Autor: Figueroa y Melgar, Alfonso de (duque de Tovar). 
   Aspiraciones nobiliarias de Telesforo Monzón     
 
 ABC.    03/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Aspiraciones nobiliarias de Telesforo Monzón

Señor director: En ABC aparece una «carta al director» titulada «Navarra Insultada», que firma don Fermín Juanto Manrique, de Valencia, que finaliza con un comentario sobre Telesforo Monzón, al que califica como «aspirante» a la nobleza aragonesa en su juventud». También en otro comentarlo, creo que aparecido en la «Hoja del Lunes» hace ya días, se decía de él que había pedido un título nobiliario a Don Alíonso XIII.

La realidad es Gastante curiosa. El referido ciudadano se llama Telesforo Monzón de Olaso y Ortiz de Urruela. Por su primer apellido, que es, por cierto, de origen navarro, desciende de un «Monzón y Eslava», navarro, sobrino del defensor de Cartagena de Indias, que a mediados del siglo XVIII contrajo matrimonio en Vergara (Guipúzcoa) con la señora de la Casa de Olaso, familia del más rancio abolengo guipuzcoano, y desde entonces acá este linaje de los Monzón de Olaso ha enlazado con lo más granado de la nobleza vasca, con los Lardizábal. Otazu... Más hablemos ahora de su linaje interno, Ortiz de Urruela, apellidos unidos hace menos de cien años, que proceden de un Ortiz; burgalés, hombre llano que pasó a hacer fortuna a Guatemala, a mediados del pasado siglo. Allí, muy enriquecido, casó con una Urruela, guatemalteca, de origen alavés, que procedía de antiguo e hidalgo linaje.

Hacia 1930 el pío y casto Telesforo Monzón —como se le conocía entre los «pollos pera»— encargó a un genealogista veraz su expediente de prueba de nobleza pana su ingreso en la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, que como es sabido exige probar la nobleza notoria de los cuatro primeros apellidos.

En el primero, tercero y cuarto no había problemas, pero, ¡ay el Ortiz, «esnobísticamente» camuflado como Ortiz de Urruela! Salió a relucir el origen modesto y plebeyo del bisabuelo, que, ¡mire usted por donde!, es el que había hecho en América la fortuna que ha permitido a su bisnieto tantas aventuras sin dar golpe. ¿Cuál fue la reacción de nuestro biografiado, al verse rechazado en la Maestranza aragonesa?, pues a la vista está. ¡Qué lástima que el genealogista fuera honrado y veraz y no uno de tantos «Beyes de armas» chapuceros que con una oportuna «habilidad» nos hubiera evitado, en estos días, tanto veneno senil!

No es por nada, pero la instancia del pretendiente se dirigió al Rey Don Alfonson XIII y llevada como atenflrma «A los Reales Pies de Vuestra Majestad...»

Por supuesto, en mi archivo constan pruebas de cuanto afirmo.—Alfonso de FIGUEROA Y MELGAR (duque de Tovar).

 

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