La Pasionaria «secuestrada»     
 
 Diario 16.    14/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La Pasionaria «secuestrada»

MADRID, 14 (D16).—Después de treinta y siete años de exilio, Dolores Ibarruri "La Pasionaria", el mito

más importante forjado en torno a la guerra civil española, pisó ayer suelo español pocos minutos antes de

las ocho de la tarde. Sin ruido, como se marchó en 1939, la legendaria figura del Partido Comunista de

España (PCE), que hoy preside, regresó a Madrid en vuelo directo desde Moscú, el número 297, en el

pasaje de primera clase de la compañía soviética Aeroflot.

La serenidad y la sorpresa rodeó el regreso, tan esperado por sus camaradas, que desde hace un año

vienen gritando por las calles: "Sí, sí, Dolores a Madrid." En Barajas se habían concentra do casi más

periodistas, nacionales y extranjeros, que militantes comunistas, que apenas llegaban al centenar. Entre

ellos no se vio a ningún dirigente del PCE. Santiago Carrillo, el secretario general, se encontraba en esos

precisos momentos en Sevilla dando un mitin.

El avión de la compañía soviética fue estacionado a unos doscientos metros de las terrazas de la terminal

del aeropuerto, que estaban abarrotadas de público.

Nada más quedar inmovilizado el avión, un Renault12, matrícula de Madrid, con cuatro ocupantes, se

dirigió a él entre los vehículos de servicio del aeropuerto. El público, que todavía no tenía seguridad de

que La Pasionaria apareciera, contuvo la respiración y se hizo un gran silencio cuando se abrió la puerta

trasera del reactor. Apenas se distinguían las personas que bajaban por las escalerillas. Momentos después

se abrió la escotilla delantera, del pasaje de primera clase. Tras una azafata apareció, en la soleada tarde,

Dolores Ibarruri, que vestía de negro y el pelo recogido en un moño, agitó levemente los brazos.

Después, la operación despiste. La Pasionaria fue "secuestrada". Ningún informador pudo verla de cerca.

"No, no, periodistas no", dijo "La Pasi", con una simpática sonrisa cuando dos periodistas lograron

localizar la estancia donde durmió ayer: el primer piso de unos bloques de la zona norte de Madrid, muy

cerca del barrio del Pilar (frente a la conflictiva Vaguada), en la calle de Sanjenjo, número 9.

Cuando los periodistas comenzaron a hacerle fotos, Dolores, que no quiso responder a ninguna pregunta,

decía sonriente: "Ahora no, por favor", aunque se manifestaba feliz. No se le notaban signos de cansancio.

Se atusaba el pelo y, como queriendo alejarse de cualquier expresión intencionada, comentaba repetidas

veces: "A ver si me sacáis guapa."

Rigurosas medidas de seguridad protegían la casa. El piso es pequeño, pero luminoso y discretamente

amueblado. En el salón, acompañada de su secretaria, que acompañó en el viaje, y un grupo de mujeres

del partido, algunos miembros del Comité Central y otros amigos. Sobre la mesa del comedor había un

gran ramo de rosas rojas.

 

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