Autor: Urbano, Pilar. 
   Pagar por vivir     
 
 ABC.    07/06/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Hilo directo

PAGAR POR VIVIR

Se echó a llorar. Abrazaba y besaba a su mujer, a sus hijos Diego y Carlos, a su hermano Manolo y a su sobrino Borja. Se atropellaba, queriendo saber «¿cómo estáis?, ¿cómo habéis pasado todo este tiempo...? ¡Hubo un momento... creí que ya no os vería...!» Y luego, como un «ritornnello», «¡lo que habéis sufrido por mí!». Ojeroso y pálido, después de un cautiverio de setenta y cuatro días tensos, desconcertantes, en soledad, confinado en un «zulo» angosto, sin ver la luz del sol. Con diez kilos menos y una espesa barba de «moisés», canosa y descuidada. Llevaba el traje azul oscuro con que le secuestraron, desgarrado en una de las mangas. Sin corbata y terriblemente cansado. En un Ford Granada verde, Diego Prado regresaba a su casa de la calle de Zurbano. Allí tomó una tortilla francesa y una cerveza fresca. Pasaba de la locuacidad al mutismo. De la alegría, al abatimiento moral... El médico Invirtió hora y media larga en reconocerte. «Físicamente está bien, aunque más delgado y bajo efectos de una mezcla de valium y güisqui..., pero psíquicamente está destrozado. Tardará algunos meses en salir de este desastre.»

Contó que había escrito tres cartas a la familia. Sólo llegó una, publicada en «Egin». El aislamiento, la falta de noticias del mundo exterior y la soledad sin diálogo, son los más terribles y crueles ingredientes que oxidan el ánimo de un secuestrado. Con Diego Prado, los etarras han jugado arteramente estos recursos de presión moral. Y el engaño de «hacerme creer que tú, Manolo, té habías desentendido y no hacías nada por liberarme...».

Una vez más, el secuestro ha sido eficaz. Porque ha habido rescate económico y no liberación policial. Este es un hecho sin doblez. Los secuestradores han tenido aguante y sangre fría para esperar a que se recaudase, si no la «sideral cantidad» demandada en un principio, sí un fuerte precio, cuya acumulación ha supuesto setenta y cuatro días de gestiones financieras sin tregua. «Desde el primer momento yo he tenido interlocutores interpuestos, ¡por supuesto, no yo mismo!, tratando de mantener un hilo de diálogo abierto con ETA militar... Canales atípicos... Ya he advertido al Gobierno que haré todo lo legal y lo ilegal por liberar a Diego. Pero jamás diré qué hago, qué he hecho o qué voy a hacer... Y tampoco me "pillarán" a mí llevando dinero para pagar.» Esto me confesó Manuel Prado una tarde de domingo, justo aquélla en que se publicó la carta de su hermano y las fotos en su cautiverio. En la rueda de Prensa, M. P. ha sido más hábil en sortear la lluvia de preguntas sobre esta cuestión crucial. Pero muy elocuente en el silencio evasivo.

ETA ha sabido actuar. Es otro hecho sin vuelta de hoja. Eligió a su víctima «sin equivocarse de hombre»; un banquero arruinado, pero con un apellido convocador de influencias y ayudas. Y dejó en libertad a su hermano: al empresario experto y audaz, bien relacionado con financieros y jerarcas del capital en España, en Iberoamérica y en Arabia Saudí. Lo demás era cuestión de... «darle tiempo». En la antinomia «razón de Estado»-«razón humana», Manuel-Prado ha hecho lo que hubiera hecho cualquiera por salvar la vida de un ser querido. Y no hay fuerza moral para censurarle. Pero..., cobrado el rescate, ETA es ahora más poderosa. Pilar URBANO

 

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