Autor: J. T.. 
   La guerra civil     
 
 Pueblo.    13/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA GUERRA CIVIL

LA guerra civil fue el trágico fondo sobre el que se destacaría la figura, siempre vestida de negro, de

Dolores Ibarruri. Su actividad deviene extraordinaria. Sobrehumana casi. Enronquece gritando consignas

en los mítines y en los coches volantes del «altavoz del frente. Fabrica «slogans» qué se repiten con

fortuna. Frases heroicas o que impelen al heroísmo, como «más vale morir de pie que vivir de rodillas» o

«es preferible ser la viuda de un héroe que la mujer de un cobarde». En agosto de 1936 viajó a Francia y

Bélgica, formando parte de la comisión que pide ayuda a los socialista de León Blum y Vandervelde,

entonces en el Poder. La misión no tiene éxito, pero Pasionaria enfervoriza a las masas de aquellos países

cuando interviene en actos públicos. Desborda, virtualmente, a los ministros de la República, Es un

verdadero ciclón. En el Ministerio de la Guerra se la llama doña Metomentodo. Su propósito es mantener

viva la presencia comunista y capitalizar toda la propaganda del Partido.

El 4 de octubre de 1936 interviene en un acto en el cuartel del V Regimiento de Milicias Populares, junto

al comandante Líster y a Jesús Hernández, ministro de Instrucción Pública. Sigue manteniendo su oratoria

de arengario y mitin: «Milicianos de Madrid —les dice—: una vez más os repito la necesidad de

mantener cada día con más fuerza el sentimiento de la victoria. Acostaos pensando en que "no pasarán» y

levantaos diciendo "los venceremos".» Diez días después habla en el Monumental. Acusa la tranquilidad

con que se vive —con que viven algunos— en la ciudad: «En Madrid no se siente la guerra como debiera

sentirse; hay demasiados señoritos con mono y hay que terminar con eso... Hay que terminar con el

espectáculo de las calles de Madrid cuando en los frentes se necesitan h o m b res... Hay que limpiar la

retaguardia; cada uno debe saber quién es el vecino de al lado...»

En esta misma idea persiste en su discurso del 8 de marzo de 1938 «a las mujeres antifascistas de

Madrid», pronunciado asimismo en el Monumental: «La calle de Alcalá, el paseo de la Castellana, no

pueden ser jamás paseos de los señoritos holgazanes, sino de los obreros de Madrid, del pueblo de

Madrid. Decidles que una vez más España está en pie. Decidles que no queremos una España de curas, de

terratenientes y de banqueros.»

 

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