Autor: García Damborenea, Ricardo. 
   ¿Por qué no le gusta el Plan ZEN al señor Bandrés?  :   
 (O "no corráis que es peor", decía el cojo). 
 Diario 16.    31/05/1983.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

RICARDO GARCÍA DAMBORENEA

Diputado del PSOE por Vizcaya

¿Por qué no le gusta el Plan ZEN al señor Bañares?

(O «no corráis que es peor», decía el cojo)

Respondiendo al duro alegato publicado en estas mismas páginas contra el plan antiterrorista ZEN por el diputado de Euskadiko Ezkerra Bandrés, uno de los máximos líderes del PSOE vasco argumenta sobre la conveniencia del plan y la inconveniencia de criticarlo así.

El señor Bandrés ha escrito un artículo (Diario 16, 24 de mayo) para explicarse. Y ha dicho: «No conozco el Plan ZEN, pero no me gusta.»

Una vez más, cuando esperábamos un juicio, nos regalan un gesto. Cuando queríamos oír un por qué, se nos ofrece un mohín de disgusto.

El diputado Bandrés no conoce el Plan ZEN, pero no le gusta. ¿Es esto lo que nos explicaban de niños como pre-juicio? ¿Es una displicencia de «connaiseur» que se precia de descubrir el tufo españolista debajo de la boina menos sospechosa?

¿Es un gesto diletante para ese público que tanto le quiere y al que tanto debe?

¿Qué quiere EE?

El señor Bandrés no lo explica. Dice que no le gusta porque desconfía del Ministerio de Interior; porque no se ha consultado con las fuerzas políticas del País Vasco; porque quiere más medidas políticas que policiales; y, en definitiva, porque le va a costar mucho dinero y teme que su bolsillo no pueda soportar tanto lujo policial, tanto náutico, tanta hípica, tanto golf...

Si mi oficio fuera el de moralista, podría encontrar buenas razones para pensar que los argumentos del señor Bandrés son mezquinos. Como lo nuestro es la política, dejaremos las etiquetas.

¿Qué se propone el Plan ZEN? Mejorar las condiciones de la Policía que actúa en el País Vasco. Hacerla más eficaz. Mejorar sus dotaciones, aliviar su marginación, elevar su moral, sacar a sus hijos del ghetto, organizar su trabajo... y todo ello para elevar los niveles de seguridad ciudadana en el País Vasco y, naturalmente, para combatir mejor al terrorista.

Parece que, hasta aquí, no habría gran cosa que objetar. Podemos discutir la instrumentación de esos objetivos, y estoy seguro de que la discutiremos. Pero hasta el señor Bandrés tendrá que reconocer que la situación de las Fuerzas del Orden Público en el País Vasco está clamando por un cambio y que es de justicia atenderla. ¿O no?

Tal vez el problema radique ahí, y no haga falta descender a más detalles. Tal vez el Plan ZEN no gusta a quien no le gusta la Policía misma. Lo honesto sería empezar por ahí. Euskadiko Ezkerra fría sido siempre muy clara en este aspecto (¡Ke se Bayan!) y quien más enfáticamente ha utilizado el recurso retórico de la antonomasia para designar figuradamente a los policías como «txakurras» (perros, en castellano). Y no estoy recriminándoles, que no es mi papel.

Estoy insinuando que, mientras en algunos campos del análisis político EE na sabido evolucionar felizmente en sus planteamientos, le quedan otras parcelas de irracionalidad en barbecho. Por ejemplo, la Policía. Que ya no es la de Franco, evidentemente. Que está dirigida por un Gobierno que ya estaba en las Comisarías y en las cárceles cuando llegaron los etarras. Que está muriendo al servicio de la seguridad de los ciudadanos vascos. Que está cayendo en nombre de todos; en nuestro nombre, en nombre de! diputado Bandrés y del mío propio. En nombre de cosas inasibles, como libertad y democracia. Que le están matando, precisamente, los enemigos de la libertad y de la democracia.

(No ignoro que hay pendientes cosas que cambiar en la mentalidad y en los hábitos de algunos oolícias. Ni lo ignoro, ni quiero ignorarlo, porque me importa conseguir ese cambio. Pero ésta es otra cuestión.)

Insisto. Tal vez el problema de EE radique en que guarda campos en barbecho que no quieren labrar porque las contradicciones son una lata y, a veces, se obtiene más rentabilidad (¿electoral?) conservándolas intactas.

¿Hay algo más? ¿Tal vez a determinados conceptos de la nación vasca (es molesta por principio todo lo que recuerde la presencia del Estado en el País Vasco? El señor Bandrés no lo explica.

En cambio, se centra en el agravio desmesurado que van a sufrir nuestros bolsillos para financiar el Plan ZEN. Y, ahí, sí que estamos de acuerdo. El Plan ZEN nos sale carísimo. Mucho más de lo que supone el señor Bandrés.

Porque el costo está mal calculado. Hay que hacer las cuentas bien. Hay que poner todo lo que nos cuesta la guerra santa de ETA, e ir sumando. Ponga usted los muertos, sume las extorsiones, no olvide las pensiones de viudedad y orfandad, consigne las paralizaciones de la vida social y laboral por amenazas de bomba, agregue las horas invertidas en pasear la calle protestando... y haga la cuenta.

A lo que resulte súmele el costo del Plan ZEN, que, como todo el mundo sabe, nos lo podríamos ahorrar si no hubiera en mi pueblo nacionalistas exaltados que hacen patria despanzurrando infieles. Ese es el coste total. El verdadero. Me gustaría conocer la receta del señor Bandrés para ahorrar tanto despilfarro.

Problema de todos

Y me gustaría conocerlo, porque todas las ideas constructivas deben ser aprovechadas cuando afrontamos un problema que es muy grave, que nos afecta a todos sin acepción de tribus, y pera el que nadie cuenta, que yo sepa, con la piedra filosofal.

Y no está ni pizca de bien que el señor Bandrés escurra el bulto. Hay que lamentarlo porque, sin duda, tendría grandes ideas que aportar, como buen conocedor de las calamidades que emanan de mi pueblo. Estoy seguro de que don Juanmari, puesto en la tesitura de ofrecer alternativas responsables, diría cosas bastante más sensatas que las expuestas en su artículo. Y si tuviera que decidir él personalmente, es poco verosímil que apostara por el cierre de las Comisarías, el abandono de la lucha policial contra los terroristas, o por dejar el orden público en manos de 500 policías autónomos con un año de experiencia. ¿O sí?

Si los dioses quieren ser clementes conmigo, no me dejarán morir sin satisfacer esta curiosidad que me desazona. ¿Qué haría el señor Bandrés si fuera ministro de Interior de España? ¡Ay! ¡Quién pudiera saberlo! Por el momento, tenemos que conformarnos con lo que sabíamos de antemano: que al señor Bandrés no le gusta el Plan ZEN.

 

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