Provocación separatista     
 
 ABC.    07/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PROVOCACIÓN SEPARATISTA

LA situación por la que atraviesan las provincias vascas era a partir de ayer una de las más graves entre las que nunca se presentaron. Herri Batasuna congregaba en Bilbao una manifestación en apoyo de la «soberanía nacional» y por «la normalización democrática» de Euskalerría. Y don Carlos Garaicoechea iniciaba una fuga hacia adelante afirmando, ante la falta de quorum en que se encuentra el Parlamento de Vitoria, que el propósito de la oposición es impedir que la Cámara autonómica legisle «para aplicar al Parlamento vasco las leyes electorales del Parlamente» español».

La valoración de estos sucesos sólo se puede hacer en un único y muy preocupado sentido. La correlación es evidente entre lo que pedían los manifestantes que apoyan el brazo político de ETA y lo que se desprende de la posición del señor Garaicoechea ante el estado de minoría parlamentaria al que ha sido reducido el Partido Nacionalista Vasco en la Cámara autonómica. La correlación es evidente y palmaria la contradicción formal en que se encuentran los dos nacionalismos, el peneuvista y el ultraizquierdista de Herri Batasuna. Existe correlación en el síndrome de la misma demanda de una «soberanía nacional» para este territorio de la nación española. Existe contradicción porque la demanda de una normalización democrática por parte de HB colisiona expresamente con el comportamiento antidemocrático del PNV en el Parlamento de Vitoria, La contradicción, sin embargo, se acaba por enjugar en la síntesis de un común propósito. El separatismo vasco surge como lo fundamental, en tanto que común denominador de unos y de otros, mientras que lo democrático se resuelve como cuestión secundaria.

El separatismo vasco de derechas, por su más íntima y profunda condición, se acaba abrazando con el separatismo vasco de izquierdas. Invierten el sentido de aquellas históricas palabras de José Calvo Sotelo («prefiero una España roja a una España rota»), para desembocar en la afirmación —que antes era tácita, y desde ayer expresa— del «preferimos una Euskadi roja a una Euskadi integrada en la nación española».

En Bilbao y en Vitoria, fuera y dentro, respectivamente, del marco institucional de la autonomía, ha sido ayer presentada y activada la tenaza de la unidad nacional. Se trata de un proceso alternativo, aunque sus fines sean los mismos, a la propuesta de una «mesa para la paz». El Gobierno de la nación, en un oportuno reflejo de salvaguardia de la unidad patria, puso sobre la mesa aquella las cartas de firmeza que correspondían. Esto de ahora es la réplica provocadora del independentismo. La situación es crítica para el PNV. O se define como fuerza inserta en el Estado, o quedará definido como responsable político del caudal de sangre derramado por ETA. Las autonomías pueden ser la víctima del separatismo;

 

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