Autor: García Hoz, Víctor. 
   Eurocomunismo y política cultural     
 
 ABC.    24/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EUROCOMUNISMO Y POLÍTICA CULTURAL

HACE unas semanas Madrid se convirtió por un día en una especie de capital del nuevo comunismo.

Berlinguer, Marcháis y Carrillo, secretarlos, es decir, jefes de los partidos comunistas italiano, francés y

español, se reunieron en una de las ahora llamadas "cumbres" políticas. El denominador que les unía,

distinguiéndoles de otros partidos comunistas, como el portugués, no participantes en la reunión, es el de

ser representantes, del eurocomunismo, nuevo rostro que el marxismo ofrece a la Europa occidental.

La aparición del eurocomunisrno ha producido desconcierto en muchos y ha sido, y sigue siendo, una

fuente inacabable de controversias. Que si es democrático, que si no es democrático, que si tiene como

objetivo la dictadura del proletariado, que si ha abandonado tal objetivo, que si se fundamenta en la lucha

de clases o en el respeto a la opinión del pueblo...

El eurocomunismo conlleva ciertamente una diferencia de táctica respecto de la actuación violentamente

revolucionaria de los partidos comunistas del pasado. Pero no es simplemente un cambio de táctica

electoral, sino que es la consecuencia de una acomodación del marxismo a las nuevas condiciones de la

sociedad occidental. El extraordinario desarrollo técnico que se ha producido como consecuencia de una

innegable elevación del nivel de vida obliga a plantearse las relaciones económicas de modo distinto a

como se planteaban en tiempos de Carlos Marx. La dicotomía burguésproletario no tiene la garra que

tenia a fines del siglo XIX, entre otras razones porque muchos, muchísimos proletarios, han accedido a un

nivel de vida burgués.

Las relaciones económicas han perdido gran parte de su dramatismo y, en cierto modo, la lucha se ha

polarizado en los dirigentes de las grandes entidades políticas e industriales: Estados y empresas

multinacionales, que ejercen su influencia principalmente a través de los medios de difusión cultural,

mientras el pueblo llano, a su vez, el ciudadano de a pie va poniendo su acento y su preocupación cada

vez más en las posibilidades educativas como medio de promoción social. La manipulación de las ideas,

por un lado, y la exploración educativa, por otro, han puesto a la cultura en el primer plano de las

preocupaciones y de las posibilidades sociales.

Si en la obra de Marx la sociedad se identificaba con el sistema de relaciones económicas, hoy más bien

se debe identificar con el sistema de relaciones culturales. Esta es la reinterpretación del marxismo hecha

por el italiano Gramsci, al que se puede considerar padre del eurocomunismo. Si para Marx y en su

tiempo lo económico es lo primario, para Gramsci la cultura es lo primero. De aquí el cambio de táctica:

en lugar de la conquista violenta del Estado es menester luchar por la conquista de la cultura, porque a

través de ella la Humanidad se organizará bajo el patrón comunista. En los años pasados ! o s doctrinarios

y dirigentes políticos proclamaban que la revolución había de ser hecha por el proletariado; en la nueva

versión del comunismo se entiende que son los intelectuales marxistas quienes han de operar el cambio.

Pero I o s intelectuales se forman y ejercen su influencia sistemática a través de los medios de opinión

pública y de las instituciones escolares. De aquí el especial interés que el comunismo tiene en la

actualidad por la escuela y la cultura. No se trata de que haya abandonado la idea de implantar la

dictadura comunista, sino de modificar el objetivo inmediato: en lugar de la conquista directa del

proletariado se traía de destruir /a escuela y la cultura que llama burguesa y sustituirlas por la escuela y la

cultura marxistas.

Por supuesto que el eurocomunisrno ha suscitado polémicas entre los mismos comunistas. Entre otros

Althuser rechaza la interpretación *humanista* de Marx por considerarla oportunista. Pero son

controversias domésticas que se refieren más bien a la eficacia de la táctica que a las cu e s t i o n e s

fundamentales. Ciertas manifestaciones de los eurocomunistas no encajan con la política soviética. Pero

la prueba de que nunca llega la sangre al rio está en que, pese a todas las divergencias, los políticos

comunistas embarcados en el eurocomunisrno, es decir, el italiano, el francés y el español, no se

desvincula´n de Moscú.

No es menester dejar transcurrir varías generaciones para encontrar en el terreno de los hechos la

confirmación de que el eurocomunisrno, lo mismo que el comunismo sin el prefijo europeizante, conduce

a un aniquilamiento de la libertad y en especial de la libertad de enseñanza. En la misma Italia, donde

Gramsci teorizó y Berlinguer trata de llevar adelante su política comunista con semblante democrático, ha

bastado que en las elecciones municipales quedaran los Ayuntamientos en manos de los comunistas para

que la enseñanza privada tenga cada vez más dificultades. Testigos mudos son las decenas de escuelas

privadas cerradas en la comarca del Lacio y las palabras de alerta de monseñor Pagan! denunciando en

carta Pastoral la acción totalitaria del ´Partido Comunista* en su región, la Umbría, en todos Jos sectores,

desde el administrativo al cultural.

Y no o I v i demos que en la nueva cara, la eurocomunista, del marxismo, por el momento se abandona el

•slogan* de la "escuela única» para sustituirle por la expresión más ambigua de ´escuela pública»;

ocultando la contraposición de la escuela pública y la escuela privada, pero manteniendo esta antitesis de

un modo implícito para poder después realizar la política de los ´fondos públicos sólo para Jas escuelas

públicas".

Otro frente de la misma lucha se encuentra, fuera del ámbito estrictamente escolar, en el mundo de las

publicaciones. Basta mirar los escaparates de muchas librerías y quioscos de nuestro país para ver hasta

qué punto los libros y folletos marxistas están metiéndose por los ojos en una sociedad a la que se quiere

adoctrinar.

En esta misma línea se explica el enorme esfuerzo que ha hecho el ´Partido Comunista" francés para —ya

que no ha ganado la batalla contra las escuelas privadas— disponer de un poderoso aparato de ediciones y

publicidad que, según Jean Montalto en un libro hace poco publicado —y comentado en un suplemento

dominical de A B C—, incluye un buen número de editoras, distribuidoras de publicaciones y libros,

librerías y agencias de publicidad, aparte de una extensa cadena de publicaciones periódicas.

La coacción material de las huelgas, los atentados, las perturbaciones sociales se sustituyen por una

coacción en apariencia más suave, pero no menos real. Todo el que no esté dispuesto a aceptar y, en su

caso, difundir la concepción marxista del mundo y de la vida queda sometido a una especie de terrorismo

intelectual, ya que quien no sea marxista es necesariamente fascista y reaccionario.

Para facilitar el tránsito hacia el marxismo se ha tendido una trampa en la que han caído bastantes

personas poco avisadas, que consiste en distinguir entre las conclusiones marxistas y el "análisis

marxista" como método de estudio de la realidad social. Pero desvincular las conclusiones del método es

poner de relieve una actitud científica insostenible por lo superficial. Bien claro es que el método

condiciona las conclusiones que se pueden obtener o, dicho desde otro punto de vista, el objeto que se

estudia condiciona el método adecuado. Rechazar el marxismo como ideología y aceptarle como método

de análisis es caer en una ingenua superficialidad y aceptar un condicionamiento bien claro: con el

método marxista de análisis o se llega a conclusiones marxistas o no se llega a ninguna parte.

La conclusión que acabo de formular viene confirmada por un hecho insólito: la presentación del "Partido

Comunista" como el único capaz de poner orden en unos países donde las huelgas, el terrorismo y la

agitación estudiantil amenazan con destruirlo todo. Si de mi razonamiento se infiere que con el método

marxista se va a conclusiones marxistas o no se va a ninguna parte, el "Partido Comunista" deja entrever

por su cuenta que o se impone el orden marxista o desembocamos en el caos. Las cosas no pueden estar

más claras para quien quiera verías.

Víctor GARCÍA HOZ

 

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