Giscard: "Ha llegado la hora de la descentralización"  :   
 Éxito de la visita del presidente francés a la Aquitania. 
 ABC.    07/10/1979.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. DOMINGO, 7 DE OCTUBRE DE 1979. PAG, 17.

GISCARD: «HA LLEGADO LA HORA DE LA DESCENTRALIZACIÓN»

Éxito de la visita del presidente francés a la Aquitania

PARÍS, 6. (De nuestro corresponsal.) El presidente Giscard d´Estaing ha terminado esta tarde su visita a la región de Aquitania pronunciando tres discursos que tenían interlocutores diversos: la Escuela Nacional de la Magistratura, donde ha tratado los problemas de la Justicia; la Alcaldía de Burdeos, donde abordaba el tema de la reforma de las colectividades locales, y, finalmente, ante la Federación de la Asociación de Viudas Cabezas de Familia.

Ante los juristas, Giscard ha reafirmado la necesidad de una Justicia independiente «de todas las influencias exteriores, ya vengan de los poderes públicos, del dinero, de la Prensa o de la opinión, pero también de las inclinaciones personales, de los prejuicios o de las pasiones.

Ante los representantes de las colectividades locales, Giscard ha prometido continuar la reforma emprendida para proceder a una verdadera descentralización. Evocando la lucha entre jacobinos (centralistas) y girondinos (regionalistas), el presidente. como a lo largo de todo su viaje, se ha esforzado en guardar el justo medio entre las dos tendencias, reconociendo, sin embargo, que después de varios años de «centralización necesaria» había sonado la hora de «dar un nuevo paseo hacia la descentralización», simbolizada precisamente por la Gironda.

La visita que el presidente termina hoy parece haber logrado todos sus objetivos en una perspectiva doble: la del «presidente de todos los franceses», que ejerce su función de unidad y la del hombre que, al mismo tiempo que presidente de la República, se presenta como eventual candidato para 1981.

La decrispación frente a la oposición ha sido jugada con habilidad. Incluso el alcalde socialista de Pau, presidente del Consejo regional, André Labarrere, se mostraba esta mañana francamente satisfecho de la reunión que Giscard ha tenido con los miembros del Consejo regional, del que forman parte personas dé todas las tendencias políticas.

Naturalmente, el elogio de André Labarrere no irá más allá de lo que puede hoy permitirse un miembro de la oposición que sólo ayer criticaba duramente la política gubernamental. No obstante, todo había cambiado esta mañana, y quizá en esta actitud hay que contar con la oposición cerrada del Partido Comunista, que no ha perdido ocasión de atacar al Partido Socialista de la región.

Giscard ha afirmado su deseo de ayudar a los agricultores, pero también de reafirmar la vocación industrial de Aquitania. Todo ello deberá concretarse en el «gran plan del Sudoeste», que será conocido dentro de unas semanas.

En otro terreno, la visita de Giscard aparece como un éxito. A lo largo de este viaje el presidente se ha cuidado rodearse de hombres de la mayoría, tanto de la UDF, como el ministro de Asuntos Exteriores, Francois Poncet, como del RPR.

A este respecto no hay que olvidar que el ministro de la Justicia, Alain Peyrefitta, acompañaba esta mañana al presidente en la visita a la Escuela de la Magistratura, que Chaban-Delmas recibía a Giscard en la Alcaldía de Burdeos y que el ministro del Trabajo, Robert Boulin, alcalde de Libourne, recibía también un cálido elogio del presidente. Peyrefitte, Chaban-Delmas y Boulin constituyen tres excelentes cartas gaullistas, que los comentaristas políticos barajan estos días, cuando se trata de encontrar un sucesor para Raymond Barre.

Al hablar de horizonte del año 2000. del II centenario de la Revolución francesa, de las excelencias del «modelo liberal» que preconiza, Giscard se comportaba en candidato a un nuevo septenado. La visión lejana de sus proyectos coincide, sin duda, con la de sus ambiciones; por ello no parecen equivocarse los que han visto en este viaje la primera gran «tournée» de la próxima campaña presidencial.

En este cuadro idílico no han faltado, sin embargo, las notas negativas. Esas manifestaciones de protesta que han jalonado el viaje, sobre todo en Pau. Es cierto que los gritos hostiles habían sido orquestados por el Partido Comunista, encantado de denunciar la colusión del PS con el presidente; no lo es menos que las manifestaciones traducen un malestar real. Entre la satisfacción de las reuniones oficiales y los gritos de protesta en las calles existe un abismo que concretiza el desencanto de la Francia actual.—INTERINO.

 

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