia,lista existía desde 1879 y la Unión General de Trabajadores se instituía nueve años después.

Tomás Meabe fundaría la Juventud Socialista cuando Dolores Ibarruri cumplia los nueve años de edad, Y,

sin embargo, ni Antonio «el Artillero» era un revolucionario o agitador ni su esposa tampoco. Eran

vascos católicos, de fe enteriza. Se, resignaban a la voluntad de Dios y no se implicaban en las luchas

desesperadas de los hombres que anhelaban algo de justicia en su duro vivir. La Pasionaria, a la

clarificada altura de su ancianidad. guarda la imagen de aquellos días. La ha dejado en su libro de

«memorias» titulado «El único camino»: «Yo no he olvidado nada —escribe—. Y entre los dolorosos

recuerdos de una infancia, triste y de una adolescencia sin ilusiones, vive el recuerdo de mi padre anciano,

trabajando en la mina «Justa», en la limpieza y recogida de la chirta arrastrado por las lluvias de los

terraplenes o por el agita de los lavaderos de mineral. Metido en un hoyo fangoso, formando parte de un

pequeño grupo de viejos mineros como él, remangados los pantalones hasta más arriba de las rodillas,

chapoteaban en el fangoso arroyo, arrojando sobre las cribas paladas de barro, en el que mezclaban los

pequeños trozos de mineral. Cuando salian del agua, apenas podían calzarse.»

Dolores tuvo la suerte de ir a la escuela hasta los quince años. Incluso dos después estuvo preparándose

para estudiar la carrera de maestra. cosa que no hizo porque la madre creyó que el día de mañana le sería

más útil aprender a coser y la metió en un taller como aprendiza.

En mayo de 1967, Ana Maria Badell deFisac narraba, en el periódico «Ya», su reciente viaje a Rusia y la

visita que hizo a La Pasionaria en Moscú, por encargo de una religiosa vasca que le había encomendado

le dijese que rezaba mucho por ella. Cuan do le comunicó este mensaje, Dolores le contestó:

«Dígale de mi parte que se lo agradezco.» Y, luego, le explicaba: «Yo, a las monjas, no las he querido

hacer mal. Testigos quedarán de las que estaban escondidas en el convento de les Agustinos, de Madrid,

que las quise ayudar y salvar de los milicianos de la F. A. I. Cuando les decía quién era yo me miraban

con horror, como sacudidas por una corriente electrica, exactamente igual que si delante de ellas tuvieran

el demonio. Yo les llevé un Crucifijo y después de mirarme con desconfianza, temiendo caer en una

trampa, lo cogió la superiora y, llorando, lo besó y lo pasó a todas las demás para que lo besasen.»

En aquella ocasión, La Pasionaria recordó a su visitante lo que un día había escrito de ella «Gringoire»:

«La Pasionaria, aun siendo de raza española, es. sin embargo, un personaje turbio. Antigua monja, se casó

con un fraile que había colgado los hábitos. De ahí su odio por los religiosos. Se ha hecho célebre por

haberse arrojado, en plena calle, sobre un desdichado sacerdote, seccionándole la yugular a dentelladas.»

Sin embargo, tanto Dolores como su familia, en Gallaría, vivían en la práctica de la fe católica. Cuando

matrimonió con Julián Ruis, un mozo socialista, el párroco —recordaba La Pasionaria a Ana María

Badell—, al casarla, le dijo: «Tú eres inteligente y sabrás convencer a tu marido.» Y comentaba: «Pero no

resultó así y él fue el que me convenció a mi. Se me habían muerto tres hijos por no tener medicinas que

darles.»

 

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