Autor: Cardoso, Vasco. 
 Entrevista, güisqui en mano, con Santiago Carrillo. 
 "Me siento como un gallo en corral ajeno"  :   
 "El pueblo español está maduro para la democracia". 
 Pueblo.    13/05/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

SANTIAGO Carrillo («Me siento como gallo en corral ajeno») estaba en un rincón. Estaba solo en medio

de un ambiente de hielo, que el nuncio se arriesgó a romper. Después. se multiplicaron los saludos («No

soy comunista, pero soy simpatizante»), era la fórmula más común para iniciar el breve diálogo. Y a

continuación el recién presentado desaparecía en medio de la masa de invitados.

Desde luego, algo está posando en este país, donde los acontecimientos se desarrollan a una velocidad

de vértigo, rompiendo todos los moldes y estructuras que parecían inamovibles. A nadie le sorprende ya

ver una bandera roja en plena Gran Via, pero de esto a encontrarse de frente con el nuncio

Su Santidad saludando a Santiago Carrillo va un abisme.

Pero lo cierto es que no temblaron los cimientos de la Iglesia de Pedro cuando monseñor Dadaglio,

todo púrpura, todo diplomacia vaticana, se acerté al secretario general del Partido Comunista

para intercambiar con él algunas palabras que fueron algo más allà que el simple protocolo... Nadie

tembló, tampoco, cuando Iglesias Selgas —cuarenta años de sindicalismo contemplaban la escena—

aprovechó una brecha para apretar la mano de Carrillo en el coctel en la Embajada de Portugal, que

conmemoraba el tercer aniversario de su revolución.

Impasible, el embajador de Portugal seguía recibiendo a los invitados —muchos diplomáticos

de Europa oriental, algunos africanos y un puñado de amigos españoles— sin dar mayor importando

a lo que estaba ocurriendo en los salones de la representación diplomática, sin apercibirse

que bajo el pretexta de la revolución de los claveles se estaba desarrollando otra revolución, no menos

importante: la revolución de la convivencia.

? "El pueblo español está maduro para la democracia"

—Es la primera vez que intervengo en un acto oficial. Reconozco que no estoy acostumbrado a estos

ambientes, Sobre todo, después de tantos años de exilio y clandestinidad, es difícil hacerse a la idea de

que uno, de alguna manera, es un hombre público, con una serie de obligaciones en este terrena

Pero Santiago Carrillo está ya acostumbrado a ser el centro de la atención de todo el mundo. («Cuando

me reconocen en el avión, la gente me pide autógrafos. Estoy seguro que muchos —la mayoría— no son

comunistas. Sin embargo, no tienen inconveniente en acercarse a saludarme.»)

Le digo al señor Carrillo —en todo momento le llamé señor Carrillo— que este país está cambiando.

—Nosotros estamos dispuestos a luchar por la implantación de un auténtico sistema democrático en

España. Respetamos los resultados electorales, aunque todo el mundo esté atento para denunciar las

posibles irregularidades que se registren en el proceso electoral.

Le brillan los ojos al señor Carrillo cuando habla de las elecciones.

—Desde luego soy optimista y no oculto mi optimismo. No digo que los comunistas sean mayoría, pero

le aseguro que a lo largo de los últimos meses pasamos, según los sondeos de opinión, de un modesto

cuatro por ciento a un diez. Hace poco, sin embargo, se afirmaba que el ochenta y tres por cien de los

españoles no votarla comunista. Y esto es importante, pues se trata de una auténtica escalada.

Santiago Carrillo no suelta el vaso de güisqui, que cuidadosamente envuelve en una servilleta de papel.

Con regularidad enciende un pitillo americano mentolado. que mil manos se apresuran a encender. Coge

alguna croqueta y no tiene demasiados miramientos a la hora de tirar la ceniza al suelo, en un tapiz persa

de unos doscientos años de existencia. Hay alguna sonrisa al ser interrogado sobre Alianza Popular.

—Alianza Popular es la continuación del franquismo, la prolongación de la dictadura. Por eso, hemos

de unir nuestros esfuerzos para frenar sus posibilidades.

—¿Y en la hipótesis de que consiga una mayoría en el Parlamento?

—No creo que eso ocurra, pero por nosotros estaríamos dispuestos a aceptar los resultados. Pero, desde

luego, no creo que saquen esa mayoría.

Desaparece de los labios de Santiago Camilo la sonrisa que venía presentando desde el primer momento.

Por la mirada le pasa una nube de preocupación mal disimulada.

—El pueblo español está maduro para la democracia. Debo decirle que hace poco, en Valladolid, cuna del

falangismo, conseguí reunir en un mitin a más de doce mi) proporción de los votos en las elecciones de

junio, le personas en el mismo loca) que Fraga Iribarne no había conseguido juntar más de dos mil. Y

aunque esa no será la puedo asegurar que hoy el Partido Comunista tiene algo que decir a la hora de

contabilizar votos.

Con sentido del humor. Santiago Carrillo contesta con una carcajada abierta cuando le pregunto si tiene

seguridad absoluta de conseguir un escaño.

—Abandonaría la política si no consigo ganar en Madrid. Lo mismo puedo decir de Dolores Ibárruri, que,

en cualquier momento, puede conseguir el pasaporte para regresar a España. Son absurdas e injustificadas

todas las trabas que se están levantando en este sentido.

—Su pasado, y, concretamente, «lo de Paracuellos», ¿puede tener alguna ínfluen. cia en los resultados

electorales del Partido Comunista?

—«Lo de Paracuellos», come usted le llama, es tan sólo e´ resultado de una hábil campaña política

reaccionaria contra el Partido Comunista Por lo demás, mi pasado esté a la vista. Luché con el Ejército de

la República, y cree que eso tan sólo me puede favorecer. Desgraciadamente otros partidos no pueden

presentar a líderes con un pasado como el mío. ¿Qué más quisieran los muchachos del P. S. O. E. que

poder presentar a los dirigentes socialistas ya fallecidos?

Me parece que tan sólo en el momento en que le hablo a Santiago Carrillo de ta C. N. T. y del mitin en la

plaza de San Sebastián de los Reyes, pierde un poco el control de la situación.

—Ante todo, no puedo comprender cómo se ha permitido organizar ese mitin a una organización que no

está legalizada, cuando a mi, que tengo un partido legaL me lo prohiben en un estadio. Por otra parte,

desgraciadamente, lo que hemos visto en San Sebastián de los Reyes no tiene nada que ver con la

auténtica C. N. T. aquello era un festival «hippy», absolutamente folklórico, sin ninguna base política. Yo

no tengo nada absolutamente contra los anarquistas y, por supuesto, que defiendo su legalización, a) igual

que la de los demás grupos políticos que siguen en la clandestinidad.

Con los brazos abiertos en cruz, a riesgo de que se desamara el güisqui. Santiago Carrillo se muestra

absolutamente convencida cuan do le hablo de la amnistia

—Amnistía total y para todos, incluidos los de derechas que están en la cárcel. Hay que empezar de

nuevo, olvidar cuantas cuentas puedan estar pendientes de saldar, basadas en hechos que ya son historia.

Si no hay amnistía, no podemos llegar a ninguna parte.

—¿Cuál es la posición de P. C. E. ante el fenómeno del separatismo?

—Algunas veces se confunden los términos separatismo y regionalismo. Nos otros estamos absolutamen

te en contra de todo aquello que suponga el desmembramiento de España, pero no podemos olvidar en

ningún momento que cada región — y me refiero también a Castilla. Andalucía y Extremadura— tiene

característi cas peculiares que nadie puede ignorar. Cada región tiene derecho a una cierta autonomía, de

acuerdo con su propia personalidad, todo ello dentro del contexto del Estado español. Sólo asi podemos

hablar de la España una. Por eso vamos en contra de todas las ideas que pretenden destruir el Estado

español que incluso defienden el hundimiento de recepción en de Portugal) los cimientos de la sociedad

en que vivimos. Finalmente, Santiago Carillo, polémico, desconcerante, insiste en el tema de a bandera

del Estado.

—Para nosotros es lo mismo. Respetamos la bandera bicolor, por haber sido legalizados por la

Monarquía. Tenemos nuestra propia bandera, como los camaradas de la Alemania Democrática tienen la

suya y la del Estado. Pero no creo que este detalle sea suficiente como para provocar un cisma en el

Partido, que muchos desearían. Estamos cada yez más unidos y seguramente seguiré en la secretaría

general durante muchos años.

Ya se marchaba, cuando con una media sonrisa me invitó a votar por las listas del Partido Comunista,

«pues tenemos ideas muy claras y definidas sobre el divorcio». Y me tendió la mano, al mismo tiempo

que me decía que «el puño levantado es una manifestación de violencia»...

V CARDOSO Foto SANTISO

 

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