Autor: Dávila, Carlos. 
 Leizaola, en espera de su regreso a España. 
 "En estos momentos el independentismo es un error político"  :   
 "El Estatuto es bueno; resulta ridículo no beber agua porque no nos dan champaña". 
 ABC.    08/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LEIZAOLA, EN ESPERA DE SU REGRESO A ESPAÑA

«EN ESTOS MOMENTOS EL INDEPENDENTÍSIMO ES UN ERROR POLÍTICO».

«El Estatuto es bueno; resulta ridículo no beber agua porque no nos dan champaña»

San Sebastián, 7. (Crónica de nuestro enviado especial.) Una manifestación corta de número y amplia de contenido recorrió ayer una buena parte de San Sebastián. Fue pacifica; en cabeza, una enorme ikurriña con un crespón negro en manos de familiares de Iñaki Quijeras; detrás, 1.000 ó 1.500 personas, la mayoría jóvenes, que coreaban consignas varias; a ambos lados, miembros de la Policía Municipal enviados por e! alcalde que había prometido un desarrollo pacífico al gobernador. Todo salió bien. Los gritos ya rituales tomaron mayor tono a! llegar finalmente al Ayuntamiento, cuando en uno de los balcones los familiares de los refugiados vascos que se encuentran en huelga de hambre aplaudieron a los manifestantes y entonaron con ellos el «Euzko Gudariac».

Nada, pues, imprevisible. Aunque momentos después de terminadas las regatas algunas personas, en los bares céntricos, pensaban que se podía producir una nueva desgracia. Al final todo fue bien. Por hacer un registro casi gráfico diré que los gritos más comunes fueron: «Independencia», «Gora ETA militar» y «Gobernador, al paredón». En su despacho, Joaquín Argote seguía de cerca la marcha de la manifestación. Nunca fue vista la Policía Nacional, sólo hubiera intervenido si se hubieran registrado atentados contra la propiedad. No fue asi y todos nos felicitamos.

POSTURAS DISTINTAS. — Pienso yo que este resultado -ha contribuido a sembrar más paz en San Sebastián. Elisardo Cano, herido y paciente en la Residencia Sanitaria, sigue mejorando; el juez que se encarga de los sucesos de hace siete días ya ha llamado, por otra parte, a declarar a varios testigos. Hay gente también que defienden las palabras del gobernador, y señalan que la manifestación no podía ser pacífica; se esperaba represión y contra ésta —según opinión extendida— sólo cabe lucha y resistencia. Son, en suma, dialécticas distintas, posturas que parecen irreconciliables o al menos muy distintas. Algunos partidos, a ambos lados del espectro político, aseguran que resulta urgente la institucionalización de una Comisión mixta Gobierno-Consejo Genera! Vasco que cuide del orden público. Garaicoechea, e! «lendakari» que aquí es discutido, pero que está en vías de mitificación, ya le ha pedido a Suárez competencias directas en el tema del orden público. Herri Batasuna, que —perdón por ésta concesión al «chelismo»— «pasa de todo», afirma que la Comisión es inútil y que Garaicoechea, al fin y al cabo «abogado de multinacionales», está de acuerdo con Suárez en demorar las verdaderas aspiraciones del pueblo vasco..

Fuera de esta opinión radical que parece ahora menos amplia en Guipúzcoa, aunque «los últimos sucesos —en frase de un miembro del Euzkadi Buru Batzar— han hecho perder puntos al Estatuto». Se suceden las llamadas a la sensatez. Jaime Mayor Oreja, un casi héroe —quien piensa que exagero que se llegue hasta esta provincia— de la UCD, escribe un articulo hoy en el «Diario Vasco», en el que condena la hipocresía de un cuerpo social que valora con distintos parámetros de dolor las muertes de uno y otro lado. Mayor Oreja lo explica todo y recoge también una declaración de los «abertzales» que supone, digo yo, un visado para las metralletas. Es un texto que particularmente me resulta espeluznante. Dice: «El derecho a la vida de muchas personas pasa por el deber de ellas mismas de no colaborar con su propio y común explotador, ahogando la lucha popular y provocando encarcelamientos, torturas y muertes.» Esta es, quizá, una de las claves que ayudan a entender algunas filosofías proclives al sostenimiento de un frente armado.

LEIZAOLA NO QUIERE RUIDO. — Al margen de estas consideraciones debo informar de la entrevista, en el hotel Loustaux, de Bayona, que hemos mantenido con Jesús María Leizaola, el presidenle —aún lo es— legendario del Gobierno vasco en el exilio. Leizaola parece un patriarca asténico, firme y bondadoso, que ya ha cedido en toda su autoridad. Así, cuando le he preguntado por su vuelta, habla lentamente, con una cierta risa bonancible que él se figura cubierta para los secretos que no puede revelar, que «cuando me lo digan iré, creo que será para octubre, y allí voy a trabajar en cuestiones de cultura, que es la única cosa sería que ya puedo hacer». A continuación divaga sobre los seis tomos de un estudio sobre la poesía vasca que ya tiene publicados, otro a punto de editarse y el octavo que «ya he entregado a mi editor».

Tiene Leizaola, por lo que se ve, una risa fácil y complaciente cuando recuerda su biografía y su propia peripecia política, y asegura también que su máxima aspiración es pasar inadvertido:

«Pero creo que esto no es lo que tienen pensado para mí cuando vuelva allí abajo. Sin embargo, me gustaría ir sin ruido, como lo hice la única vez que pasé clandestinamente allá por la Pescua del 74.»

Ahora está en Bayona, «en dos reuniones importantes que algún día se conocerán». Del tema de los refugiados apenas opina, aunque sugiere que «es una pena que no haya mayor flexibilidad». Se define como un pacificador que «ha dejado paso a los nuevos», y que confía en el «lendakari», del que «tengo un buen concepto». Dice, finalmente, que «en este momento el independentismo es un grave error político», y que «el Estatuto es bueno porque resultaría ridículo no beber agua porque no nos dan champaña».

Leizaola es ahora mismo, creo, así. Viste con rigor de cristiano viejo y en su cuerpo magro no tiene lugar para las fobias. Es un símbolo, que parece entender poco de los acontecimientos trágicos de los últimos días. Pero hay que conocerle, porque «honestamente no sé si hay alguien que sepa más de historia de nuestro país que yo. Puedo remontarme a doscientos años antes de Jesucristo».

Mañana está convocada una nueva manifestación, justo antes de la inauguración del Festival de Cine. Me ha dicho un político donostiarra que aquí se devoran con temor las fechas. Se piensa en mañana y ya se espera también la inmediata campaña del Estatuto: «El 25 de octubre tendremos un buen resultado, con un 60 por 100 de participación», me aventura un líder socialista. Hoy, mientras se retiran los vestigios finales del antiguo drama (sólo en Rentería nadie quiere recoger un autobús quemado que cubre la carretera nacional), la gente en la calle habla de política, no de terrorismo. La normalidad es ésta.—Carlos DAVILA.

 

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